A una semana de la realización en todo el país de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), chequeo previo a las legislativas de octubre próximo, la presidenta Cristina Kirchner suma críticas del arco opositor por sus excesos de activismo en la campaña oficialista, siguiendo a sol y a sombra al primer candidato a diputado en el decisivo distrito bonaerense, el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde. En la última semana, candidatos de la oposición presentaron una denuncia contra la jefa de Estado por supuesta violación del artículo 64 del Código Electoral que prevé que “durante la campaña la publicidad de los actos de gobierno no podrá contener elementos que promuevan expresamente la captación del sufragio a favor de ninguno de los candidatos”.La confusión entre gestión gubernamental y acción proselitista no es privativa del Gobierno nacional; y resulta más que evidente en la provincia, donde el Frente Renovador -como el kirchnerismo a nivel nacional- pelea contra el desgaste de una década de ejercicio ininterrumpido del poder.A todo esto, la realización de las PASO, un invento de la reforma política que aprobó el kirchnerismo en 2011 contra viento y marea, podría jugarle en contra al oficialismo en el principal de los duelos a dirimir en esta campaña, la puja en la provincia de Buenos Aires entre la lista del FPV que encabeza Insaurralde -y que junto a Cristina promociona activamente Daniel Scioli- y el Frente Renovador de Sergio Massa. Es que, de acuerdo a una encuesta de la consultora Poliarquía, publicada por medios nacionales, en la provincia de Buenos Aires, sede de casi el 40% del padrón nacional. El 5 de julio, el intendente de Tigre obtenía una intención de voto del 33,7%. En la última medición conocida, del 26 de julio, era de 32,5%, rubricando un leve descenso en la fuerte posición de Massa, que equivaldría a un tercio del electorado. Insaurralde, a su turno, creció en el período del 22,8% al 27,4%, partiendo de ser prácticamente un desconocido en su lanzamiento, con lo que da a entender que el oficialismo podría cerrar las PASO en una situación de equilibrio con el principal retador, aunque el porcentaje de las primarias sería un techo para el FPV, mientras que para Massa podría ser un piso si -como se presume- en octubre lo vota el electorado anti K que en las PASO acompañe a otros sectores. Esta hipótesis evoca, curiosamente y aunque todas las comparaciones son odiosas, los resultados en 2003 cuando el presidente Menem se impuso en primera vuelta al entonces desconocido Néstor Kirchner, pero la fuerte opinión “anti” en la sociedad lo hizo desistir de disputar lo que sería una segura derrota. La realidad del kirchnerismo está lejos de la del Menem del fin de la convertibilidad, aunque en la proyección hacia las presidenciales de 2015, año en que el kirchnerismo cumpliría 12 años y medio en el poder – una rareza en democracia y un récord absoluto en la historia argentina- la mayoría de los analistas coincide en que habrá un obligado fin de ciclo, que consumiría el liderazgo intensivo de Cristina y restaría poder de fuego al ala dura K que propone “profundizar el modelo”. Catarsis expansivaEn este contexto, en la provincia, el gobierno que encabeza Maurice Closs se las tiene que ver con un complicado panorama en el que resuena, a pesar de los pesares, todavía el impacto de los acotados resultados del 30-J, comicios en los que el Frente Renovador redujo sensiblemente su caudal electoral. Los pases de facturas y desplazamientos que se conocieron después de las elecciones abrieron una herida en la autosatisfecha dirigencia renovadora, que está lejos de haberse cerrado en base al puñado de funcionarios de segunda o tercera línea que cesanteó Closs. Por eso, el test de las PASO es complejo en la alianza de gobierno misionero, que no puede descartar su propia profecía de fin de ciclo en 2015. Mientras se habla de un cese del fuego de la interna hasta después de las primarias, no sólo se ven tensiones entre sectores de poder interno, pasándose facturas por el 30-J, sino también movimientos de quienes tratan de remar agua para su molino en plena catarsis. Algo así dio a entender la presencia del ministro de Desarrollo Social, Joaquín Losada (de quien no se sabe si sus acciones bajaron o subieron después de los últimos comicios, debido a sus vínculos, familiares, con la UCR) en la última sesión de la Legislatura, donde al término de la jornada fue recibido en privado por Rovira. El gesto no pasó desapercibido en el ámbito legislativo, donde, por otra parte, el mismo día sonaba el rumor de que en la semana que comienza habría una muestra palpable de los dos esquemas en pugna en la renovación, tras las elecciones del 30 de junio. Cada vez se suman más que entienden que después del 30-J es obligatoria una apertura a sectores independientes y grupos castigados por el ciclo renovador, como los empleados públicos y jubilados, que arrastran viejos reclamos y que se hicieron sentir fuerte en las urnas. Entre quienes desde el rovirismo promueven una “autocrítica en los hechos” que haga patente la “comodidad” vigente en el clossismo, se comentaba que el Poder Legislativo podría avanzar en tratos con un sector que espera hace tiempo una resolución a sus reclamos; y al que el clossismo no ha dado respuestas. Las últimas reuniones del gobernador con dirigentes de Ate, sin embargo, dieron a entender que hay, en principio, voluntad para reconsiderar el diálogo con el gremio de empleados públicos, fuertemente descontentos por el sideral atraso salarial. Curiosamente, poco después de haber prometido un proceso de diálogo para subsanar estas inequidades históricas como la ilegítima supresión del adicional por antigüedad, Closs volvió a hablar del endeudamiento del Estado – al que se daba por resuelto en el discurso oficial- al anticipar que en 2014 vence el plazo de gracia del convenio de 2010 con la Nación y Misiones se queda con una deuda exigible de 427 millones de pesos que si no se refinancia “vamos a tener que hacer un ajuste bastante importante”, advirtió. ¿Poder o acomodo al poder?Las PASO movilizan también a las fuerzas de oposición, entre ellas la UCR misionera, que salió con una revitalizada auto estima de los últimos comicios – al haber sido elegida por los sectores que se inclinaron al “voto castigo” a la renovación- y donde en las primarias se medirán el diputado Luis Pastori y el ex intendente Ricardo Meilli, representando a los dos sectores en que, a grandes rasgos, tendió a dividirse la i
nterna del centenario partido en los últimos años. Las tensiones en el radicalismo estallaron antes de los comicios, en una interna que culminó en la Justicia, y que se terminaría zanjando con un forzado pacto político y una lista mixta. Desde el sector de Un Compromiso Responsable, hubo fuertes críticas a las negociaciones que, “bajo cuerda”, llevaban por entonces Hernán Damiani y Pastori con delegados del PRO y el puertismo, buscando una alianza que, finalmente, no prosperó. Hugo Escalada, diputado electo por “Un compromiso Responsable”, quien fue un durísimo crítico de esa intentona, que veía como una claudicación, ahora volvió con un también duro cuestionamiento a una reunión que mantuvieron su par electo -cabeza de lista- Gustavo González, Pastori y otros dirigentes con el referente tabacalero y renovador Ari Klussener. Sin pelos en la lengua, Escalada desnudó el dilema del diezmado radicalismo en el proceso que se abre: “A mí no me interesa el apoyo de los Ari Klussener ni de la dirigencia enriquecida, me interesa recuperar el apoyo de las bases, no me interesa un partido que meta uno o dos diputados más, quiero un partido que vuelva al poder”, subrayó. La reacción de Escalada retoma críticas a una camada de la dirigencia radical -representada en Pastori y Damiani- a la que se cuestionó un excesivo acomodamiento a una situación de “segundo cómodo”, funcional al poder de turno; primero durante el puertismo- menemismo; y luego ante la renovación.





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