POSADAS. Como cada miércoles, la Peña de Tauro volverá a abrir sus puertas para dar lugar a una noche más de música regional. En esta oportunidad festejando los doce años de permanencia en un circuito que ya se convirtió en el clásico posadeño, por lo que se eligió la voz de Vanessa Avellaneda para engalanar la velada. Como ya es costumbre, lo recaudado será a beneficio del hogar de ancianos y a su vez se convierte en el motor indispensable para difundir a artistas de Misiones por medio de una propuesta que tomó color y hoy convoca a importante público. Por su escenario pasaron artistas de la talla de Mario Boffil, el recuerdo de Pachón Lira, Los Mitá, El Avío, Los López y muchos más.Vanessa Avellaneda tendría siete u ocho años cuando comenzó a cantar. La alondra misionera llegaba de la mano de su mamá a los lugares donde empezaba a hacer escuchar sus primeros trinos. Hoy es una consagrada voz misionera, con la Orquesta Folklórica de la Provincia o el conjunto Los Encina y en estos días viaja a Bariloche para actuar en los casinos rionegrinos. Pero no llegó a esto fácilmente. Vanessa desciende de una familia que “siempre fue modesta, de gente trabajadora, de la chacra, laburadores con poco estudio”, pero su métier musical le permitió subir algunos escalones en la vida. No obstante esa pasión por el canto se truncó algunas veces, como cuando una disfonía persistente fue índice de pólipos en las cuerdas vocales. “Por un año perdí la voz por esos nódulos; fue un año de reposo y terminé curada”, supo contar en una nota para PRIMERA EDICIÓN.Lejos ha quedado esa noche en que una temerosa Vanessa Avellaneda esperaba subir al escenario del anfiteatro Manuel Antonio Ramírez entre Los Nocheros y Horacio Guarany. Los salteños era la primera vez que venían a Posadas; se pasaron de los temas y los sacaron del escenario. La gente que colmaba la tribuna se enfureció. Pedía a gritos que siguieran. Entre ese griterío y los silbidos, una elegante Vanessa Avellaneda con sus músicos abordó Puerto Tirol (“uno de mis caballitos de batalla”). Toda la fuerza melódicamente agresiva de la posadeña se elevó por sobre el coro de improperios y como si la alondra hubiera trocado su gorjeo por el bramido de un yaguareté, impuso respeto sobre la multitud. Y una vez más la cantante se sumará a las tradicionales noches de Tauro con su interesante propuesta.





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