Garupá. Francisco tiene seis meses y duerme envuelto en una frazada en un cochecito, sobre el piso de tierra de la casita que el Iprodha construyó en el barrio Los Potrillos de Garupá, donde sus padres y vecinos llegaron con la esperanza de iniciar una nueva vida, tener la casa propia, sin pensar que sería una pesadilla y que allí pasarían más necesidades que en el asentamiento denominado Villa Cariño de Posadas. Nancy Servín (32), la mamá de Francisco, no puede contener las lágrimas, tampoco la abuela Ramona, quienes no pueden parar de contar las innumerables necesidades, desde la falta de agua y luz, hasta la de por lo menos una letrina por familia. Francisco se despertó cuando la mamá enseñó la herida que tiene por una operación de hernia. La mujer también lamentó la falta de recursos, ya que necesita viajar a Buenos Aires para seguir un tratamiento con su bebé porque “no puede tragar bien y necesita un aparato que, aunque consiga, sin luz no me serviría de nada”.“No se imagina las veces que ella salió corriendo, sin un peso para el boleto, con el nene todo morado porque se ahoga”, dijo otra de las vecinas, quien calificó el caso del bebé como el “más grave” entre las innumerables necesidades de las 38 familias. “Ella no tiene asignación familiar, tampoco al marido le pagan, a pesar de la cantidad de trámites que realizaron en Anses, no tienen ninguna ayuda de nada ni de nadie”, agregó Ramona, quien señaló que la familia sobrevive gracias a las changas que el padre de la criatura consigue de manera esporádica. “Acá no tenemos nada, hicieron abandono de persona, antes al menos teníamos un comedor y la salita cerca, acá ni siquiera del barrio podemos salir, tenemos que tomar agua contaminada”, manifestó Mario. Cuando habló del agua contaminada se dirigió hacia “una vertiente”, más parecido a un charco, de donde sin otro recurso la gente saca para lavar la ropa y bañarse. “Mi hija se llenó de granos, tanto que tuvieron que cortarle todo el cabello para evitar mayor infección”, dijo el hombre.Las promesas de asistencia con cunas y cuchetas para los chicos tampoco se cumplió. Las familias unidas salieron a cortar la ruta 12 para que los ciudadanos se enteren que existen, y sobre todo, para que los funcionarios responsables de cumplir con sus funciones dejen de mirar para otro lado. Desde el Iprodha habían indicado que Emsa tenía la responsabilidad de conectar la energía, para que cada familia cuente con el servicio y funcione la perforación, para lo cual aseguraron que “estaba todo listo”. En el barrio ningún funcionario o “responsable” apareció desde que los vecinos comenzaron a manifestarse, cansados de peregrinar de una oficina a otra. El miércoles por la noche desde la empresa eléctrica encendieron las farolas de las calles intransitables y pretendían que la gente realice el trámite de conexión de la luz particular. “Nosotros hace siete meses que esperamos, encima ahora quieren cobrarnos más de 500 pesos”, dijo indignada Ángela, firme al lado de la ruta, donde junto a otros vecinos aseguraron que se mantendrían hasta que funcione la perforación y tengan agua potable.Un par de operarios de Emsa ayer constataron las condiciones de la perforación, indicando que faltaban “tableros” para que funcione la bomba de agua. Francisco se acomodó en su cochecito y mientras su hermanita de tres años le hacía mimos, en medio de tantas necesidades y tristeza regaló una sonrisa, su madre se secó las lágrimas y junto a sus vecinos dijo que seguirán luchando por un futuro mejor y en contra del olvido del Estado.





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