POSADAS. Juan Carlos Marín (54) estaba sentado frente a la computadora cuando irrumpió el asesino. No tuvo chances de nada. El estruendo de la detonación retumbó en la sala y el proyectil atravesó el cuero cabelludo, provocando daños cerebrales irreparables e irreversibles.Con el diagnóstico de muerte cerebral, los familiares habrían tomado la determinación de donar los órganos, pero cuestiones legales habrían impedido la ablación, al menos hasta el cierre de esta edición.El ayudante de 18 años, que por casualidad llegaba al departamento de Marín, situado en inmediaciones de la avenida López y Planes y calle 121, se salvó de milagro. No era su hora nada más.El asesino lo tomó del cabello y apoyó el revólver calibre 32 en la parte posterior de la cabeza, sin saber que cometía un groso error. Gatilló pero el proyectil no efectuó el recorrido suficiente para tomar fuerza y provocar lesiones mortales.El muchacho se desplomó al suelo mientras el asesino escapaba con rumbo desconocido, convencido de que el doble homicidio era un hecho.Nada más alejado de la realidad. El ayudante de Marín no sólo sobrevivió al ataque, sino se transformó en una pieza clave para el esclarecimiento del hecho.Es que el tirador se había mostrado en horas de la mañana por el barrio. Contactó a un hombre cercano a Marín con el supuesto interés en la compra de una máquina de carpintería.Ese intermediario le habría aportado, aparentemente sin saberlo, detalles sobre el domicilio del empresario de la madera y el horario en que podía encontrarlo.En esas circunstancias, el joven de 18 años, que salvó su vida por acción divina, habría visto al hombre que luego se convertiría en atacante de su jefe.Por eso, ni bien se recuperó, aportó la identidad del tirador.“Fue el que esta mañana estuvo con fulano”, habría dicho el muchacho.Con esa información, los investigadores fueron en búsqueda del sospechoso y lograron arrestarlo.AntecedentesTrascendió que es herrero y que fue apresado en su domicilio de la chacra 147 de Villa Cabello.Las primeras pericias de la Policía Científica establecieron que los proyectiles fueron percutados por un revólver calibre 32, que los investigadores, al menos hasta anoche, no localizaron.Los peritos de la Dirección Criminalística sometieron al sospechoso a la prueba de guantelete de parafina.Interviene en las actuaciones el Juzgado de Instrucción 1 de Posadas, a cargo del magistrado Marcelo Cardozo.Anoche, al cierre de esta edición, trascendió que el supuesto intermediario también iba a ser arrestado.El detenido podría declarar en las próximas horas. La teoría es que se trató de un ajuste de cuentasPor las características mafiosas del ataque, los investigadores están convencidos de que se trató de un ajuste de cuentas.La víctima, entre otras cuestiones, fabricaba muebles para un grupo de inversores oriundo de Colombia, que semanas atrás sufrió un duro golpe de parte de la Policía Federal, que detuvo a varios de sus integrantes por trata de personas y explotación laboral.Creen que allí puede haber alguna pista respecto del posible móvil del sangriento episodio.No es la única arista que manejan los detectives, en el marco de una causa que está aún en pañales.Anoche se especulaba con una segunda detención mientras los sabuesos buscaban el arma homicida, un revólver calibre 32.Todo indica que se trató de un atentado premeditado. El joven que sobrevivió a la balacera contó que el tirador se había contactado con un conocido de Marín con la supuesta intención de comprar una máquina de carpintería. Al parecer se trató de un artilugio que escondía un objetivo macabro.





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