POSADAS. Hace unas semanas atrás, PRIMERA EDICIÓN contó las necesidades de una de las comunidades mbyá guaraní más antiguas de la provincia es la Katupyry, que está ubicada en San Ignacio. Entre otras cosas, el cacique Antonio Morínigo reveló la necesidad de contar con una infraestructura mejor para la escuela que funciona en la comunidad. A pesar de los reclamos y de las reiteradas presentaciones en el Consejo General de Educación, nada cambió este año y el cacique volvió a insistir por mejoras en el quincho, donde funciona la escuelita. Desde este año, los chicos de la comunidad de Katupyry dejaron de ir al colegio de gestión privada (dependiente del Obispado de Posadas) cuyo edificio está en el seno de esa aldea. Pero no perdieron un sólo día de clases pues las maestras de la escuela van todos las mañanas para dar clases -en el horario regular de cualquier escuela- a los 62 niños que van desde nivel inicial hasta séptimo grado. Cuentan con cinco auxiliares guaraníes. La comunidad pidió formalmente al Consejo General de Educación (CGE) la creación de una escuela pública en sus tierras y la designación de las tres maestras que desde hace años enseñan a los chicos de Katupyry. Pese a la urgencia que la cuestión tiene para la comunidad (los chicos tienen clases bajo un quincho sin paredes) pues están próximos los días de frío, el CGE no dio señales siquiera de haber recibido el pedido del pueblo guaraní. ContextoEl cacique Morínigo reveló que el pedido para que la escuelita de gestión privada que funciona dentro de Katupyry pase a depender del Consejo General de Educación, es decir sea de gestión pública, fue presentado por esa comunidad con el aval del intendente Juan Esteban Romero.“Nunca antes pedimos el acompañamiento de la Municipalidad pero, en esta ocasión, dada la importancia del tema, pedimos apoyo al intendente”, contó el cacique. Por otra parte, Morínigo también se mostró muy preocupado porque desde hace varios meses viene reclamando la entrega de tarjetas sociales a unas veinte familias, es decir alrededor de ochenta personas “quienes no tienen para comer y encima las artesanías ya no vende como antes”, cerró.





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