El Día de la Madre se cruza este año con una Argentina que no da tregua, una en la que las familias caminan por la cornisa de los números que no cierran, los precios que escalan y un humor social atravesado por el cansancio. Y en el centro de esa tormenta, como ocurre desde siempre en nuestra historia, están ellas: las madres argentinas.
Maternar hoy en este rincón del mundo no se parece en nada a los manuales teóricos. Es, antes que nada, un ejercicio diario de ingeniería doméstica y sosiego emocional. Es el arte de estirar el sueldo como si fuera un chicle infinito, de inventar malabares para pagar los servicios, los medicamentos o la cuota del colegio, y de hacerlo, la gran mayoría de las veces, con una sonrisa para que los chicos no sientan el temblor del mundo exterior.
En los barrios populares, en las clases medias que sufren la licuadora de los ingresos y en cada hogar donde se pelea el mango día a día, ser madre en la Argentina actual implica soportar una carga invisible… pero pesadísima. Es el desvelo por el futuro de los hijos, la angustia frente a la precarización laboral que golpea las mesas familiares y la certeza de que, pase lo que pase, el estado de ánimo de la casa depende muchas veces de la capacidad de resistencia que ellas logren traccionar.
Sin embargo, en medio de esta macroeconomía indescifrable y de las grietas que nos fragmentan, el amor materno opera como la única verdadera ancla anticíclica que no cotiza en dólares pero sostiene al país entero. Es la mano firme que pone límites cuando todo se desordena; es el abrazo tibio que repara las esquinas rotas de un día difícil; es la convicción tozuda de que, a pesar de los pronósticos adversos, siempre, pero siempre, hay una salida.
Nuestras madres son, en definitiva, las que mejor entienden de qué se trata la resiliencia nacional. No porque elijan ser heroínas sufridas en un país pendular, sino porque su entrega cotidiana es lo que abroquela, lo que evita que el tejido social se desmorone por completo.
A ellas, a las que hacen malabares con la heladera vacía o llena, a las que trabajan afuera y adentro, a las que desvelan sus madrugadas curando fiebres o espantando fantasmas, y a las que llevan la memoria de un abrazo eterno, va dedicado este reconocimiento.
Feliz día a todas las madres. Que la ternura, al menos por hoy, les devuelva un poquito de todo el amor con el que sostienen a la Argentina.






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