¿Qué hacer cuando crece la matrícula pero no las aulas? Esa es la pregunta a la que se enfrenta hoy el Instituto Esperanza de Puerto Iguazú, un centro educativo, de rehabilitación y acompañamiento a estudiantes con discapacidad de todas las edades, que es referencia en la región.
Año a año, la lista de espera para ingresar al instituto crece y comenzó a preocupar a la asociación que está a cargo del proyecto, conformada por madres, familias y amigos de esta comunidad educativa.
La respuesta que encontraron este año fue poner en marcha una campaña para sumar socios, una modalidad de aporte que hace varios años estaba en pausa pero hoy puede ayudar a seguir sosteniendo el acompañamiento.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Violeta Martínez, presidenta de la Asociación Esperanza, se refirió a esta iniciativa y a la falta de espacio físico, que expone un límite de la institución, pero también un problema de fondo en Iguazú: la falta de vacantes en educación especial.
“Decidimos lanzar la campaña porque nuestra familia está creciendo y nos está quedando terriblemente chico el espacio físico. Inclusive nos falta personal, pero no podemos pedir horas ni profesionales si no tenemos salones”, contó Martínez.
El aporte mensual para asociarse es de 5 mil pesos, pero para esta comunidad educativa, aseguran, marca una diferencia.
Una asociación que nació para dar respuesta
El Instituto Esperanza nació hace más de 30 años para cubrir una ausencia: que las personas con discapacidad pudieran acceder a la educación y el acompañamiento específico que necesitan.
En 1991, Puerto Iguazú no contaba con ningún espacio de ese tipo. Y con el impulso de Antonia Soto y otras madres de chicos con discapacidad, se fundó el instituto y la Asociación Esperanza para sostener su trabajo.
Violeta, por ejemplo, es madre de un niño de 8 años que asiste al establecimiento y contó cómo acompañan a cada estudiante. “Vienen desde los 45 días de nacidos hasta adultos mayores. Se les enseña de todo, desde higiene personal como así también contenido pedagógico. Se busca la forma en que cada uno aprende. Tenemos personal enormemente capacitado para sacar adelante a los chicos y para lograr que sean personas independientes, ese es el gran objetivo”, resumió.
También ofrecen rehabilitación temprana y formación para la vida adulta, a través de talleres y un proyecto de inserción laboral. Por eso, Martínez evaluó que “al ser accesible en cuotas y tener todo lo que necesitan, como institución nos convertimos en algo muy importante para la comunidad”.
Hoy, el aumento que registran en la lista de espera es el dato que ordena las decisiones y fue lo que motivó que retomen los aportes de socios, a partir de una cuota mensual de 5 mil pesos, que les permita empezar a ampliar el edificio escolar.
Actualmente el instituto se sostiene con la cuota mensual de las familias y donaciones, pero eso no alcanza para las obras que tienen que enfrentar. “La cuota que se le cobra a los padres es de 15 mil pesos, que es muy poco, pero sabemos que hay familias muy humildes dentro de la escuela, a las que cobrarles una cuota más cara es sacarles el plato de comida”, aseguró Martínez.
El objetivo más urgente es refaccionar y ampliar el edificio actual para reducir la lista de espera, pero el proyecto a largo plazo es más grande: “Sabemos que no es fácil, pero el sueño es construir una escuela de tres pisos”, cerró.




