Anabella Nazareth Acosta, guardiamarina en comisión, de 22 años, se convirtió este sábado en uno de los 256 tripulantes que se embarcaron en el 54° Viaje de Instrucción de la Fragata Libertad, una travesía de 161 días que busca completar la formación de quienes cursan la etapa final de la carrera naval.
Llegar a tripular esa fragata no es un logro para nada fácil. Se necesitan años previos de preparación y formación, que continúan incluso arriba del navío. En el caso de la joven misionera, oriunda de Concepción de la Sierra, se formó durante cinco años en la Escuela Naval Argentina, después de egresar con el mejor promedio del Liceo Naval Almirante Storni de Posadas.
Para ella, el embarque en la fragata es un sueño cumplido y un paso más para alcanzar otro objetivo que se planteó desde niña: ser oficial de la Armada Argentina, “con todo lo que significa esa gran responsabilidad”, contó a PRIMERA EDICIÓN Silvia Karina Báez, madre de Anabella.
Su recorrido previo estuvo lleno de logros: fue abanderada desde el nivel inicial hasta el secundario, mientras que en la Escuela Naval Militar fue brigadier primera, cuarta fusilera portaestandarte de la bandera de guerra y segunda escolta del grupo Bandera Nacional.

Perseverar para llegar al objetivo
La historia de Anabella Nazareth Acosta comenzó hace 22 años, cuando un 12 de diciembre llegó al mundo y “luchó por vivir desde el minuto cero”, después de que los médicos tuvieran que recurrir a una intervención de cesárea para que naciera sana y salva.
Su infancia la vivió entre su localidad natal Concepción de la Sierra y Apóstoles, donde cursó el nivel primario y ya empezó a mostrar su talento: terminó séptimo grado siendo abanderada.
Allí, a los 10 años, presenció un desfile del Liceo Storni en un acto del 2 de Abril. Ese fue su primer contacto con la que más tarde sería su institución formadora. Ese día, “preguntó quiénes eran y qué hacían, así nació su amor por la Armada”, recordó Karina.
A los 13 años ingresó al Liceo, una etapa que empezó como estudiante interna: viajaba desde Concepción de la Sierra a Posadas todas las semanas, ingresando los lunes y egresando los viernes. Y ni siquiera la pandemia, que la sorprendió en 2020, pudo detener su ímpetu: “Con 16 años le alquilamos un departamento cerca del Liceo para poder concurrir, porque por protocolo sanitario la modalidad fue externa esos últimos años”, contó su madre.
En el Storni también se destacó: fue abanderada, brigadier principal, recibió 22 de los 26 premios que se otorgaron el año en el que se graduó y recibió una beca de estudios para la Universidad Torcuato Di Tella.
“Con nuestro apoyo podría estudiar lo que quisiera, pero me miró y me dijo que ella no se veía en ningún lugar más que en la Armada”, aseguró Karina.
De hecho, cada año el mejor promedio del Liceo Storni embarca en la Fragata Libertad. Anabella tuvo esa chance, pero le cedió a su amiga Daniela, el segundo mejor promedio, la oportunidad de vivir la experiencia. Su sueño era cursar la carrera en la Escuela Naval y viajar en la fragata como guardiamarina oficial de la Armada.
Con ese norte y apenas 18 años, dejó Misiones y se fue a Buenos Aires, más precisamente a La Plata, para seguir dándole forma a su sueño.
Karina recordó que, para ese momento “se preparó física e intelectualmente con todas sus fuerzas, rindió y el día de su ingreso desbordaba de felicidad”.
La adaptación a esa ciudad, mucho más grande y lejos de casa, no fue fácil, incluso para la familia.
“Desde el inicio de su carrera en la Escuela Naval fue sorteando obstáculo por obstáculo, siempre con la mirada en su objetivo, con nuestro acompañamiento a la distancia. Nosotros sabemos lo que para ella significa la Armada, sabemos su entrega y dedicación, comprendemos todo, pero también nos costó como padres asumir sus decisiones”, explicó Karina, haciendo referencia a los miles de kilómetros que los separaron en esa etapa.
Para esta madre, la recompensa parece estar sintetizada no solo en el viaje que este sábado emprendió Ana, sino también en todo lo que logró en el camino. “Nuestra niña se fue transformando en dama, fuerte, instruida, segura, con gran aplomo. Verla en nuestro corazón como una Dama, ya no como nuestra niña, nos llena de orgullo y únicamente nos resta expresar toda nuestra admiración y respeto”, afirmó.
Por eso, sostuvo que la mejor frase para sintetizar a su hija es “La Dama del Mar”. “Por toda su formación, sus principios, sus prioridades , todo”, justificó.
Un símbolo del camino recorrido
El viaje es un antes y un después en la carrera de Anabella, que le permitirá aplicar lo aprendido en la Escuela Naval. “No es fácil llegar hasta allí, hay esfuerzo, constancia, coraje, empeño y mucha dedicación”, describió Karina.
En el embarque, la despidieron familiares y amigos, y el recuerdo más vivo de ese momento fue “su carita sonriente entre todos los demás tripulantes, con su mano en alto saludándonos hasta que ya no la pude distinguir más”, dijo su mamá.
En estos meses, la acompaña una libreta de bolsillo donde sus seres queridos le dejaron mensajes de apoyo, ya que el contacto es reducido.
Septiembre es la fecha pactada para su regreso. Hasta entonces, a “Ana”, como le gusta que la llamen, no le queda más que seguir recorriendo el camino que construyó.




