El gobierno de Irán buscó bajar el tono al fracaso de las negociaciones con Estados Unidos y aseguró que no esperaba alcanzar un acuerdo en una sola ronda de diálogo, luego de que las conversaciones en Islamabad terminaran en un estancamiento tras 21 horas de reuniones ininterrumpidas.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, el portavoz Esmaeil Baqaei afirmó que la falta de consensos inmediatos formaba parte de las previsiones de la delegación iraní. “Naturalmente, desde el principio no debíamos esperar llegar a un acuerdo en una sola sesión”, sostuvo en declaraciones a la emisora estatal IRIB.
Detrás de esa lectura oficial, el resultado dejó en evidencia profundas diferencias estructurales entre ambas partes. Tras horas de negociaciones que se extendieron hasta la madrugada, los equipos de Estados Unidos e Irán llegaron a un punto muerto en varios temas considerados críticos.
Entre ellos, se destacan dos ejes centrales: el programa nuclear iraní y la situación en el Estrecho de Ormuz.
Para Washington, la negativa de Teherán a renunciar a sus reservas de uranio altamente enriquecido y a reabrir el tránsito en el estrecho resultó inaceptable. Sin avances en esos puntos, tampoco prosperaron las demandas iraníes de levantamiento de sanciones y liberación de activos congelados, lo que terminó por bloquear cualquier posibilidad de acuerdo.
El estrecho de Ormuz se consolidó como uno de los factores más sensibles de la negociación. Si bien Irán había mantenido abierto el paso en instancias anteriores, en esta ocasión restringió el tránsito de petroleros tras los ataques de Estados Unidos e Israel, generando turbulencias en los mercados energéticos globales.
Según fuentes vinculadas a las conversaciones, los negociadores iraníes utilizaron ese control como una herramienta de presión y se negaron a reabrir la vía marítima sin un acuerdo integral previo.
A esto se sumó una diferencia de fondo en los estilos de negociación. Mientras Irán ha demostrado en el pasado disposición a sostener procesos largos -como el acuerdo nuclear alcanzado durante la presidencia de Barack Obama-, el gobierno de Donald Trump mostró menor interés en extender las conversaciones sin resultados concretos en el corto plazo.
En ese contexto, las posiciones quedaron congeladas y el diálogo cerró sin avances sustanciales.
Aunque Teherán insiste en que el resultado no representa un fracaso definitivo, lo cierto es que las diferencias sobre el programa nuclear y el control de uno de los corredores energéticos más importantes del mundo mantienen el conflicto en un punto de alta tensión, sin señales claras de resolución inmediata.
Fuente: Agencia de Noticias NA





