Si bien Víctor Ángel Pierotti (86) dejó la conducción del básquetbol hace ya varios años, sigue participando en las canchas como admirador de ese deporte con el que hizo “buenas relaciones, buenos contactos y me ayudó a levantar infraestructura, que es lo que más destaco porque, en definitiva, es lo que queda”. Además, el motivador especial es ahora su nieto Stéfano, que juega en el Basket Club Ferrara, en Italia, al que aspira poder ver personalmente en la cancha.
Nacido en Almafuerte y anotado en el Registro de las Personas de Bonpland, hizo la primaria y fue abanderado de sexto grado en la Escuela 62, de Leandro N. Alem, donde residía junto a sus padres. Como quería seguir estudiando, vino a Posadas, ingresó a la Escuela Normal y después de cinco años se recibió de maestro. Ya en tercer año, se empezó a inclinar por el deporte, aunque hasta ese momento estudiaba piano en el Conservatorio Fraccassi, donde terminó el Profesorado elemental de piano y superior de teoría y solfeo.
“Aproveché una circunstancia triste como lo fue el fallecimiento de mi abuela en una época en que se acostumbraba a guardar luto, para dejar de hacer piano y empezar a dedicarme al deporte. Fui integrando equipos de mi curso, de la escuela, hasta que me vio un portero de la escuela que jugaba al fútbol en el Club Sarmiento, rival tradicional de Guaraní. Empecé a jugar en la quinta división para Sarmiento. También jugaba en cuarta y era suplente de primera, con apenas 16 años”, recordó. Decidió seguir educación física y fue a rendir el examen de ingreso al Instituto Nacional de Educación Física (INEF) “General Belgrano”, de San Fernando, en Buenos Aires, el único en el país en ese momento. El primer contrato de trabajo fue en los campamentos de Gas del Estado, en Bariloche. Pero su intención era volver a Misiones.
Aquí, Teófilo Horrisberger era director de Deportes y lo conocía porque, como maestro, había trabajado en las colonias de vacaciones en Cerro Azul y en San Ignacio, pero no tenía nada para ofertar al joven Pierotti. Entonces regresó a Leandro N. Alem, donde Manuel Durán era director de la Escuela Normal. “Quería que me quedara, pero no tenía horas”, pero le advirtió que en Aristóbulo del Valle y en Puerto Rico necesitaban profesores de educación física. “Me tomé un micro de la época -de la empresa Victoria-, y como en la primera localidad no tuve suerte, con la misma unidad seguí hasta Puerto Rico. El director Jacinto Cossy Isasi, expresó que disponía de 18 horas de educación física, a lo que el escribano Ripoll -su vecino- agregó: si se queda yo dejo cinco horas de actividades prácticas, lo que hacía un total de 23 horas. Comencé a trabajar el 17 de marzo de 1963”, rememoró.
Se empezó a relacionar con jugadores del Club Social y del Deportivo Victoria, ahí se desempeñó como guardavalla (arquero), y con ese conjunto fueron campeones de la Liga Regional de Fútbol de Puerto Rico durante dos temporadas (1963 y 1964).
La ciudad a la que acababa de llegar “tenía una población de futboleros a la que empecé a introducir al atletismo como base de la educación física y después al básquetbol”. Para el básquetbol no había cancha, entonces se utilizaba un patio en el que se daba cine al aire libre. “Pedí autorización a los dueños, que eran los hermanos Krindges, para colocar un par de tableros. Así empecé a hacer básquetbol. Hasta Ernesto ‘Finito’ Gehrmann, el ídolo de los misioneros, fue a jugar a esa cancha”, celebró. Más adelante integró una comisión del Club Juventud y propuso hacer una cancha de básquetbol que finalmente se concretó.

Generar sin parar
Después de acogerse a los beneficios de la jubilación, Pierotti siguió dedicándose a la actividad deportiva, pero ahora especialmente al básquetbol, disciplina en la que contó con la colaboración de la gente de Puerto Rico. “Empezó a gustar, prendió bien, con las representaciones de la escuela y con los mismos chicos que representaban a las escuelas se formaron los clubes, los equipos de básquetbol de distintas instituciones: Club Victoria, Club Juventud, Club Citrex, Estudiantes, Línea Cuchilla y otros. Eran siete equipos los que participaban de la Asociación que se había creado en 1967”, acotó.
En 1968 la Federación Misionera de Básquetbol otorgó la organización del Torneo Provincial de Selecciones, siendo la competencia en la que más equipos participaron (11). “Para eso teníamos la cancha nueva en la Escuela Normal, que era el escenario principal, y una cancha cubierta -la primera de la provincia- en el Club Victoria. Y la del Club Juventud que se había inaugurado unos años antes. Todos los otros clubes de la provincia tenían canchas al aire libre. Como fue tan buena la organización, la Federación nos volvió a dar la organización del año siguiente. En esa oportunidad llevamos al técnico brasileño Raimundo Damasceno López, de muy buena preparación, que gozaba de la simpatía de la gente y de los jugadores y yo los preparaba físicamente”, comentó.
Poco después, pusieron en marcha la Liga Provincial de Clubes tras adaptar el reglamento de la Liga de Entre Ríos que el propio Pierotti trajo desde Paraná. El primer torneo fue en 1998 y Puerto Rico salió campeón en la cancha de Tokio. Más adelante, puso en marcha el Club Siglo XXI, al que “le di las primeras mamaderas durante un par de años y ya con la colaboración de mi hijo Jandry, que se hizo cargo de los trabajos de preparación, siguió progresando y ganando torneos”. Por experiencia sabe que “para ninguno de los clubes es fácil ganar un torneo provincial. Ahora mismo vemos que hay disputas, y me parece muy bien que sean tres los representantes en el Torneo Federal, que es la tercera categoría. Al deporte hay que tomarlo así, no enojarse ni amargarse porque se pierde un partido”. En todos estos años, trataba de disfrutar del momento y después ya pasaba a otra cosa. “Venía otro objetivo, otro compromiso. Se terminaba de festejar un triunfo provincial pero ya había que empezar a trabajar para el siguiente. Y así pasó la vida”, agregó.
En 1998 lo llamó un dirigente de Eldorado para tratar de recuperar el básquetbol de esa ciudad, donde hacía diez años no se jugaba. “Viajando tres veces a la semana, se puso en marcha a El Coatí”. A los 59 años, un problema de salud lo alejó del básquetbol. “Me hizo repensar y dejo la conducción”. Aprovechó el entusiasmo de la gente para construir el Complejo Municipal de Deportes y para hacer el gimnasio del Instituto San Alberto Magno (ISAM), “que es lo mejor que tenemos en la provincia”. En 1991, cuando se hizo el Torneo Nacional Juvenil de Básquet fue considerado por las revistas especializadas de básquetbol como uno de los cinco mejores estadios del país junto al Luna Park, a uno de Villa Ballester, el “Ave Fénix” de San Luis y uno de Salta. Estaba recién inaugurado y con capacidad para cuatro mil personas.

Cómo nace Siglo
En las clases de educación física Pierotti empezaba a dar básquet desde primer año y había una continuidad hasta quinto, de donde salían los jugadores formados. Esos jugadores integraban los distintos equipos de la ciudad, representando a otros clubes, como el Juventud, Victoria, Citrex, San Alberto, entre otros. Es que “jugar en forma permanente ayudaba a mantener el entusiasmo de todos los jugadores. Para formar un jugador de básquetbol lleva un mínimo de cinco años. Allí empiezan a diferenciarse los que van a seguir jugando de los que se alejan para hacer otra actividad deportiva. Dentro de las actividades deportivas está el factor lúdico, que es lo que los mantiene a los jugadores. Es un juego. Después el tipo de entrenamiento, las exigencias, los lleva al plano profesional en menor o mayor grado”, explicó, al tiempo que destacó la permanente ayuda de su esposa “Kunka”, que fue quien en los primeros diez años trabajó “a la par mía” en la mesa de control.
En sentido familiar, celebró que su hija Verónica también, además de jugadora y campeona provincial en categoría cadetes, se desempeñó como planillera en mesa de control, cosa que aún se mantiene en familia con mi nieta y colega Micaela, quien lleva planilla en los torneos provinciales y el federal.
Cuando Pierotti se jubila, y en mayo de 1986 fallece el profesor Oscar Ramos, árbitro internacional de básquetbol, jugador y colega, se puso a meditar. Le inquietaba la idea si alguno de sus colegas continuaría con la enseñanza del básquetbol en las escuelas. Ante esa duda, decidió formar un club, que empezó como una escuela el 3 de julio de 1989, en el gimnasio del ISAM.
Su hijo recordó que cuando volvió al pueblo después de recibirse, encontró “un básquet muy apocado, porque papá había dejado su actividad profesional docente. Hacemos un arranque con nuevas generaciones, aprovechando estas maravillosas instalaciones, que es la obra cúlmine de papá en infraestructura junto al constructor Leo Caspari -fallecido- porque el gimnasio es como un homenaje al ladrillo con paredes hechas con figuras geométricas. Todo esto junto a una emprendedora como la hermana Hildegard Teresa “Javierina” Muller”.

Un ciclo similar
“Jandry” tiene presente como su mamá ayudaba a su papá en la mesa de control hasta 1978, cuando él empezó a jugar. “En mi primer torneo provincial de mini básquet, en 1979, ella ya no hizo más planilla y mesa de control. Así como mi hermana y yo fuimos gestados en una cancha de básquetbol, mis hijos (Ale, Stéfano y Laureano) vivieron un ciclo similar y la mamá de mis hijos también nos ayudó en la mesa de control hasta que los chicos comenzaron a jugar al básquetbol. Como si fuera hoy, puedo ver a Stéfano (28) -el del medio-, quien juega ahora en Italia, tomando de la teta con nueve meses mientras su madre hacía la planilla de la mesa de control en las primeras ligas provinciales, en 1998”. Es similar la historia de vida de ambas familias. “Trabajé, repitiendo el ciclo, hasta fines de 2014 que fue cuando Stéfano empezó su carrera profesional en Brasil y dije: etapa cumplida. Sentí que había dado todo y me quedé sin energía. Siglo XXI es mi cuarto hijo y es una parte de los Pierotti”, aseveró, al tiempo que destacó que “recientemente concretamos el piso del Club Victoria, nuestra casa histórica desde el 1 de marzo de 1996. Estamos reviviendo un momento muy lindo. Fue un sueño de toda la vida”.
Deslumbrados
Durante una fiesta de la educación física que se hacía en noviembre, había mucha gente y ponían los camiones fuera del cerco para mirar los esquemas porque no había lugar adentro de la canchita vieja del Colegio San Alberto. De pronto, se largó una lluvia y rápidamente “empezamos a recoger las sillas que se habían sacado”. Al día siguiente, el profesor se reunió con la hermana Javierina, a la que le gustaba mucho que los chicos hicieran deportes, y le propuso la construcción de un complejo polideportivo en el espacio del bosquecito que se usaba para los asados y las kermeses. La idea fue aceptada con entusiasmo. La religiosa escribió 200 cartas a Estados Unidos como a Alemania pidiendo ayuda económica. Una institución alemana se hizo eco y pidió un proyecto. Pierotti tenía conocimiento de hermosos gimnasios en Brasil y sugirió viajar a Foz de Iguazú para conocer el gimnasio Costa Cavalcanti. La comitiva quedó deslumbrada porque tenía una plancha deportiva de 50 metros de largo por 25 de ancho.
Al regreso, comenzaron con el diseño del proyecto. A Pierotti le tocó vigilar que se adaptara a todos los estándares de calidad internacionales para torneos de ese nivel. Cuando lo enviaron, desde la entidad alemana “preguntaron para qué queríamos algo tan grande”. Hubo algunos ajustes, aprobaron y enviaron 100 mil dólares, a los que, en otra etapa, agregaron otra cantidad similar. El resto corrió por parte de la comunidad mediante rifas, kermeses, y otras actividades. En noviembre de 1984 se comenzó a excavar el hoyo para la cancha y las gradas bajo el nivel de la calle. El complejo ya listo con la carpeta asfáltica, se comenzó a utilizar a fines de 1987. Pero Pierotti se enfocó en completar la cancha con el piso de madera de grapia, tras solicitar troncos a los aserraderos. El objetivo cumplido se apreció en 1991 durante el Torneo Nacional Juvenil de Básquetbol -Puerto Rico sede principal- siendo admirado y ponderado por jugadores y técnicos visitantes.








