La muerte de un anestesista destapó una red de fiestas privadas en las que se utilizaban fármacos robados del Hospital Italiano, como propofol y fentanilo. La investigación judicial y administrativa avanza sobre encuentros donde se aplicaban estas drogas con dosificación improvisada y asistencia médica precaria.
El punto de quiebre fue la muerte de Alejandro Salazar, residente del Hospital Rivadavia y vinculado también al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. El 20 de febrero fue encontrado sin vida en un departamento de la calle Juncal al 4600.
En el lugar se hallaron frascos de propofol provenientes del Hospital Italiano, lo que activó una investigación interna en la institución y dos denuncias judiciales: una por la muerte del hombre u otra por el robo de fármacos. A partir de ese hecho, comenzaron a surgir detalles sobre reuniones privadas donde se utilizaban estos medicamentos fuera del ámbito médico.
En el centro de las dos causas aparecen dos profesionales del hospital, Hernán Boveri y Delfina Lanusse, que fueron apartados de sus cargos e imputados por la Justicia. Ambos fueron indagados en marzo por el juez Javier Sánchez Sarmiento y el fiscal Lucio Herrera, y negaron los hechos.
El 13 de marzo pasado, tres domicilios fueron allanados en el marco de la causa en la que se investiga el robo de fármacos y en una de las viviendas la Policía encontró diversos elementos relacionados al uso médico.
La División Investigaciones de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad realizó tres operativos, dos en Capital Federal y otro en Tigre, tras una orden del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°47 en la causa por hurto calificado.
En uno de los domicilios de la Ciudad de Buenos Aires se secuestraron pendrives, tablets, un celular y notebooks. Además, se incautaron elementos del hospital: una caja con tubos con anestesia clínica, jeringas, agujas y ampollas con sedantes quirúrgicos.
Una de las causa inició tras la denuncia realizada por el representante legal del Hospital Italiano en sede fiscal, “en razón de haber constatado mediante filmaciones el faltante de insumos quirúrgicos y cápsulas de anestesia”.
Aunque se trata de una pesquisa paralela, las autoridades tratan de constatar si los dos médicos imputados tienen relación con la muerte del anestesista Alejandro Zalazar ocurrida a fines de febrero de este año.
Esto se debe porque el profesional, que trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, tenía en su pie derecho una vía conectada y en el izquierdo una marca similar.
La autopsia indica que Zalazar falleció producto de una congestión, edema pulmonar y edema meningoencefálico. Se presume que está relacionado a una sobredosis por propofol y remifentanilo, dos sustancias utilizadas para anestesiar pacientes.

Cómo eran las fiestas de propofol y fentanilo
Según fuentes judiciales y hospitalarias, las reuniones (conocidas como “Fiesta del propofol”) se realizaban en espacios privados y tenían dos modalidades. Por un lado, encuentros de carácter sexual entre personas conocidas; por otro, experiencias ofrecidas a clientes que buscaban “viajes controlados”.
En ambos casos, se administraban dosis de propofol y fentanilo bajo una especie de supervisión médica informal. Siempre había alguien encargado de intervenir ante emergencias, incluso con un ambú, el dispositivo utilizado para asistencia respiratoria en casos de apnea.
Durante estos encuentros, también se utilizaban bombas de infusión para suministrar las drogas por vía intravenosa de manera constante, generando un estado de preanestesia. Sin embargo, el margen entre una dosis controlada y una letal era mínimo.
Drogas de uso hospitalario y alto riesgo

El propofol y el fentanilo son medicamentos de uso exclusivo en entornos clínicos. No se venden en farmacias y llegan directamente a hospitales para ser utilizados en cirugías o sedaciones.
El director del Hospital Fernández, Carlos Damin, explicó que el propofol “es un anestésico que, en dosis controladas, produce sueño y sedación”, mientras que el fentanilo “tiene una potencia analgésica muy fuerte y genera deterioro del estado de conciencia”.
Ambos comparten una característica crítica: un rango terapéutico muy estrecho. Una leve variación en la cantidad administrada puede provocar depresión respiratoria o incluso la muerte.
Investigación y medidas del hospital
El Hospital Italiano reconoció el “robo de estupefacientes” en el área de anestesiología y aseguró haber tomado medidas inmediatas. Ninguno de los implicados continúa en funciones y se reforzaron los controles internos sobre el manejo de medicamentos.
Además, la institución trabaja junto a la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA) para prevenir situaciones similares en otros centros de salud.
Por el momento, la causa judicial se centra en la figura de administración fraudulenta, que apunta a quienes, abusando de su rol, perjudican los recursos de la institución. El expediente no profundiza aún en la organización de las fiestas, pese a los indicios surgidos durante la investigación.
Fuente: Noticias Argentinas y Ámbito.




