Ochenta años tenía la docente e investigadora superior del Consejo Nacional de Investigación (CONICET), Marta Litter, cuando falleció este 23 de febrero. Hacía 8 años que estaba jubilada del CONICET pero seguía trabajando en forma ad honorem y su edad nunca la frenó para continuar formando nuevos científicos en el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la Universidad de General San Martín, en Buenos Aires.
En Posadas, el equipo de científicos que trabaja en el tratamiento del agua en el marco del Instituto de Materiales de Misiones (IMAM), no solo la reconoce como su mentora sino también como una persona cálida, incansable (tenía previsto dictar un curso intensivo en Posadas a fines de febrero) y por su afán para que los avances científicos ayuden a mejorar la vida de la gente.
“Hubiera sido su quinta visita a Misiones, ella era muy inquieta, siempre decía que el científico no debía quedarse solo en el laboratorio, que también debía ser parte de la formación de los nuevos investigadores”, contaron en una charla con PRIMERA EDICIÓN los ingenieros químicos Noelia Kozlowski, Sabrina Pavón, Anabela Dwojak, Hernán Traid y María Laura Vera, del Instituto de Materiales de Misiones.

Tratamiento del agua
“Era muy consciente de las problemáticas globales, del hambre en el mundo, del agua como derecho… sobre lo cual trabajaba mucho pues aplicando tecnologías en realidades vulnerables se lograron resolver algunas cuestiones de contaminación de las aguas”, contó Traid.
Litter nació en Buenos Aires, doctora en Química de la UBA, hizo el posdoctorado en Estados Unidos durante sus años de exilio (1975-1984), autora de más de 120 publicaciones científicas, investigadora de la Comisión Nacional de Energía Atómica y del CONICET, profesora universitaria y estuvo a cargo de numerosos proyectos de tratamiento de aguas.
No concebía la investigación sin la docencia y eligió hacerlo dirigiendo tesis de doctorado, maestría y tesinas de grado, es decir, formando recursos humanos. Así fue como conoció a los científicos misioneros.

“Marta fue la gran referente de nuestro equipo, nuestra mentora y asesora. Empezamos con ese semillero de formación… yo traía la maestría, luego el doctorado y posdoctorado. Marta fue mi directora de tesis de maestría, la directora de mi posdoc, mi directora de ingreso a carrera como investigadora del CONICET; fue directora del doctorado y del posdoctorado de Hernán y de su ingreso a carrera del CONICET; fue directora del doctorado y del posdoctorado de Anabela, directora de doctorado de Noelia y ahora era directora de Sabrina que estaba haciendo un curso en Buenos Aires”, contó María Laura Vera, la primera en conocerla, en 2006.
“Fui a Buenos Aires a hacer una maestría en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Es un primer año de cursos y en el segundo año hay que elegir el tema de la tesis. Entre los que elegí, estaba el plan de Marta (materiales para tratamiento de aguas) y cuando fui a la entrevista con ella supe que me quedaría ahí… ella era muy cálida y de palabras simples y también muy técnica cuando tenía que serlo”.
“Cuando terminé la maestría, me invitó a que hiciera el doctorado pero quería volver a Misiones y hacerlo desde el Instituto de Materiales de Misiones. Fue difícil decirle que no a Marta Litter, pero le expliqué y lo entendió… me dijo que me esperaba para el posdoc. Y así fue, vine a Misiones e hice mi doctorado y después seguí el posdoctorado”, recordó Vera.

Organizaciones sociales, el puente de la ciencia
“Marta tenía un concepto muy interesante de transferencia, era muy metódica, no quería transferir conocimiento sin conocer los fundamentos… siempre decía que no daba que una señora de barrio Norte como ella, sea quien le enseñe a cuidar el agua a una población vulnerable, cuando ella se bañaba dos veces por día. Por eso, siempre destacaba la importancia de los gobiernos y de las organizaciones sociales para articular esa transferencia… para que quienes lleven esas tecnologías tengan llegada a la gente para que puedan adoptarlas. Por eso, ella siempre bregaba por la presencia de las organizaciones sociales en esos lugares para que articulen entre el científico del laboratorio y la gente”, recordaron Traid y Vera.

Investigación en curso
Según indicaron los investigadores del IMAM, “fuimos formados con su guía por lo que los temas a los que Marta dedicó su vida a investigar, también son objetos de investigación del equipo misionero”.
Detallaron que están abocados al estudio de “las tecnologías innovadoras o avanzadas para tratamiento de aguas contaminadas.
Marta también trabajó en aire y suelo, nosotros todavía solo en agua. Nosotros trabajamos en el desarrollo de materiales para poder aplicarlos en esos tratamientos del agua contaminada… después, otro grupo de investigadores trabaja más con la parte biológica, de hongos o enzimas”.
Según explicaron, en la actualidad, para el tratamiento de un afluente se utilizan tecnologías conocidas sencillas y baratas pero hay muchos contaminantes que no se van con esas tecnologías.
Los disruptores endócrinos (hormonas); los biocidas como pesticidad, arbicidad se conocen como contaminantes persistentes; metales como arsénicos “quedan en nuestras aguas durante décadas porque son moléculas que los organismos no las conocen y entonces no las pueden comer ni trabajar por lo que no se degradan. Nuestro trabajo es tratar de encontrar soluciones a esos contaminantes, que son muy difíciles de tratar con otras fuentes”.













