En un emotivo encuentro que marcó el reinicio de las actividades tras el receso veraniego, la Escuela de Cadetes de los Bomberos Voluntarios de la ciudad de Iguazú festejó las casi tres décadas de formación en valores, disciplina y vocación de servicio.
El pasado 9 de marzo, el calendario marcó una fecha fundamental para la comunidad de Puerto Iguazú, aunque el silencio de las vacaciones postergó el ruido de los festejos. No obstante, la mística de los bomberos voluntarios no sabe de olvidos. La Escuela de Cadetes retomó sus filas y lo hizo de la mejor manera: celebrando sus 27 años de vida, consolidándose como una de las instituciones formativas más respetadas de la región.
El evento no fue solo un acto protocolar; fue el reencuentro de 28 jóvenes que, lejos de elegir el ocio, deciden dedicar sus tardes a aprender el oficio de salvar vidas.
Bajo la mirada atenta de sus instructores, la jornada sirvió para renovar el compromiso de quienes hoy dan sus primeros pasos, pero que mañana serán los encargados de enfrentar el fuego y la emergencia en una de las ciudades más importantes de la provincia.
El rol de los instructores fue el eje central de los reconocimientos. La bombero, Antonela Silvera y el aspirante, Diego Inés, junto a los colaboradores Sofía Costa y Juan Velázquez, fueron señalados como los pilares de este proceso pedagógico. “La excelencia en el desempeño y el compromiso en la formación son los que garantizan que el futuro del cuartel esté en buenas manos”, destacaron desde la institución.





