Nacido en Dos de Mayo, Misiones, Jorge Merlini creció en la chacra, entre jornadas de trabajo que comenzaban antes del amanecer y una vida marcada por el esfuerzo. Sin embargo, desde muy chico había algo que lo impulsaba más allá de ese destino: el sueño de actuar.
Fue así que a los 14 años, en 1995, tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre: se fue a Buenos Aires en busca de ese anhelo.
“Estoy convencido de que mi historia puede mover a mucha gente que hoy ve las cosas como imposibles”, expresó a PRIMERA EDICIÓN.
Sin ayuda y con una historia marcada por el esfuerzo, empezó a construir su lugar en el mundo de la actuación. Se formó con referentes de la actuación como Lito Cruz y Julio Chávez, entre otros maestros que marcaron su recorrido. Durante años no dejó de capacitarse: teatro, talleres, incluso magia.
Todo sumaba en su búsqueda artística. Sus primeros trabajos fueron como extra, en cortometrajes, publicidades y producciones audiovisuales. Participó en campañas y compartió proyectos con figuras como Luisana Lopilato, además de trabajar en comerciales con conductores y artistas reconocidos.
Pero fue el teatro el que terminó conquistándolo por completo. Además, participó en numerosas obras, entre ellas “El Zorro”, “Con mi mucama no puedo”, “Cuasimodo”, “Luz de Luna” y “La casa de Bernarda Alba”, consolidando una carrera con funciones a sala llena y temporadas exitosas, especialmente en el circuito porteño.
Con el tiempo creó una interpretación propia llamada “Un Cirujano-No Misionero”: la historia de un hombre que de chico soñaba con ser cirujano, pero por vueltas de la vida no lo logra y termina siendo un “ciruja”, ¿no? Con esta propuesta recorrió teatros y llegó a presentarse a sala llena en la mítica calle Corrientes, en Buenos Aires. Hoy vuelca esa creación en redes sociales, aggiornando su arte a los nuevos tiempos.
“Me crié en la chacra, trabajé con mi viejo y soñé toda la vida con ser actor. A los 15 años me vine a Buenos Aires a probar suerte; me instalé acá y ya no volví a vivir en Misiones. Sin embargo, voy siempre porque tengo a toda mi familia en Dos de Mayo y también algunos campos, así que regreso unas cuatro veces al año”, comentó.
Merlini destacó que todo el camino recorrido le dejó valiosas experiencias y enseñanzas, especialmente en su carrera actoral, que lo llevó a transitar distintos escenarios del país y a compartir con reconocidas figuras. “Con el tiempo me di cuenta de que aquello que parecía imposible, y que muchas veces se dice como frase hecha, no lo es tanto. Yo, gracias a Dios, pude comprobarlo: logré hacer lo que soñaba.
De chico parecía algo inalcanzable. Vengo de una familia humilde, trabajábamos en la chacra; nos levantábamos a los ocho o nueve años a las cuatro de la mañana y era trabajar de sol a sol, con lluvia o tormenta. Era matarse para poder comer, vivir el día a día, sin muchas oportunidades de progreso”, recordó.
En este sentido, recordó la relación con su padre, marcada por una crianza dura: “Nunca fue malo ni nos pegó, pero siempre le costó demostrar afecto. Cuando le dije que me iba a ir a Buenos Aires, me respondió: ‘Andate’. A mí me dolió en el alma y me quedó grabado; hasta hoy lo recuerdo. Con el tiempo lo entendí. Hoy tengo una excelente relación con mis dos viejitos: los amo y los voy a visitar cada vez que puedo”, expresó.
A su vez, contó que desde niño fue muy tímido, incluso cuando llegó a la capital del país. Sin embargo, la actuación siempre fue más fuerte que él, un impulso que nació en los años 80, cuando desde la chacra miraba en un televisor en blanco y negro al personaje de Minguito.
“Ahí se encendió una luz. Yo tenía seis o siete años y lo veía como algo mágico; fue en ese momento cuando sentí que algún día quería ser actor. También me gustaba la medicina, así que pensaba: o voy a ser cirujano o voy a ser actor. Pero nunca tuve el apoyo de nadie; mis viejos me decían que eso no, que tenía que trabajar. Todo eso también me llevó a tomar la decisión de venirme a Buenos Aires”, recordó.
El actor, de 46 años, que reside desde hace 32 en Buenos Aires, compró una propiedad en su pueblo natal con la idea de algún día volver a vivir en la tierra colorada. Sin embargo, reconoce que no es sencillo: “También tengo a mis hijos, que son todos porteños; es otra vida, otra cultura, y es muy difícil. Si bien les gusta ir a pasear diez, veinte o treinta días, de vivir no quieren saber nada”, comentó entre risas.
La batalla más difícil
Pero su historia no solo está atravesada por el arte. Durante 18 años luchó contra una leucemia. Pasó por internaciones, tratamientos sin resultados y momentos críticos en los que la medicina no ofrecía muchas alternativas.
“Estuve un tiempo internado, probando distintas medicaciones, pero nada hacía efecto. La enfermedad avanzaba y, desde el punto de vista clínico, no había muchas chances. Como última opción, me aferré a Dios, me entregué a Él y que se haga su voluntad”, recordó.
Fue entonces cuando apareció una nueva esperanza con una medicación de origen alemán. “Fui una ‘rata de laboratorio’, por decirlo de alguna manera, porque bajo mi consentimiento probamos el tratamiento conmigo. Gracias a Dios funcionó y hace tres años me dieron el alta. Hoy me hago controles cada seis meses, pero la enfermedad desapareció: me curé completamente”, manifestó.
Por este motivo, hoy se considera una persona cristiana y deja cada proyecto en manos de Dios, ya que, según afirma “gracias a Él sigo vivo”.
En ese mismo período, y como consecuencia de la enfermedad, también contrajo tuberculosis. Sin embargo, lejos de rendirse, reflexionó: “La vida me pegó varios cachetazos, y a veces es difícil entender por qué sigo acá. Pero creo que hay un propósito en todas esas enseñanzas. Trato de ser una referencia para mucha gente, no un ejemplo -porque no me gusta esa palabra-, sino alguien que pueda dar su testimonio para alentar y ayudar a otros a salir de situaciones difíciles”, sostuvo.
Nuevos proyectos
Lejos de detenerse, Merlini transformó cada experiencia en aprendizaje. Actualmente da clases de teatro y trabaja en la adaptación de su personaje El Ciruja-No, al formato digital, llevando el humor y su historia a redes sociales. Aunque durante años se mantuvo alejado de ese mundo, hoy entiende que es una herramienta clave para llegar a nuevas audiencias. Además, proyecta nuevas giras con su unipersonal y prepara una temporada en la Costa Atlántica. En mayo planea viajar a Misiones con la intención de generar vínculos culturales y gestionar presentaciones en la provincia. “Soy una persona que no para un segundo, me levanto a las cinco o seis de la mañana, me acuesto a las doce de la noche, siempre estoy haciendo algo. Disfruto de la vida, sé que estamos de paso y trato de viajar y salir todo el tiempo”, cerró.





