Cecilia Castillo
Lic. en Psicología
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De ¡largá la tablet (celu o compu)! se pasó sin escalas a ¡agarrá la tablet y terminá la tarea! En pleno confinamiento por la pandemia del 2020 las casas se convirtieron en escuelas y los dispositivos electrónicos, en prácticamente la única esperanza de que los chicos siguieran aprendiendo. Cuando volvió la presencialidad, el uso de la tecnología en las aulas siguió en auge. Pero algo pasó.
Según la UNESCO y otros relevamientos realizados en una veintena de países (incluida la Argentina), el celular en las escuelas, cuando se usa excesivamente y sin control, ya no es un gran aliado.
Según los datos de las pruebas PISA 2022, el 54% de los estudiantes argentinos de 15 años declararon usar el celular todos los días en la escuela, uno de los porcentajes más altos entro los 8 países participantes en esa evaluación internacional.
El informe reveló un dato preocupante, ya que nuestro país lidera la estadística por la distracción causada por el uso de dispositivos digitales en clases, con un 54% de estudiantes que pierden la atención del docente por estar pendientes del celular.
Así como está comprobado su efecto distractivo, obviamente el celular no es algo a desechar. “El uso apropiado en las aulas puede traer beneficios como el acceso a la información, herramientas educativas (apps), facilitar actividades colaborativas y creativas y una preparación para la inclusión en un mundo digital. Sin embargo, también es importante establecer límites y normas claras para garantizar un uso adecuado y evitar distracciones durante las clases, porque está comprobado que deteriora el rendimiento académico
Se puede pensar al colegio como ese, el lugar por excelencia de socialización a la vez que va ocurriendo el proceso de separación de los padres y adquisición de la autonomía esperable en la adolescencia. La intervención de no darles los teléfonos va también en esta dirección, necesariamente tienen que arreglárselas con quienes están ahí en la escuela como rol de guía. Y el hecho de estar ahí en el momento en que se plantean las preguntas o suceden cosas es una ocasión privilegiada para intervenir desde otro lugar, con otra mirada. Esto permite acompañar y contener a los alumnos en el proceso de construcción subjetiva en la época que nos toca vivir, una época atravesada por la hiperconectividad, la inmediatez y la simultaneidad.
El desafío es salir de las redes de lo inmediato para poder estar en el presente que organiza el sentido, resistiendo a la sensación acuciante y angustiante de que lo bueno siempre está por venir, un poquito más adelante, allá, ahí, en el éter, en la nube, lejos pero al lado, atrapándonos con sus redes invisibles.
Construir, habitar, disfrutar de ese presente que favorezca los vínculos con otros permitiendo el tiempo necesario para que aparezca la singularidad de cada uno, con toda su riqueza y todo su misterio. Rescatar el valor que tiene la palabra en la vida de los humanos, tomar conciencia de su potencia creativa y también de su capacidad para habitar los vínculos.








