El escenario bélico actual obliga a Ucrania a desarrollar una gimnasia de supervivencia que hoy se convierte en un bien codiciado a nivel mundial. Mientras los ataques rusos persisten sobre su geografía, el presidente Volodimir Zelenski confirmó que Kiev ha comenzado a derivar esfuerzos y especialistas hacia Oriente Medio. No se trata de una participación en operaciones directas, sino de una transferencia de “know-how” crítico para naciones que, al igual que Ucrania, enfrentan la amenaza de los drones kamikazes de fabricación iraní.
La decisión de enviar tres equipos de expertos a Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y a una base militar estadounidense en Jordania responde a una lógica de realpolitik. Ucrania hoy posee la mayor base de datos empírica sobre el comportamiento y la neutralización de los drones Shahed. Esta experticia es lo que Zelenski intenta capitalizar en un momento donde el apoyo de su principal aliado, Estados Unidos, atraviesa una zona de turbulencias y definiciones pendientes.
La administración de Donald Trump ha manifestado una posición distante respecto a la necesidad de asistencia ucraniana para la defensa aérea, llegando incluso a trabar acuerdos de gran escala que Kiev impulsaba desde hace meses.
Zelenski dijo que desconocía por qué Washington no había firmado un importante acuerdo sobre drones que Kiev llevaba meses impulsando, y que no estaba seguro de si llegaría a aprobarse. “Quería firmar un acuerdo por un valor de entre 35 y 50 mil millones de dólares”, dijo.
Ante este vacío y la necesidad urgente de tecnología y financiamiento para sostener su propia línea de frente, el Gobierno ucraniano ha decidido salir al mercado global para ofrecer lo que mejor sabe hacer: derribar armamento iraní con sistemas de interferencia y armamento económico pero altamente eficiente.
Esta maniobra estratégica no está exenta de riesgos geopolíticos. Al asesorar a las potencias del Golfo, Kiev se posiciona como un actor relevante en una región que acaba de ver postergada su última ronda de conversaciones de paz debido a la escalada de ataques entre Israel, Estados Unidos e Irán. Zelenski reconoció su preocupación por el impacto que este conflicto prolongado en Oriente Medio pueda tener en el flujo de misiles de defensa aérea que su país necesita, advirtiendo que no desearía que el foco internacional se desentienda de la situación ucraniana.
En el campo de batalla, la narrativa oficial de Kiev se mantiene firme al asegurar que la ofensiva rusa de primavera no ha logrado los objetivos previstos por el Kremlin. Sin embargo, la mirada de Zelenski ya no está solo puesta en las trincheras del Donbás, sino en los despachos de las naciones árabes, donde busca sellar acuerdos fundamentales a largo plazo que permitan a Ucrania sostener su resistencia a través del intercambio de tecnología y recursos financieros. La guerra, en este punto, ha dejado de ser solo una cuestión de soberanía territorial para convertirse también en una competencia de innovación defensiva a escala global.
Fuente: Medios Digitales





