El filósofo alemán Jürgen Habermas, considerado uno de los intelectuales más influyentes de la Alemania de posguerra, murió este sábado a los 96 años en Starnberg, en el sur de Alemania, según informó la editorial Suhrkamp.
Autor de una obra fundamental para comprender la democracia, el debate público y la construcción del consenso político, Habermas marcó durante más de siete décadas el rumbo del pensamiento político alemán, desde sus críticas al legado del fascismo en los años cincuenta hasta sus recientes advertencias sobre el resurgimiento del nacionalismo y el militarismo en Europa.
Su muerte ocurre en un momento en que varias de las cuestiones que analizó durante su carrera vuelven a estar en el centro del debate político, en un contexto en el que el pacifismo de la posguerra pierde fuerza y el partido de ultraderecha Alternative für Deutschland (AfD) se consolidó como la segunda fuerza política en el Parlamento alemán.
Un intelectual clave de la Alemania democrática
Habermas nació el 18 de junio de 1929 en Düsseldorf, en el seno de una familia burguesa. Durante su infancia debió someterse a dos cirugías por un paladar hendido, lo que le provocó un problema de pronunciación que, según varios biógrafos, influyó en su posterior interés por la comunicación y el lenguaje.
Creció en un hogar profundamente protestante. Su padre, economista, se afilió al Partido Nazi en 1933, aunque el propio Habermas lo describió más tarde como un simpatizante pasivo.
Como la mayoría de los jóvenes de su generación, integró las Juventudes Hitlerianas, aunque hacia el final de la Segunda Guerra Mundial logró evitar ser reclutado por el ejército alemán ocultándose de la policía militar.
Durante sus estudios en la Universidad de Bonn, conoció a Ute Wesselhoeft, con quien compartía el interés por el arte moderno, el cine y la literatura. Se casaron en 1955 y tuvieron tres hijos. Wesselhoeft murió el año pasado y una de sus hijas, la historiadora Rebekka Habermas, falleció en 2023.
La teoría de la esfera pública
Habermas alcanzó notoriedad en la década de 1950 como periodista, académico y pensador influido por la Escuela de Frankfurt, especialmente por filósofos como Theodor Adorno y Max Horkheimer.
En su tesis de habilitación desarrolló una de sus ideas más influyentes: la teoría de la esfera pública, en la que analizaba cómo los espacios de debate político evolucionaron desde los salones burgueses del siglo XVIII hasta convertirse en una arena pública mediada por los medios de comunicación masivos.
Su reflexión tuvo un fuerte impacto en la Alemania Occidental de posguerra, donde la sociedad comenzaba a reconstruir una cultura democrática y a debatir abiertamente la política tras el fin de la dictadura nazi.
El historiador Philipp Felsch, autor de la biografía El filósofo, sostuvo que Habermas se convirtió en una especie de “educador público” de los alemanes, alentando una democracia crítica pero comprometida con los valores liberales.
El debate sobre la culpa alemana
Uno de los momentos más influyentes de su carrera ocurrió en 1986, cuando intervino en un intenso debate historiográfico sobre el Holocausto y la responsabilidad histórica de Alemania.
El filósofo criticó a historiadores como Ernst Nolte, que sostenían que los crímenes nazis debían interpretarse dentro de un contexto más amplio de violencia europea. Habermas defendió en cambio la singularidad de los crímenes del Tercer Reich y sostuvo que el proceso de “afrontar el pasado” -conocido en alemán como Vergangenheitsbewältigung– debía convertirse en un elemento central de la identidad democrática del país.
Para el exministro de Relaciones Exteriores alemán Joschka Fischer, ese debate fue clave para que Alemania adoptara una postura clara sobre su responsabilidad histórica. Hoy, ese consenso vuelve a estar bajo presión con el crecimiento de sectores políticos que minimizan los crímenes del nazismo.
Europa, religión y política internacional
Tras la reunificación alemana en 1989, Habermas volvió a ocupar un lugar central en el debate público. Aunque inicialmente se mostró escéptico frente al renacimiento de un Estado nacional alemán fuerte, luego se convirtió en un firme defensor de la integración europea como garantía contra nuevos nacionalismos.
Durante los años 2000 apoyó sin éxito la creación de una Constitución europea.
En sus últimos trabajos también exploró el papel de la religión en las sociedades modernas. Aunque durante años defendió la secularización, más tarde sostuvo que las tradiciones religiosas podían seguir cumpliendo un papel importante en la vida pública.
Su última intervención polémica
Una de sus intervenciones públicas más discutidas ocurrió en 2022, cuando respaldó la postura cautelosa del entonces canciller Olaf Scholz respecto al envío de ayuda militar a Ucrania tras la invasión rusa.
Posteriormente, Habermas pidió abrir negociaciones con Moscú, lo que generó fuertes críticas, incluso del entonces embajador ucraniano en Alemania, Andrij Melnyk, quien calificó su postura como “una vergüenza para la filosofía alemana”.
El filósofo respondió que, aunque consideraba la invasión rusa una violación grave del orden europeo surgido tras la Segunda Guerra Mundial, le preocupaba que el conflicto con una potencia nuclear no generara suficiente reflexión y alimentara una mentalidad de guerra.
En una de sus últimas entrevistas, en 2023, Habermas expresó su preocupación por el rumbo político de Europa y Alemania.
Según relató su biógrafo Philipp Felsch tras visitarlo en su casa de Baviera, el filósofo se mostraba “muy lúcido, pero profundamente preocupado” por el resurgimiento del militarismo y por el debilitamiento de los principios democráticos que habían marcado la Alemania de posguerra.
Para Felsch, Habermas representaba una forma de entender la democracia europea que hoy parece cada vez más amenazada.
Fuente: Medios Digitales





