Anahí Fleck
Magister en Neuropsicología. 0376-154-385152
Varronia curassavica, conocida como María Preta, contiene aceites esenciales ricos en terpenoides y sesquiterpenos cuya composición varía según población y manejo. Los estudios fitoquímicos y experimentales indican que extractos estandarizados pueden reducir marcadores de inflamación y aumentar la capacidad antioxidante en ensayos preclínicos.
Desde la perspectiva neuropsicológica y de la psiconeuroinmunología, la inflamación periférica comunica con el cerebro a través de citocinas, vías vagales y la activación de la microglía. Cuando el organismo mantiene un estado inflamatorio sostenido, se consumen recursos cognitivos y afectivos: la atención se fragmenta, la regulación emocional se debilita y la capacidad para procesar información compleja disminuye.
La ecosanación propone un enfoque integral: restaurar la relación entre las personas y su entorno mediante prácticas como paseos restaurativos, jardines medicinales, trabajo comunitario y actividades de cuidado compartido. Integrar el uso respetuoso de plantas como María Preta no significa atribuirles poderes milagrosos, sino reconocer que su potencial bioquímico puede ser un componente más dentro de un circuito mayor: intervención biológica → mejora somática → mayor claridad y regulación emocional → mayor capacidad para la escucha y la cooperación comunitaria. Así, la planta actúa como un catalizador posible, no como la única solución.
En el plano social y ético, es útil replantear cómo interpretamos el ego y la necesidad. El ego muchas veces señala carencias reales: seguridad, reconocimiento, pertenencia. Si respondemos a esas señales con juicio o sobreexigencia, generamos dinámicas de competencia y aislamiento.
María Preta ofrece un perfil fitoquímico coherente con propiedades antiinflamatorias que, integradas en programas de ecosanación y acompañamiento psicosocial, pueden contribuir a reducir la carga fisiológica que limita la claridad mental y la empatía. Pero la transformación social no depende solo de compuestos: requiere que aprendamos a reconocer necesidades detrás del ego, a ofrecer contención y a construir prácticas comunitarias que permitan a cada persona trabajar su propio proceso sin ser sobreexigida. Solo así la ciencia, la tradición y la ética convergerán para favorecer una conciencia colectiva más amplia y compasiva.








