Lala Pasquinelli, la argentina declarada como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo por la BBC en 2023, sigue siendo una artista y comunicadora accesible, crítica, reflexiva y un referente fuerte para las mujeres que se animan a decir lo que antes ocultaban por temor a no ser “normales”.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, habló sobre el mandato de la maternidad y compartió el resultado de una encuesta realizada en 2022 en la que participaron casi 11 mil mujeres, en el marco del espacio “Mujeres que no fueron tapa”, fundado por Lala en 2015, de la que surgió que el 75% de las que eran madres se arrepentía en algún sentido de serlo y solo el 4% de las que no habían sido madres se arrepentía de no haberlo sido.

¿Cuánto condiciona a las mujeres esta construcción del deseo de maternidad?
Las mujeres estamos condicionadas para ser madres, hay una construcción de la idea de la maternidad a través del deseo. Pero si vos decidís o elegís no ser madre, parece que le debés algo al mundo. Entonces sos mirada con desconfianza, infantilizada, porque en la construcción cultural de la feminidad ser mujer tiene que ver con ser madre. Nos convertimos en verdaderas mujeres y en mujeres confiables, en mujeres “normales”, entre comillas, cuando somos madres. Entonces, la que no es madre y sobre todo la que elige no ser madre tiene que lidiar con una mirada social muy desfavorable, muy negativa, y también con esto de que su decisión todo el tiempo va a ser cuestionada. Va a ser infantilizada, va a ser desoída. Como que, todavía no sabe lo que estás diciendo, que ya se le va a pasar, ese deseo le va a surgir.
También está muy asociado el no querer tener hijos al tema del egoísmo, ¿no?
Sí, los índices de natalidad están bajando en todo el mundo y mucha gente lo explica diciendo que son generaciones más egoístas. La verdad es que no se entiende lo del egoísmo. Es algo que escucho todo el tiempo, pero no entiendo a qué se refieren. ¿El egoísmo es hacia quién? ¿Hacia las personas que no nacieron? ¿Hacia el mundo que quiere que tengamos hijos para que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres? No está claro el tema del egoísmo. Porque si pensamos, por ejemplo, en nuestro país, donde el 60% de las infancias, y digo con números conservadores, están bajo la línea de pobreza. Entonces realmente me parece que no hacernos responsables de traer personas que van a vivir en condiciones de indignidad, que no van a tener para comer, y no solo eso, que no van a recibir los cuidados y el afecto que necesitan, es un problema. Pensemos que hoy, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires se está suicidando un adolescente por día. Y esto también tiene que ver con la maternidad. No porque sea responsabilidad de las madres, sino con los cuidados, con cómo estamos cuidando a las personas que traemos al mundo, a qué mundo vienen y en qué condiciones estamos viviendo. Estamos en un contexto social donde cada vez estamos más empobrecidas, cada vez tenemos que trabajar más para lo básico, para llevar un plato de comida a la mesa. Con una reforma laboral en la que ahora vamos a tener que trabajar 12 horas. Imaginate tener que trabajar 12 horas para vivir y además tener criaturas a las que cuidar. Entonces, después pensar que una persona no hace nacer a otra por egoísmo me parece una barbaridad.
¿Se responsabiliza a las mujeres por la caída de la natalidad?
Hay mucha responsabilización de las mujeres, cuando en realidad tanto hombres como mujeres tienen similares expectativas de porcentaje de descendencia. Inclusive podríamos plantearlo como una respuesta adaptativa de la especie. Hay un montón de especies que reducen sus poblaciones frente a la escasez de alimentos y a la adversidad en las condiciones de vida. Lo que hay que dejar de pensar es que la caída de la tasa de natalidad es una mala noticia. Será una mala noticia para los ricos, para el 1% de la sociedad, para la sociedad de consumo que necesita personas consumiendo. También necesita personas para los ejércitos y las fuerzas de seguridad, en contextos cada vez más represivos. Mano de obra barata para la violencia también. Creo que hay que mirar muy finito cuando hablamos de estos temas, porque hay mucha mentira que circula desde los centros de poder y desde los Estados que representan a esos centros de poder económico, acerca de que va a ser perjudicial porque las poblaciones se envejecen. Todo eso es solucionable con políticas públicas y reorganización social que mejore la vida de las personas y no que la empeore. Para un país tener más gente no es un indicador de riqueza.
¿Esperabas que tantas mujeres se animaran a contar que se arrepintieron de ser madres?
Para nosotras también fue impactante y creo que tiene mucho que ver con el anonimato. Son cosas que por ahí se dicen anónimamente o que se dicen a mujeres que no son madres. Son cosas que quizás en el ámbito familiar o entre amigas madres no se dicen, pero sí aparecen en espacios seguros. Cuando empezamos teníamos mucho más el ojo puesto en los medios de comunicación y en construir una mirada crítica en las audiencias sobre cómo los medios, la publicidad, las series y los contenidos culturales reproducían esta construcción de la feminidad sumisa, sexualizada.
Nosotras arrancamos “Mujeres que no fueron tapa” en 2015 y hacia 2018, con la masificación del feminismo a partir de la conversación sobre el aborto legal, se sumaron muchas más organizaciones a esta conversación. Entonces nos orientamos más a abrir conversaciones difíciles, a poner sobre la mesa lo no dicho, lo que todavía no tiene palabras, tensionar las narrativas oficiales sobre la vida de las mujeres y traer a la luz estas otras historias que por tabú, vergüenza o disciplinamiento no se cuentan.
Como el relato rosa de la maternidad…
Claro, es un relato uniforme, homogéneo, con una sola cara: la cara feliz. Pero ninguna experiencia humana tiene una sola cara, y mucho menos la maternidad.
Y qué difícil que es separar lo que realmente queremos de lo que nos inculcaron
Es muy difícil. Los estereotipos y modelos sociales se construyen en base a castigos y recompensas. Si elegís A sos premiada o aceptada; si elegís B sos segregada o hostigada. Entonces esas opciones no tienen el mismo valor. En la maternidad pasa con la idea de que es lo mejor que nos va a pasar en la vida, que el único amor verdadero se conoce a través de la maternidad, que no hay representaciones de vidas felices de mujeres que no sean madres. También hay un proceso de toma de decisiones muy mal construido en las mujeres. Nuestra educación está plagada de fantasías, de mitos, de pensamiento mágico. Entonces no es casual que se nos eduque en eso y que nos estén dirigidos todos esos productos culturales que construyen esas fantasías. En la maternidad hay mucho mito: que el deseo materno es instintivo, que nace en las células. Entonces si ese deseo aparece no podés racionalizarlo, no podés confrontarlo con tu realidad. Después vienen todos los mitos: que los hijos vienen con un pan bajo el brazo, que donde comen dos comen tres, que vas a salvar la pareja, que es el fruto del amor. Todo eso hace que la construcción del deseo para decidir ser madre sea muy fuerte y que sea difícil preguntarse si eso tiene sentido para nuestra vida. Porque además va a nacer una persona, y esa persona no se alimenta de fantasías. Va a tener necesidades materiales, emocionales y simbólicas muy importantes.
Restricción de anticonceptivos es “política pronatalista”
Aunque hoy se hable de la maternidad como mandato y las mujeres comiencen a hacer propia una identidad que las defina separada del deseo o no de ser madres, Pasquinelli aseguró que “aún hay mucha resistencia a estas conversaciones”.
Indicó que “es un momento en el que las ultraderechas avanzan en el mundo, vemos políticas públicas pronatalistas que dependen del control del cuerpo de las mujeres. No son políticas de incentivo, sino muchas veces de reproducción casi obligatoria: dificultades para acceder a anticonceptivos, restricciones al aborto, situaciones que se agravaron en los últimos años”.
Incluso, indicó que en algunos lugares del país, “todavía obligan a mujeres que quieren abortar a tener entrevistas con personas de la Iglesia para convencerlas de no hacerlo. Todo esto tiene que ver con controlar el cuerpo de las mujeres”, fundamentó.
Para Lala, las mujeres “tenemos una potencia del cuidado y es muy importante ponerla en juego en relación con la vida que ya existe, con lo que está vivo y necesita ser cuidado. No solamente con este empeño de generar vida nueva, porque el hijo propio no nos va a garantizar realización o felicidad”.





