En un escenario económico marcado por retracción del consumo, pérdida del poder adquisitivo y apertura comercial, la industria ajusta estructuras. Esta vez fue el turno de Cervecería y Maltería Quilmes, que decidió avanzar con un profundo recorte de personal en su planta de Zárate, inaugurada hace apenas cinco años con una inversión de 5.000 millones de pesos para fabricar en el país la cerveza mexicana Corona.
La compañía pasará de una dotación original de 260 empleados a solo 80 trabajadores. Actualmente quedaban 140 operarios activos, por lo que el nuevo ajuste implica un recorte del 43% sobre la plantilla vigente y una reducción cercana a la mitad respecto del plantel inicial. Además, la producción se achicará de tres turnos diarios a uno solo.
La comisión interna de la planta negoció con la empresa para que la reducción se realice a través de acuerdos de retiro voluntario y no mediante despidos directos. La decisión responde a una caída del 45% en las ventas respecto de 2025 y a problemas financieros que la firma venía arrastrando, en un contexto de retracción del consumo masivo y mayor competencia por la apertura de importaciones.
El sector cervecero se encuentra especialmente afectado por la caída del consumo interno y por el incremento de productos importados. De acuerdo con un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación (CIEN), elaborado con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), las importaciones de cerveza crecieron 293% en el primer trimestre del año pasado.
La combinación de menor demanda local y mayor competencia externa presiona los márgenes de producción nacional, en un mercado históricamente ligado al consumo masivo.
El anuncio de Quilmes se conoce apenas una semana después de que Fate confirmara el cierre total y definitivo de su planta de neumáticos, con la pérdida de 920 puestos de trabajo.
Para los industriales, la señal es clara: la recesión y la caída del poder adquisitivo impactan de lleno en sectores que dependen del mercado interno. El consumo masivo -motor histórico de la economía argentina- muestra signos de debilidad que comienzan a traducirse en recortes productivos y laborales.
En Zárate, la planta que hace cinco años simbolizaba expansión e inversión ahora funciona como termómetro de un ciclo económico más restrictivo.
Fuente: Agencia de Noticias NA




