Natalia Moyano
Contadora con corazón de escritora
IG: @marianataliamoyano
Nunca sabemos a dónde nos puede llevar una aventura. Cuando planeamos un viaje, o un sueño que anhelamos desde hace tiempo se concreta, nada queda solamente ahí; eso es solo la puerta que nos abre a un mundo inesperado.
Cuando hacemos algo que nunca hicimos antes, cuando vencemos miedos o atravesamos límites que solo estaban en nuestra cabeza, comienza a aparecer la magia, esos momentos extras que no los habíamos imaginado. “El primer taco de mi vida”, fue mucho más que eso.
Fue haber primero pensado que algo en ese momento muy lejano, podría ser posible. Fue cada paso dado, por pequeño que fuera, para lograrlo. Fue permitirme la idea de que podría ser posible y decirme: “¿Por qué no?”. Fue saborear el proceso que me llevó hasta ahí.
Fue conocer personas maravillosas que me han enseñado mucho, y que no estaban en mis planes.
Cuando atravesamos nuestros miedos, al final del camino, nos espera mucho más de lo que soñamos al inicio.
Así como no se puede dimensionar hasta donde llega el alcance de algo que dijimos o hicimos o cuanto pudimos influenciar en alguien, de la misma forma, los límites internos que atravesamos nos transforman de manera inesperada.
El primer taco de mi vida queda en mi memoria unido a personas maravillosas que conocí y compartí en mi viaje.
Personas de las que aprendí muchísimo, que compartimos charlas, risas, bailes, me abrieron su corazón y me regalaron momentos inolvidables.
Es la magia de lo que se va viviendo en el momento presente, cuando disfrutamos de cada detalle que la vida nos regala.
El primer taco de mi vida es el sabor de lo inesperado, de atreverse a ir por caminos nunca transitados, y es el cariño de personas que la vida me ha regalado.
Como dice mi querido maestro Sebastian Darpa: “No es tanto la meta, no es tanto el camino, lo importante es la compañía”.







