El misionero Raimundo Elías Gómez, investigador de la Universidad Nacional de Misiones y del Conicet, especializado en economía ecológica y análisis geoespacial, llegó recientemente de Portugal con miras a realizar investigación y divulgación de los efectos de las poblaciones humanas sobre los ecosistemas nativos.
“Básicamente mi proyecto científico busca responder una pregunta compleja: ¿Cuánta naturaleza consumen las sociedades, quiénes aumentan ese consumo, quiénes pagan los costos y por qué?”, dijo a PRIMERA EDICIÓN durante una extensa charla en la cual relató su trayectoria académica.
Nacido en Oberá en 1985 y criado hasta los 11 años en una zona rural de San Pedro, rodeado de montes, arroyos y áreas naturales protegidas, aseguró que “aquella infancia cercana a la selva misionera dejó una marca perdurable en mí que más tarde se transformó en el centro de mi trabajo académico y científico”.
Estudió Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones, donde completó la licenciatura, la maestría y el doctorado. Desde sus primeros trabajos de tesis combinó trabajo de campo etnográfico con análisis cuantitativos avanzados y análisis espaciales basados en imágenes satelitales, y desarrolló por cuenta propia habilidades en programación estadística con R (software de lenguaje para análisis de datos), visualizaciones interactivas y sistemas informáticos; una mezcla de herramientas que terminó definiendo su perfil profesional y académico.
Su formación fue potenciada por becas y fondos internacionales. El premio Young Scientist Award de la UNESCO, en el marco del programa Man and Biosphere, lo introdujo en la investigación de los efectos de las poblaciones humanas sobre los ecosistemas nativos. Becas como CAPES/SPU lo llevaron a Río de Janeiro, otra Erasmus AMIDILA lo llevó a Europa, y una estancia posdoctoral en la Universidad Nacional Autónoma de México se centró en áreas naturales protegidas y conflictos ambientales. Recientemente, obtuvo una Marie Skłodowska-Curie Fellowship para realizar una estancia de dos años en la Universidade do Porto en Portugal, donde discutió avances con investigadores de varias universidades europeas e integró métodos en geociencias, estadística, economía y antropología.
Economía ecológica
“El eje de mi investigación son las huellas de materiales, es decir la cantidad total de recursos naturales (minerales, biomasa, combustibles fósiles) que un país, región o provincia moviliza para sostener su economía, incluyendo los recursos extraídos en otros territorios como consecuencia del comercio internacional. Esta línea obliga a observar no solo la producción local sino también los efectos externos: qué se extrae aquí para consumirse allá, cómo los flujos económicos globales trasladan presión ambiental y quién asume finalmente los costos ambientales y sociales”, amplió el investigador.
“La economía ecológica, es campo interdisciplinario que articula economistas, geógrafos, antropólogos y analistas geoespaciales, desde la cual abordo la relación entre el crecimiento económico y la carga impuesta al ambiente. Algunas preguntas transversales de mi trabajo son si el desarrollo tecnológico realmente contribuye a reducir huellas materiales o si, en cambio, las incentiva a crecer. También en qué condiciones la complejidad tecnológica puede disminuir la presión ambiental y en cuáles podría favorecer el aumento del consumo de recursos”, sostuvo.
Y luego agregó: “Los ejemplos concretos de estos dilemas emergen al considerar tecnologías que, aunque prometen menor impacto operativo, pueden requerir un uso intensivo de tierra o materiales para su funcionamiento, o examinar economías extractivas que generan riqueza financiera pero imponen una alta carga sobre ecosistemas locales sin beneficios proporcionales para las comunidades de origen”.
Tecnología aplicada
Durante años se desempeñó como consultor en temas ambientales, socioeconómicos y geoespaciales para la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón y la Fundación Vida Silvestre. En Europa desarrolló mapas de densidad de edificaciones en áreas naturales protegidas transfronterizas y clasificaciones de uso del suelo mediante análisis de agrupamiento, “herramientas que permiten evaluar la presión humana sobre ecosistemas y planificar la gestión ambiental”.
Su trabajo con tecnologías aplicadas, incluyendo el análisis de desarrollos tecnológicos a partir de repositorios abiertos como GitHub, lo llevó a mapear polos de desarrollo tecnológico en Argentina, identificando lugares como Posadas, Eldorado o Apóstoles como centros de innovación distinta en función de su complejidad tecnológica y su relación con la educación superior y la inversión institucional.





