Una nueva investigación del Colegio de Optometría de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) sugiere que el aumento de casos de miopía en el mundo no se explica sólo por el el uso excesivo de dispositivos electrónicos.
Según el estudio publicado en la revista Cell Reports, el principal factor de riesgo de la miopía no sería las pantallas en sí, sino la exposición frecuente a bajos niveles de luz en interiores y el esfuerzo sostenido de enfocar objetos de cerca durante períodos prolongados.
“La miopía ha alcanzado niveles casi epidémicos en todo el mundo, pero aún no se comprende del todo por qué”, afirmó José Manuel Alonso, profesor distinguido de la SUNY y autor principal del estudio. Según postuló, la miopía afecta actualmente al 50% de los adultos jóvenes en Estados Unidos y Europa y alcanza hasta el 90% en algunas regiones del este asiático.
De acuerdo con estimaciones recientes difundidas por el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), cerca del 40% de los niños será miope para 2050. Esta tendencia suele traducirse en dificultades para leer el pizarrón, bajo rendimiento escolar y fatiga visual.
A este escenario se suman los hallazgos del nuevo estudio: realizar actividades cotidianas, como trabajar o estudiar, en ambientes con baja iluminación, un hábito aparentemente inofensivo, contribuye al aumento de dificultades para ver de lejos tanto en adultos como en jóvenes, junto con el uso intensivo de pantallas y la limitada exposición a la luz natural.

La cantidad de luz que llega a la retina es la clave
“Nuestros hallazgos sugieren que un factor subyacente común podría ser la cantidad de luz que llega a la retina durante el trabajo prolongado de cerca, especialmente en interiores”, indicó el autor principal.
El rápido aumento de casos en apenas unas generaciones demuestra que los factores ambientales y los hábitos visuales en ambientes poco iluminados tienen más peso que la genética.
El equipo dirigido por Alonso junto a Urusha Maharjan, estudiante de doctorado en Optometría de la Universidad Estatal de Nueva York, plantea que la costumbre de fijar la vista a corta distancia en interiores poco iluminados exige a los ojos una acomodación constante y una mayor contracción pupilar.
La miopía es un desenfoque ocular que provoca que los objetos lejanos se vean borrosos y los cercanos, nítidos. Es el resultado de la interacción entre la genética y el ambiente. Entre los síntomas más frecuentes en niños se encuentran entrecerrar los ojos para ver de lejos, acercarse demasiado a libros o pantallas, dolores de cabeza, fatiga visual y bajo rendimiento escolar.
Alonso explicó que un aspecto que aumenta los problemas de visión podría ser “el volumen de luz recibido mientras se enfoca de cerca durante un tiempo prolongado”. Maharjan añadió que aunque la pupila se contrae para proteger el ojo en exteriores luminosos y, aun así, entra mucha luz, en interiores la contracción ocurre por motivos diferentes y con una iluminación mucho menor sobre la retina.
El mecanismo propuesto sugiere que la combinación de baja iluminación ambiental y esfuerzo visual a corta distancia reduce drásticamente la luz que recibe la retina. Cuando este esfuerzo se repite o se prolonga, la contracción pupilar se intensifica y la iluminación retinal disminuye aún más. Este proceso puede agravarse si el ojo ya es miope, generando un círculo vicioso de fatiga visual y déficit luminoso.
}El estudio señala que los métodos actuales para controlar la miopía -como lentes multifocales, colirios de atropina o el tiempo al aire libre- podrían beneficiarse de limitar la acomodación y maximizar la exposición a la luz.
Cuidar la vista de la niñez

“La visión de los niños es un recurso invaluable y debe cuidarse desde los primeros años. La miopía está en aumento en todo el mundo, pero hoy contamos con herramientas eficaces para detectar y frenar su avance. Fomentar hábitos saludables junto con los controles oftalmológicos periódicos, son la mejor inversión para asegurar un futuro con buena visión y mejor calidad de vida”, afirmó Esteban Travelletti, integrante de la división Oftalmología del Hospital de Clínicas de la UBA.
Travelletti recomienda la regla 20-20-20: cada 20 minutos de trabajo visual cercano, enfocar un objeto durante 20 segundos a una distancia de 6 metros.
Además, pasar al menos dos horas al aire libre bajo luz natural es clave para reducir el riesgo y enlentecer la progresión.
El especialista advirtió sobre los mitos más frecuentes: las pantallas por sí solas no causan miopía, los filtros de luz azul o antirreflejo no son efectivos para prevenirla, y usar anteojos no empeora el cuadro, sino que mejora la calidad visual y el rendimiento escolar.
Fuente: Infobae.




