Patricia Couceiro
Máster en Constelaciones
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El valor de lo pequeño, de lo cotidiano, de lo simple y lo sencillo muchas veces pasa desapercibido.
Y sin embargo, es eso lo que suma y completa la vida.
Es el trasfondo. Es lo que sostiene el día a día.
Cada jornada suele traer desafíos, imprevistos, cambios.
Y entonces vale preguntarse: ¿qué es lo que marca la diferencia?
La diferencia la marca una sonrisa.
Una presencia cargada de alegría.
Un abrazo. Una mirada.
A veces viene de alguien cercano.
Muchas veces, de un desconocido que te deja pasar primero, que te da lugar.
Y en ese gesto te está diciendo: te veo.
Y cuando somos vistos, existimos.
Y al existir, salimos por un instante de la ronda de pensamientos incesantes.
En ese momento se abre una brecha de luz.
Un espacio de desahogo.
Tal vez la posibilidad de redireccionar y preguntarnos:
¿Por qué estoy así?
¿Para qué estoy corriendo?
¿Cómo es que no estoy disfrutando de mi presencia?
Y volvemos.
Al instante presente.
No pierdas la oportunidad de agradecer.
El agradecimiento transforma.
No solo transforma tu día: transforma tu vibración, tu emoción, tus creencias.
Nos coloca en un estado elevado desde el cual lo bueno puede surgir, porque lo creamos desde ese espacio.
Comenzá el día bendiciendo.
Acostumbrate a no presuponer, porque eso nos deja encerrados en nosotros mismos.
Mirá a tu alrededor.
A veces es un otro.
A veces son los pájaros.
A veces un perro desconocido pidiendo caricias.
Pero siempre, siempre, es tu mundo interno manifestándose afuera.
No te pierdas.
Una sonrisa cambia un estado.
Una mirada puede cambiar una vida.
Simple. Sencillo. Sin costo real.







