“Estos años me dejan una experiencia hermosa. Cuando uno se desempeña en una profesión que le gusta, es gratificante porque a lo largo de la vida los pacientes te agradecen, te recuerdan”, manifestó la licenciada en Enfermería Lucía Elizabeth Feiza (55), nacida en Campo Ramón, pero que adoptó a la Capital del Monte como su lugar de residencia. Aquí formó su familia con Daniel y aquí nacieron sus hijos: Adriano y Franco.
En 1989 comenzó sus estudios en la Escuela de Enfermería de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) pero tuvo que abandonarlos a mitad de año por razones personales. Fue entonces que hizo el curso Auxiliar de Enfermería que se dictaba en el Hospital Nivel III de Oberá, con una duración de nueve meses y que la habilitaba como técnica.
“Era un curso auxiliar donde aprendíamos a hacer las prácticas, pero no teníamos la fundamentación científica de lo que hacíamos. Aprendíamos cómo hacer, pero no mucho por qué lo hacíamos. A eso lo fuimos aprendiendo, modernizándonos, con la enfermería universitaria. Después, con la licenciatura, fuimos aprendiendo todo lo científico, lo basado en evidencia. En cuanto a tecnología también fuimos cambiando muchísimo”, comentó.

Apenas concluyó el curso, empezó a trabajar en el mismo nosocomio. Después terminó la carrera en la universidad y, unos años después, culminó la licenciatura.
Feiza habló de un hospital que era muy diferente al actual. Contó que cuando la contrataron, comenzó en neonatología, donde estuvo por varios años, “ocho o nueve, hasta que me pasaron al servicio de pediatría, que está muy relacionado. Hasta entonces estoy en esa área. Cuando acá todavía no teníamos mucha tecnología, ni muchos especialistas -todavía son escasos algunos- viajábamos al Hospital Garrahan para especializarnos y ver las nuevas tecnologías. Íbamos aprendiendo respecto a todo lo que se iba modernizando en cuanto a atención de enfermería. Fui varios años consecutivos al Garrahan en el mes de agosto, donde se daban las jornadas y también en algún otro momento. Tenía la suerte que mi hermana Zulma estaba trabajando ahí en ese momento, entonces me facilitaba concurrir y aprender”.

Sostuvo que en la actualidad “los hospitales del interior evolucionaron, ya tienen Unidad de Terapia Intensiva (UTI), ya tienen neonatología en algunos casos, pero cuando comencé, éramos el centro de recepción de todo el interior de Misiones. Ni siquiera se hacían muchas derivaciones como ahora donde hay casos en los que se deriva a los pacientitos más críticos. Antes los atendíamos a todos acá y era mucho trabajo, muy distinto al de ahora”.
Cuando inició sus tareas en neonatología estaba el Dr. Albino Schiewe, que era el jefe de servicio en ese momento; el Dr. Riegel y la Dra. Perla Guayaré, “que me dio la oportunidad de trabajar con ella en el sector privado. Ella tenía un servicio que se llamaba InterNeo, donde se internaban a los chicos pediátricos y neonatos. Trabajé con ella por mucho tiempo, fue muy generosa conmigo, muchas cosas de las que aprendí se las debo a ella, porque nos daba mucha libertad para trabajar y desempeñarnos. Todo lo que íbamos innovando, con las cosas que nos íbamos capacitando, podíamos desempeñarlo con ella. Mi paso a pediatría fue un poco de la mano del Dr. Jorge Staud y la Dra. Vidal, que ya no están con nosotros, pero jugaron un papel importante en el desarrollo de mi profesión en cuanto a la libertad a la hora de trabajar con los chicos”, narró Feiza.
Entiende que la vocación también tiene mucho que ver. Y para ejemplificar relató que, hace unos meses, participó de la confirmación de “una hija que me dejó neonatología” que está terminando el colegio secundario. Se llama Oriana y había nacido con tan solo 900 gramos.

Confió que un día la pequeña “estaba muy delicada de salud y su mamá nos pidió si podía traer al pastor porque ellos son luteranos. Le dijimos que sí. Cuando vino a hacerle la unción porque pensábamos que se moría, ya que estaba muy crítica, me desempeñaba como enfermera cuando la madre me pidió si podía ser testigo, como su madrina de bautismo. Le dije que sí y desde ese momento comenzamos una amistad con la mamá, y seguimos viéndonos. Estuve en su bautismo, en su confirmación, cuando tomó la comunión, y en su cumpleaños de 15. Es una chica que quedó sin secuelas y eso para nosotros es un orgullo porque habla del buen trabajo en equipo, siempre”.
“Todo eso es muy gratificante porque es nuestra tarea, enfermería es el papel más importante en la recuperación de un prematuro, por ejemplo, en neonatología y ni que hablar del paciente pediátrico en estado crítico, que después se va a su casa sin secuelas junto a su familia”, agregó.
En la primera etapa, cuando estuvo en neonatología, “también tuvimos una prematura extrema que llegó a tener 750 gramos. Fue mamá y ahora es abuela, también quedó sin secuelas. En ese caso realmente fue la mano de enfermería, siempre digo, y el ojo clínico, porque no teníamos oxígeno central, no teníamos saturometría. Toda la tecnología que tenemos ahora para la atención del prematuro extremo, en ese momento no la teníamos y a esta nena la sacamos adelante con nuestras manos”, destacó.

Acciones con buenos resultados
Entre las anécdotas que mencionó Feiza en tanto años de labor, es una que ocurrió en los comienzos, cuando el Dr. Schiewe era jefe de Servicio de Neonatología. “Tuvimos una prematurita muy extrema y empezaba a alimentarse. La alimentación con la leche materna estaba prohibida en esa área. No sé si porque era un mito o porque no se permitía a las madres el acceso libre a la neonatología. Entonces, a escondidas, entre las enfermeras le permitíamos a la mamá sacarse la leche y nosotros le pasábamos por la sondita”.
Añadió que todo esto, a espaldas del Dr. Schiewe, que era el jefe y, “como eso no estaba permitido, podía llevarnos a una sanción. Un día nos equivocamos y escribimos en la historia clínica que la bebé tomó leche materna. Obviamente nos descubrió y le empezamos a poner las razones y de cuánto tiempo hacía que le estábamos dando, porque empezaban a alimentarse con 2 centímetros, con 3 centímetros y cuando esto salió a la luz ya le estábamos pasando 20 o 30 centímetros. El Dr. no tuvo más que acceder que a todos los prematuritos extremos se comience la alimentación con leche materna”.
Declaró que “eso fue como basado en evidencia, que la leche materna realmente era lo mejor para el bebé prematuro. Después, seguido a eso, permitía que la mamá entre a dar el pecho, que eso tampoco estaba permitido. Para mí esa es, verdaderamente, una buena anécdota”.

A los que menos tienen
La profesional creó junto a sus hijos, “Juguete pendiente Oberá”, que es una iniciativa solidaria sin fines de lucro. Explicó que nació en un momento, mirando un programa, “donde la creadora de Juguete pendiente, que es un logo que está registrado, repetía un poquito lo que es su análogo café pendiente en el mundo. Invitaba a todas las personas que trabajábamos con chicos y queríamos replicar la idea que lo podíamos hacer siempre y cuando se respetase el logo que ella había creado. En principio, lo iniciamos con mis dos hijos. Siempre los motivaba a que sean solidarios con los que menos tienen, entonces esta oportunidad me pareció buena para que ellos empiecen a cultivar un poquito qué significaba ser solidarios y los llevaba conmigo al hospital, les hacía regalar cosas, lo que ellos ya no usaban”.
Sostuvo que esta iniciativa “se trata un poquito de eso, de desprenderse de lo que ya no usamos y darle a los que menos tienen o a los que, directamente, no tienen posibilidades como son la mayoría de los pacientitos que vienen del interior y llegan a nuestro servicio”.
También en algún momento llevaron esta impronta a comedores infantiles, a los barrios, fueron a los CAPS. “Hubo años en los que trabajamos mucho, pero eso lleva también un poquito de tiempo. Ahora estamos un poquito quedados porque hay muchas entidades que se dedican al mismo tema”, confesó.
Mucho antes de iniciar con lo solidario de “Juguete pendiente”, con sus dos hijos y su esposo Daniel, buscaron llevar a Papá Noel a los chicos de pediatría. “Hay muchos que se quedan internados ese día y vienen sus hermanitos de la casa, entonces uno de nosotros se vestía de Papá Noel y entregábamos los regalos y golosinas que podíamos juntar. Y así fuimos sumando y desde entonces todos los años se hace la fiesta de Navidad en el hospital con el Papá Noel”, subrayó.
Por labor destacada
El año pasado, Lucía Feiza recibió la distinción “Marta Teodora Schwarz – El Ángel de la Selva”, un homenaje que reconoce desde 2016 a mujeres profesionales del ámbito de la salud que se destacan por su compromiso con el bienestar de la comunidad, la vocación de servicio y la sensibilidad humana en el ejercicio de su labor.
Se trata de un reconocimiento que entrega la Cámara de Representantes de Misiones. “Me lo entregaron casi al cerrar el ciclo de mi profesión porque ya estoy pronta a jubilarme. No siempre hacen el reconocimiento cuando la persona todavía está en actividad y creo que deberíamos empezar a reconocer por su esfuerzo y su trayectoria mientras están activos porque es muy gratificante, entonces uno lo vive, lo disfruta. Para mí fue muy emotivo, muy lindo”, celebró.
Y agradeció a la doctora Miriam Ramonda, “que en este momento está como Directora del Hospital, que me haya elegido para ser nombrada en esta oportunidad”.








