En el negocio de las estaciones de servicio existe un límite que no figura en ninguna norma, pero que hoy define la supervivencia económica de muchos operadores: vender menos de 250 mil litros de combustible por mes ya no permite sostener una estructura rentable.
Así lo advierten desde la Federación de Empresarios de Combustibles de la República Argentina, que señalan que por debajo de ese volumen se cubren gastos corrientes, pero no se genera el excedente necesario para proyectar inversiones o modernizar la infraestructura.
El fenómeno se verifica tanto en el sistema de reventa como en el esquema consignado. En ambos casos, el nivel de despacho alcanza para afrontar sueldos, impuestos y servicios, pero no para encarar recambios de tanques, adecuaciones ambientales o remodelaciones integrales de tiendas, inversiones que requieren montos significativos y planificación de mediano plazo.
El problema se profundiza en una estructura de costos pesada y difícil de ajustar. El costo laboral es uno de los componentes más relevantes del gasto operativo: salarios, cargas sociales, adicionales por turnos nocturnos, feriados y horas extras pesan especialmente en estaciones que operan las 24 horas.
A esto se suma el impacto creciente de los servicios públicos. La energía eléctrica es un insumo crítico para iluminación permanente, surtidores, sistemas de control, equipamiento informático, cámaras de seguridad y tiendas de conveniencia con equipos de refrigeración. Agua, gas, telefonía e internet completan un cuadro de costos fijos en alza.
La carga impositiva, con tributos nacionales, provinciales y municipales, además de tasas locales y regímenes de percepción, reduce aún más los márgenes. En algunos municipios, las actualizaciones se realizan con criterios poco previsibles, lo que agrega incertidumbre financiera.
Sin escala suficiente, la inversión en infraestructura se vuelve inviable. Modernizar surtidores, renovar tanques o reconvertir la tienda para adaptarla a nuevos hábitos de consumo exige recursos que muchas estaciones no logran acumular.
Se genera así un círculo complejo: sin inversión no hay mejora competitiva; sin competitividad no aumenta el volumen; sin volumen no hay rentabilidad para invertir.
A esto se suman los costos financieros del capital de trabajo y las comisiones asociadas a medios de pago electrónicos, indispensables para operar pero que erosionan márgenes.
La situación es especialmente sensible en localidades pequeñas o áreas de bajo tránsito, donde el volumen potencial está condicionado por factores estructurales. En esos puntos, la estación cumple además un rol social clave de abastecimiento, pero con rentabilidad cada vez más ajustada.
Muchas permanecen abiertas, pero sin capacidad de crecimiento. Cubren costos, pero no generan fondos para reinvertir. El resultado es un deterioro progresivo que, a largo plazo, puede alterar el mapa de la oferta y favorecer procesos de concentración en manos de operadores con mayor escala.
El umbral de los 250 mil litros, más que una cifra, se convirtió en una frontera económica que redefine la viabilidad del negocio.
Fuente: surtidores.com.ar




