Dejar a los niños pequeños en jardines maternales, bajo el resguardo de profesionales capacitados en cuidado y estimulación pre-escolar, se percibe cada vez más un “lujo” para las familias de esta ciudad.
En tanto, a los jardines maternales les cuesta cada vez más sostener el servicio con las actuales exigencias y controles para funcionar. Pese a prestar un servicio de cuidado y educación pre-escolar, sus trabajadores están registrados en el rubro de comercio. Además, el cuidado de niños pequeños requiere una gran cantidad de recurso humano, por lo que el costo de funcionamiento de los mismos es muy alto.
“El gran problema que tenemos los jardines maternales es que pertenecemos al rubro comercial, lo cual nos encare muchísimo y se nos hace muy costoso sostener la actividad. En primer lugar porque los jardines maternales trabajamos con mucho personal y tenemos una capacidad máxima que no puede superar los 80 niños. Para atender esa cantidad de niños necesitamos mucho personal, un promedio de 10 a 20 trabajadores, porque los niños no son autónomos y necesitan de la mirada y la atención permanente de un adulto, por lo que requerimos mucho personal. Y ese personal nos hacen registrar como si fuera del rubro de comercio, cuando en realidad no comercializamos nada, no compramos ni vendemos bebés… por lo que es una aberración del sistema que figuremos como empleados de comercio. Para nosotros es una gran dificultad y lamentablemente eso encare mucho el costo del servicio para los papás porque no hay manera de sostenerlo más bajo porque las cargas sociales son muy altas”, explicó Judith “Yoli” Salom, del Jardín Campanita, uno de los más antiguos de la ciudad.
“No nos representa la figura de comercio”
En la actualidad, solo quedan 15 jardines maternales privados en Posadas porque el año pasado se cerró uno. “Quedamos pocos jardines maternales porque es una actividad que claramente dejó de ser rentable, demanda una inversión inicial muy alta y que es muy difícil de sostener a lo largo del tiempo con la calidad que amerita que se sostenga”, argumentó Salom quien este año presentará un proyecto para que se cambie el régimen de los trabajadores de los jardines.
“Si te ponés a pensar, los trabajadores de los institutos de inglés o de danza no figuran como comercios, tampoco los asilos, los hogares de personas mayores, y nosotros que también prestamos un servicio estamos absolutamente fuera del régimen comercial, no nos representa la figura de comercio. De hecho, por ley, el cuidador de personas con discapacidad, de enfermos, de personas adultas o de niños tienen un canon que se cobra por hora, por lo que también podríamos entrar dentro de esta figura de prestación de servicio. Hay que buscarle la vuelta porque sino no podemos acompañar el crecimiento de la ciudad, y cada vez tendremos menos jardines maternales”, remarcó.
“Muchos tratan de arreglarse con un familiar”
Otro de los jardines maternales con más trayectoria ubicado en el centro de la ciudad es “Había una vez”, cuya directora, Silvia Saldaña, contó a PRIMERA EDICIÓN que durante enero y febrero tuvieron una demanda mucho menor que otros años. “Normalmente, en febrero la gente empieza con la dinámica del año de ir a trabajar, dejar al niño en un jardín en el horario de trabajo… y esto es lo que se está postergando, las inscripciones en el maternal vienen bastantes flojas. Al menos entre mi clientela, vemos que la gente priorizó las vacaciones y en febrero tratan de arreglarse con el servicio doméstico o un familiar para evitar pagar la cuota del jardincito durante enero y febrero… supongo que hasta marzo, cuando los niños más grandes comienzan el colegio a los más pequeños los traerán al maternal”, indicó.
Saldaña recordó que el verano pasado también hubo una disminución de la demanda, pero este verano “se notó muchísimo y esto tiene un gran impacto para el jardín maternal que mantiene su recurso humano y gastos fijos. Este mes trabajamos solo para cubrir sueldos, carga social, alquileres y servicios… la verdad es que se está haciendo cada vez más pesado, esto es así porque nuestra actividad dejó de ser rentable”.
También la directora del jardín maternal “Había una vez” recordó que hace muchos años luchan para salir del régimen de comercio.
Dilema de la frazada corta
Si bien muchas familias buscan reducir los gastos dejando el cuidado de los más pequeños en personal doméstico o un familiar, “la mayoría vuelve al jardín porque lógicamente no es lo mismo, ven que los niños no están estimulados, que no dejan los pañales porque le falta el acompañamiento de una persona idónea… es que solo los cuidan y a veces los chicos pasan mucho tiempo frente a la pantalla y después las mamás se enfrentan con muchas dificultades cuando los chicos que están terminando la etapa de la primera infancia tienen que incorporarse al sistema educativo”.
Según confió, después de 25 años en el rubro y de estar hoy al cuidado de los hijos de sus primeros alumnos, “creo que seguimos al frente del jardín porque tenemos una trayectoria en la ciudad, las familias buscan nuestro jardín porque nos conocen… pero empezar hoy un jardín maternal es muy difícil reunir todas las condiciones y exigencias que te pide el Estado provincial y municipal”.
El peso de las exigencias y el costo de la electricidad
Salom se refirió además a las exigencias que les hacen cumplir para habilitarlos en forma anual “todos los años nos hacen hacer el plan de contingencia y evacuación pese a que la infraestructura del lugar se haya mantenido sin cambios e incluso tengamos los mismos trabajadores, y por ese plan de contingencia nos cobran 150.000 pesos este año. También tenés que analizar el agua y otras cuestiones que para mí son innecesarias pero ellos aducen que así lo exige una ley nacional… pero resulta exagerado que tengamos que repetirlo todos los años pese a que no haya habido cambios en la infraestructura, se haya mantenido el mismo personal ya preparado y capacitado el año anterior”, argumentó.
Contó que otro inconveniente que tienen es el alto costo de energía eléctrica “porque lógicamente en nuestra provincia se necesitan tener refrigeradas todas las salas, nosotros tenemos cinco aires acondicionados que están prendidos prácticamente toda la jornada de trabajo”.
“Es una actividad muy cara de mantener y eso inevitablemente se traduce en el valor de las cuotas… lo que incide en que los padres busquen alternativas, a lo mejor no tan seguras, pero viables de ser cubiertas por su economía familiar”, admitió.
En el caso del Jardín Campanita, la cuota de inscripción es de 300.000 pesos (en dos cuotas) y la cuota por el mínimo de tres horas diarias de lunes a viernes es de 180.000 pesos mensual y por cada hora extra al día se suma 40.000 pesos mensuales.
En cada salita trabaja una pareja pedagógica más un auxiliar que rota porque siempre tenés que tener un personal afuera que asistir a todas las salas porque las maestras no pueden moverse de las salas y dejar a los chicos solos.








