
Fabián Ariel Doretto (54) es un docente de esos que la vocación de enseñar lo transporta más allá de las aulas, siempre comprometido con la educación de los niños y del entorno que los rodea. Desde sus inicios en la profesión fue designado en la Escuela 312, de Picada Internacional, en Campo Ramón, donde permanece hasta el momento.
La distancia que separa su casa de la escuela ronda los 25 kilómetros y en más de 30 años de servicio se ingenió para trasladarse de distintas maneras. Al principio, iba en colectivo por una ruta que era de tierra y presentaba sus dificultades. “Después, con otros colegas, íbamos a dedo y entrábamos caminando a la picada. Luego, conseguimos una motocicleta y, cuando formé mi familia con Graciela Leiva -también docente- fuimos progresando y compramos un vehículo, con el que viajo todos los días para llegar a la escuela”, manifestó.
La cuestión se volvió “rutinaria” al punto que, a pesar de la distancia y de atravesar caminos de tierra, “es como ir a la esquina de casa. Por eso quiero tanto a mi picada, a mi colonia y a mi escuelita, que ya es parte de mi vida. Es que al tener doble turno se iguala la cantidad de horas en la escuela como en el propio hogar”.
Destacó la buena relación con los vecinos de la colonia que, históricamente, “tuvieron esa concepción de querer a su escuela, mucho más que en otros lugares. Siempre fui bien recibido, amén que mi padre –Arturo Hilario “Lalo” Doretto– es una persona conocida, que la gente escuchaba por radio o escuchaba su música. Ser el hijo de, también pesaba para que me visitaran, me conocieran, me recibieran con aprecio”. Después, fue ganando un lugar por sí mismo, por su trabajo con los chicos. “A esas vicisitudes que tiene la escuela rural siempre las llevé muy arraigadas, las valoré, y las trasladé a los tres libros que escribí. La siento muy cercana, es un sentimiento difícil de describir. Por eso valoro tanto y defiendo a la escuela rural. Siempre que pueda, porque es un ámbito muy especial que merece ser tenido en cuenta en sus características propias, cosas que a veces no están sucediendo y se equipara con la urbanidad cuando en algunos aspectos no debería ser así”, reflexionó.

Casi finalizando su carrera activa, a Doretto le produce satisfacción señalar que “en el curso de los años fui un docente con mucha iniciativa, mucha acción, más allá de las cuatro paredes del aula. Siempre estuve involucrado en proyectos comunitarios, interescolares que favorecieron a mi escuela y a otras instituciones”. Al citar uno de ellos, dijo que en su momento colaboró “para que nuestra zona cuente con lo que en aquel momento se llamaba Proyecto 7 de Educación Rural Secundaria, que tenía como característica la itinerancia”.
Hace 25 años, logró que su escuela, de tercera y muy pequeña, tuviera un taller de informática, cosa impensada para aquel momento. Primero se enseñaba a través de dibujos ya que no tenían computadora, sino que era “imaginaria”. Después lograron tener una usada, más adelante se contrató a un profesor y se consiguieron horas. Ese taller de informática sigue y es muy útil para la colonia. “Lo valoro tanto porque aún no existían los programas que después trajeron computadoras a la escuela como el Carrito Digital o Conectar Igualdad. Que una escuela del medio de la colonia, tan pequeña, tuviera eso antes que otras grandes instituciones, para mí fue motivo de orgullo porque pude brindar a los chicos de ese lugar una herramienta que hoy es fundamental para cualquier trabajo o para proseguir estudios”, celebró quien los sábados conduce en FM Integración el programa “Con sabor al litoral”, donde difunde la música regional, con invitados en vivo (conjuntos, bandas, solistas) y, otros, que tienen que ver con el arte, la literatura, la escritura, la pintura, la danza.
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Veta de escritor
Fabián Doretto tiene tres libros publicados. El primero se llama “De la escuela y su paisaje”, de 2003; “Entre el camino y la escuela”, de 2007 y “Adiós escuela” fue presentado en 2025. Al describir la diferencia dijo que los dos primeros versan sobre anécdotas, descripciones, cuentos, que tienen una base real, que tienen que ver con la escuela rural, pero no con la parte pedagógica, didáctica, sino con el entorno. “Hay situaciones hasta risueñas, cosas que pasan en la colonia. Hay descripciones de paisajes, de la familia, del carácter de los chicos, de la gente. Son sensaciones que tenía en ese momento y sentía la necesidad de transcribirlo al papel. Algo también se repite en el último, pero en una segunda parte, porque la primera fue un logro que tenía pensado hace mucho tiempo, que era hacer una especie de investigación educativa”.
Alegó que existe una investigación sobre el nivel secundario y universitario pero que “es muy poca la que se hace de la primaria. Era mi objetivo pendiente” y “logré hacer lo que se denomina ‘Despoblamiento del entorno rural y sus consecuencias en el aula’”.
Sostuvo que el nombre “Adiós escuela”, tiene doble sentido. Primero, “porque me estoy despidiendo y el segundo, el sentido principal, es porque la escuela rural también, de alguna forma, está diciendo adiós. Es un fenómeno que se repite en casi todas las escuelas rurales, no solo en mi municipio, sino de toda la provincia y de otras provincias también, donde los colonos, las familias, abandonan sus chacras para ir al centro poblado, por distintos motivos. Muchas veces para el bienestar familiar, porque los chicos crecen y tienen que estudiar en centros más importantes, que en la colonia no hay. Después por cuestiones económicas, y lo que provoca el desgranamiento, que cada vez las escuelas rurales tengan menos alumnos”.
Su escuela fue un ejemplo de ello. “Fui testigo directo de eso, en ese proceso. Si bien siempre fue una escuela de tercera categoría, cuando comencé teníamos cuatro secciones de grado, nivel inicial, profesores especiales. Después de un largo proceso, hoy es escuela de personal único. Estoy solo. Así que soy un testigo directo, protagonista, de este proceso que describo en el libro, con pasos esenciales de una investigación, que es causa, consecuencia y conclusión. Espero que sea una herramienta también para que todos los integrantes del sistema educativo y de la sociedad, que nos demos cuenta lo que está pasando y cómo lo resolvemos. Es importante tomar conciencia y tomar algunas medidas que hagan que la zona rural no se siga despoblando. Eso trae una consecuencia directa a las escuelas”, lamentó.
A su entender, esto se puede leer en distintos aspectos. Tiene que ver el precio de los productos, tiene que ver que la juventud no quiere quedarse en las chacras, por muchos motivos. “En la escuela había dos familias, con 11 hijos cada una. Era como que jugaban una carrera. Uno tenía 9, el otro 10; cuando el otro tenía 10, el restante pasaba a 11 y así. Con dos familias teníamos una sección de grado y eso no ocurre más”, dijo entre risas, pero con cierta preocupación. El colono que menos hijos tenía, llegaba a los 4, 5, 6, “y eso no se ve más hace rato. Si tenemos la suerte que un joven se quede en la chacra y se cumple todo el proceso, tiene un hijo o dos”.

Cubrir muchos flancos
Indicó que la escuela de tercera enseña desde el inicio el trabajo en grados acoplados o plurigrados y “uno tiene que aprender a enseñar a chicos de distintos grados, de distintas edades, y distintas formas de aprender, en un mismo salón y en un mismo turno. Cuando hay otros docentes, se tiene dos grados acoplados, a lo sumo tres. Pero al ser personal único, uno tiene a toda la escuela, que, si bien no es numerosa, tiene chicos de primero, de tercero, de quinto, de séptimo, a los cuales tiene que atender en la misma jornada, y a cada uno tratar de darle alguna educación de calidad dentro de los recursos que uno pueda tener”.
Destacó que, cuando se está solo, se está solo para todo. Tiene que enseñar, pero también arreglar una canilla, lavar los pisos, aconsejar, atender los problemas sociales que a veces llegan a la escuela, atender pedidos de los padres, la necesidad de los chicos, las cuestiones edilicias, pintar, arreglar los baños, una ventana, conseguir que fumiguen, todo recae sobre una sola persona. “Es un poco, agotador o estresante, uno lo hace con cariño mientras está en la función, pero no deja de ser todo un esfuerzo y un trabajo que en otras instituciones no es así. Cada uno tiene su rol y cumple su trabajo”, subrayó quien forma parte de la Junta de Estudios Históricos y la comisión directiva de la Feria del Libro, ambas de Oberá.
Programa de psicopedagogía itinerante
Confió que se encuentra en el Consejo de Educación un proyecto de su autoría, con apoyo de directores del municipio de Campo Ramón, el intendente municipal y los supervisores, respecto a la necesidad de implementar un programa de psicopedagogía itinerante. “Significa que psicopedagogas o psicólogas puedan recorrer las escuelas rurales de Campo Ramón, asistiendo a los chicos que tienen necesidades especiales, que se ven con mayor asiduidad en estos tiempos en las escuelas de colonia y que por las mismas características geográficas, sociales, no tienen una cobertura, no tienen una asistencia”, comentó. Agregó que, los padres, que están trabajando en la chacra tampoco tienen los recursos para acercarlos a un centro de salud para hacer un buen diagnóstico. “Eso sería para mí un motivo de gran orgullo, porque también tengo una hija que tiene esas necesidades especiales, por lo que conozco la necesidad, tanto como profesional docente, como padre. Sé lo que hace falta, sé lo que se necesitan esos profesionales en esos lugares”, acotó.







