El durazno se posiciona como una de las frutas de mayor consumo en la Argentina, con una demanda que se intensifica durante los meses de altas temperaturas. Históricamente asociado a las grandes extensiones de campo o a los amplios jardines de las casas quintas, la tendencia actual de agricultura urbana demuestra que tener un árbol frutal ya no es un privilegio exclusivo del ámbito rural. Hoy, cualquier habitante con acceso a un patio, una terraza o un balcón puede iniciar su propio cultivo partiendo del carozo de esta fruta, un elemento que habitualmente termina en la basura.
Sin embargo, para lograr un ejemplar saludable y productivo, no basta con depositar el hueso de la fruta en la tierra. El proceso requiere de una técnica específica de germinación y un seguimiento riguroso de las etapas biológicas de la planta. Es por ello que PRIMERA EDICIÓN -luego de un recorrido por diferentes portales técnicos, dedicados a la plantación de frutales-, detalla en esta nota el procedimiento técnico para realizarlo de forma exitosa, sin costos adicionales y con un método que garantiza la viabilidad del brote.
Proceso de germinación y estratificación
Según explican los expertos, la primera etapa comienza con la selección del carozo tras el consumo de la fruta. Es fundamental retirar la totalidad de la pulpa sobrante y permitir que el elemento se seque al aire libre durante 48 horas. Una vez transcurrido este tiempo, se debe proceder a la apertura manual para extraer la semilla interna (almendra) con extrema precaución.
Luego de la extracción, la semilla debe sumergirse en agua durante 24 horas. Posteriormente, se debe realizar el proceso conocido como “estratificación fría”, que consiste en conservar la semilla en la heladera entre seis y ocho semanas, paso indispensable para romper el período de latencia y permitir el desarrollo del brote.
Siembra y cuidados
Cuando la raíz comienza a asomar, se inicia la fase de siembra en maceta, a una profundidad de entre cuatro y cinco centímetros. Durante los primeros meses, el recipiente debe ubicarse en un espacio cálido y luminoso, pero sin exposición directa al sol.
El riego moderado y el mantenimiento del sustrato húmedo son claves, evitando el encharcamiento. Solo cuando el árbol haya desarrollado entre cinco y siete hojas definitivas, podrá exponerse de forma gradual a la luz solar directa.
Tiempos de producción y cosecha responsable
La paciencia es un factor determinante. Según datos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), “un duraznero nacido desde semilla puede demorar hasta siete años en alcanzar su madurez productiva”, aunque en condiciones óptimas ese plazo puede reducirse a entre tres y cuatro años.
La cosecha debe realizarse de forma manual y es fundamental mantener la higiene del cultivo, evitando frutas caídas que puedan favorecer la aparición de plagas y enfermedades.
Propiedades nutricionales y valor biológico
El consumo de durazno aporta beneficios directos a la salud. Es fuente de vitaminas del complejo B y vitamina C, además de vitamina K, calcio y fósforo, esenciales para la salud ósea. También aporta potasio, sodio y selenio, minerales clave para el funcionamiento del sistema nervioso y muscular. Cultivar un duraznero desde el carozo requiere tiempo y dedicación, pero la calidad del fruto obtenido y la conexión con la tierra justifican el esfuerzo.




