Nunca vivió en Puerto Rico ni en Montecarlo, sino que un tiempo residió con su familia en Capioví y luego El Alcázar, sin embargo, tuvo relación con el devenir histórico de ambas ciudades, en diferentes aspectos como vamos a ver a continuación. A comienzos de la década de 1960, fue contratado para “enderezar” la actual avenida San Martín de Puerto Rico, buscando reducir las numerosas curvas originales del primitivo camino de acceso desde el puerto hacia el interior de la colonia.
Ese trabajo fue encarado previendo el desarrollo de la “urbanización” que efectivamente se inició en la mencionada década, para facilitar el posterior trazado de cuadras. También fue consejero de la Cooperativa Agrícola de Montecarlo y diseñador de varias rutas provinciales, que no es poca cosa.
¿Quién era Stefan Szymula?
Stefan Szymula nació en Lublin, al Sur de Polonia, en 1915, en plena I Guerra Mundial, hijo de una familia obrera que sufría la falta de alimentos y recursos en aquel contexto bélico. Se criaba conejos para comer.
Cuando Stefan tenía 10 años, fallece su padre y la situación económica empeoró más aún. Gastaron sus últimas reservas en el sepelio y desde ese día, él junto a sus hermanos, María de 5 años y Tadeo un bebé de 4 meses que su madre amamantaba, comenzaron a vivir tiempos terribles y supieron lo que era acostarse con hambre. La madre, una mujer sin preparación, consiguió la “changa” de limpiar un cine, con la ayuda de Stefan, más algún que otro trabajo, que apenas sirvió para una precaria supervivencia.
Stefan se levantaba muy temprano, iba a buscar diarios para luego distribuirlos entre los abonados, mal abrigado y con el estómago vacío, en el crudo invierno polaco, después, iba a la escuela. Cuando terminó la primaria, con grandes esfuerzos ingresó a una escuela politécnica. Adolescente y desnutrido, se desmayó más de una vez por hambre hasta que una secretaria conmovida lo “becó” con un emparedado diario.
Así, luchando contra el hambre, el cansancio y los infortunios, se recibió como Técnico en Vías de Comunicación, una formación equivalente a los actuales estudios terciarios y consiguió empleo en Vialidad en Buczacz, al Sur este del país. Comenzó a ganar un poco de dinero y entonces su madre y hermanos pudieron alimentarse mejor.
Estalló la II Guerra Mundial. Nuevamente la guerra con sus miserias se asomó a la vida de Stefan. Los alemanes invadieron Polonia por el oeste y las huestes de Stalin por el este. Lo llevaron preso al norte de Rusia, cerca de Arcángel. Permaneció prisionero dos años talando bosques en la helada Siberia, viviendo en barracas de madera. La comida era muy escasa: una sopa de agua con algún trozo de papa, unos solitarios fideos y 400 gramos de pan negro, conformaban la ración diaria. Su fortaleza interior y la fe, lo sostenían.
Lo liberaron luego del ataque del ejército de Hitler a Rusia y sus aliados. Con un solo pase en tren, deambuló por Rusia, Kazajstán, Uzbekistán (pasando por la mítica Samarcanda), Kirguistán, Tadzykistán…
Otra vez sin comida. El hambre como un karma lo acompañó. En una de las estaciones de su interminable recorrido, se bajó del tren y se colocó en una larga cola frente a una panadería y con las pocas monedas que le dieron al salir del cautiverio compró algo de pan. Después cosechó algodón a cambio de comida. En otra oportunidad pudo saciarse con carne de un burro que encontró muerto a la vera del camino con sus compañeros de travesía.
Cruzó el mar Caspio y llegó a Irán donde encontró al ejército polaco del General Anders bajo el mando inglés. Se enroló y allí sí, dejó de padecer hambre gracias a la nutritiva comida inglesa. Entrenándose en el ejército tuvo la oportunidad de recorrer varios países: Irán, Irak, Jordania, Palestina y Egipto. Teherán, Mosul, Bagdad, Basora, Jerusalén, Belén, El Cairo, Alejandría, fueron ciudades que vieron pasar a nuestro protagonista. Poco a poco fue recuperando su peso normal con una figura atlética y juvenil.
En 1943 surcó el Mediterráneo rumbo a Italia para luchar en las batallas de Montecassino, Bologna, Ancona, recibiendo varias condecoraciones. Uno de sus trabajos como integrante de la policía militar era conducir las tropas tratando de detectar los lugares sin minas.
Cerca de Florencia, en Diacomano, en el avance de las tropas aliadas desalojando a los alemanes, conoció a Silvia que sería su compañera hasta el fin de sus días.
Silvia Valli, una bella joven de 19 años vivía con su padre Lorenzo un fotógrafo muy ingenioso y ocurrente que también cultivaba una huerta y hacía vino y su mamá Giuseppina, modista. El pueblo había sido bombardeado por los alemanes y las familias sufrían los efectos de la devastación.
En su primera visita, Stefan encontró a Silvia estirando la masa de los fideos. La vio muy hacendosa además de linda. Se enamoró. Intérprete mediante, la pidió en matrimonio. Formalizaron la relación el 8 de noviembre de 1944 y se casaron seis meses después, el mismo día en que terminó la guerra en Europa, el 8 de mayo de 1945.

Stefan siguió al servicio del ejército dos años más, alternando el trabajo militar con la vida de recién casados. Participaban activamente de las reuniones sociales, donde comían y bailaban.
El 8 de agosto de 1947 nació Claudio, el primogénito, prematuro y en delicado estado de salud. Sus padres muy creyentes, lo encomendaron a la Virgen María y se salvó.
El 28 de marzo de 1948 recibió el pasaporte de la Cruz Roja para poder viajar a la Argentina junto a su esposa e hijo, ya que los polacos casados con italianas no podían radicarse en Inglaterra a causa del racismo inglés. Nuestro país fue el único que permitió su ingreso. Llegaron a Buenos Aires a bordo del buque inglés “Empire Lance” que en tiempo de guerra sirvió como transporte de tropas.
Ya en Buenos Aires como la mayoría de los recién llegados se hospedaron en el Hotel del Inmigrante. Nuevamente las penurias se adueñaron de la pareja. Sin conocer el idioma, viendo esfumarse los escasos ahorros, Stefan desesperado, provisto de un plano de Buenos Aires recorrió la ciudad durante un mes, en busca de trabajo y un lugar donde vivir, hasta que consiguió algo en Lavalloll, gracias a la mediación de otro polaco que ya sabía algo de castellano.
Fue ayudante de albañil en la construcción de la fábrica de Firestone en Lavalloll. Al poco tiempo trabajó en una hilandería en la sección de carga donde se peinaba el algodón, trabajo insalubre por el polvo que flotaba por doquier. Por recomendación de su compatriota, se presentó en Vialidad Nacional donde no le exigieron ningún certificado de estudios, pero lo sometieron a un examen de trigonometría, logaritmos, cálculos de curvas, instrumentos de medición, confección de planos, proyecto y ejecución de estudios de caminos, etc. Dicho examen duró dos días y al término del mismo fue incorporado a Vialidad Nacional. Fue trasladado a Corrientes donde trabajó en una comisión de estudios y proyectos de caminos. Después de dos años fue enviado a Posadas, donde nació su segundo hijo, Benicio Silvestre.
Siempre trabajando en Vialidad se radicaron en Santa Ana donde se incendió su casa alquilada, con pérdida total de sus bienes materiales, entre ellos, toda su documentación y valiosos recuerdos de sus orígenes europeos.
A comenzar de nuevo. Ésta vez en Capioví donde alquilaron una vivienda a unos 100 metros de la Ruta 12. Allí Claudio concurrió a la escuela primaria. En ese momento (1956) Stefan pasó a Vialidad Provincial, organismo de reciente creación, del naciente estado provincial. Ahí se desempeñó como jefe de la primera Comisión de Estudios Viales, recorriendo muchos rincones del interior de la provincia.
Su trabajo específico era la traza de rutas y caminos. En su libro autobiográfico “Entre nieves y selvas” comentó: “Los proyectos tenían que ser realizados para 80 y después para 100 kilómetros por hora de velocidad directriz y de ser posible con una pendiente longitudinal que no pasara del 7% y con un mínimo movimiento de suelo. Poder cumplir con eso no era tarea fácil y demandaba muchos esfuerzos con sacrificios y largas caminatas, a veces por laderas empinadas y pedregosas. La línea del trazado se hacía con un instrumento llamado teodolito, midiendo también la longitud de las rectas y los ángulos de las curvas horizontales, dibujando todo en el papel, para tener el control de la dirección deseada del trazado. Al hacer un trazado por una ladera, muchas veces tuve que realizar unas cuantas variantes para poder adaptar el eje del trazado a la velocidad y a pendiente deseada. Cabe destacar que esto demandaba un gran esfuerzo, teniendo en cuenta que el trazado se hacía sin planos de terreno, aprovechando solamente la experiencia y el sentido común. A veces pedía alguna información a los baqueanos que trabajaban en la explotación de los bosques, sobre la configuración del terreno. Realicé algunos reconocimientos aéreos, pero no me ayudaron gran cosa, pues vista desde arriba la selva parecía pareja, o casi”.
Después de vivir siete años en Capioví, Stefan Szymula y su familia se trasladaron a El Alcázar, donde habían comprado un terreno de 22 hectáreas con arroyo y plantaron diez hectáreas de yerba.
Su trabajo en la traza de caminos y rutas, siempre “in situ” le demandó quedarse mucho tiempo en campamentos en el monte, aislado e incomunicado. Ni que hablar en temporadas de lluvia donde las crecidas de arroyos le impedían regresar a su casa los fines de semana. Pero Stefan no estaba solo. Lo acompañaban los peones y sus libros. Era un apasionado por la lectura. Siempre llevaba algunos libros a sus campamentos.
Mientras vivían en El Alcázar, sus hijos comenzaron con los estudios secundarios en la Escuela Normal de Puerto Rico. Primero Claudio, egresado en la Promoción 1964 obteniendo el mejor promedio histórico de dicha escuela. Luego Benicio, egresado de la Promoción 1969, cuyo nombre quedará para siempre en la historia de la ciudad como autor de la letra del himno de Puerto Rico.

Stefan Szymula tuvo mucho que ver con la traza y apertura de importantes rutas provinciales, hoy pavimentadas en su gran mayoría, como por ejemplo la que une El Alcázar con Dos de Mayo y Eldorado-Bernardo de Irigoyen que fueron sus favoritas por la belleza del paisaje. En total, realizó la traza de 1.200 kilómetros de caminos misioneros. El 31 de enero de 1981 se acogió a los beneficios de la jubilación ordinaria, luego de 30 años de servicio activo.
Pero su espíritu inquieto no era para quedarse sentado y contemplativo. Participó como consejero en la Cooperativa Agrícola de Montecarlo, siendo reelecto. Comentó que fue el único polaco entre los consejeros, todos descendientes de alemanes. Al respecto reflexionó: “Ahí recién pude entender cuánta razón tenía el escritor polaco Henryk Sienkiewicz, autor de la célebre obra Quo Vadis y premio Nobel de Literatura en 1905, cuando después de volver de Brasil escribió: “Los alemanes y los polacos que viven en Europa son enemigos, pero amigos cuando viven afuera del viejo continente”. Y he de reconocer que en Misiones me hice amigo de muchos alemanes”.
Después fue electo director de la Asociación Rural Yerbatera Argentina (ARYA) llegando a ocupar el cargo de vicepresidente. En 1983 fue electo concejal del municipio de El Alcázar, pero se desilusionó y concluyó que la política no era lo suyo.
En el lugar donde levantó su casa, un predio de ¼ de hectárea, tenía plantación de frutales, huerta (en la que colaboraba activamente) y jardín. A la familia siempre le gustó alimentarse con gran variedad de frutas, verduras y comidas caseras.
Comunicativo, con gran sentido del humor, Stefan y su esposa Silvia alternaban con amigos, iban a los bailes y participaban asiduamente en eventos culturales.
Sus hijos, luego de concluir estudios secundarios en la Escuela Normal de Puerto Rico, fueron a estudiar a la UNNE. Claudio Saverio, se recibió de médico cirujano, especializado en nutrición. Profesor titular de la cátedra de nutrición en la Facultad de Medicina de la UNNE. Es médico del Hospital Perrando y tiene consultorio propio. En algún momento fue director del hospital de Puerto Rico. Fue ex Presidente de la Federación Argentina de Diabetes (FAD). Y sigue desempeñándose en su profesión en Resistencia. Escribió casi un centenar de libros, muchos aun, inéditos.
Benicio Silvestre, el menor, es ingeniero civil orientado en Vías de Comunicación. Profesor titular en la Universidad Tecnológica Nacional, fue Secretario de Obras Públicas del Chaco y trabajó en la Secretaría de Recursos Hídricos de Corrientes. También fue intendente de Resistencia. En 1991 los esposos Szymula, solos, ya que sus hijos se habían afincado en Chaco, deciden vender su propiedad de El Alcázar y compran una casa en Barranqueras, Chaco, cerca de la residencia de su hijo Benicio. Les costó dejar el paisaje misionero donde pasaron los mejores años de sus vidas, pero ganaron al estar más cerca de sus hijos y nietos.
Extranjero, inmigrante, culto, trabajador en extremo, versátil para adaptarse a las contingencias de la vida. Nos dejó un legado material: enderezó varias de las curvas que tenía la actual avenida San Martín de Puerto Rico, realizó la traza de varias rutas provinciales, pero nos deja algo mucho más perdurable: su ejemplo de honestidad, contracción al trabajo y compromiso ciudadano.
Por Leonor Khun.
Fuentes:
• Aporte de datos del Dr. Claudio Szymula, hijo mayor de Stefan.
• Stefan Szymula: “Entre nieves y selvas”. Libro inédito.
• Revista impresa “Somos Puerto Rico” N° 32, octubre de 2016.





