La evolución de la superficie implantada con yerba mate en la Argentina durante la última década expone con nitidez un proceso de expansión intensa que hoy comienza a mostrar signos de agotamiento estructural. Los datos oficiales del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), correspondientes a octubre de 2025, confirman que entre 2016 y 2025 el área total destinada al cultivo pasó de 165.326 a 231.352 hectáreas, lo que implica un crecimiento acumulado cercano al 40 por ciento.
Durante los primeros años del período analizado, entre 2016 y 2019, el aumento de la superficie fue moderado. En 2018 la expansión interanual alcanzó el 2,58 por ciento y en 2019 apenas el 0,70. Ese comportamiento relativamente contenido cambió de manera abrupta a partir de 2021, cuando el crecimiento saltó al 12,07 por ciento, marcando un punto de inflexión en la estructura productiva yerbatera. Al año siguiente la superficie volvió a incrementarse con fuerza, con una suba del 9,34 por ciento, mientras que en 2023 el avance fue del 6,16. Esa secuencia de aumentos consecutivos generó una incorporación acelerada de nuevas hectáreas, que hoy constituye uno de los principales factores de desequilibrio del mercado.
El quiebre se vuelve evidente al observar los últimos registros. En 2024 el crecimiento se redujo al 3,64 por ciento y en 2025 prácticamente se detuvo, con un incremento interanual de apenas el 0,48 por ciento. Desde una lectura técnica, este comportamiento señala el ingreso del sistema en una fase de maduración, en la que la incorporación de nuevas superficies pierde dinamismo, ya sea por límites económicos, agronómicos o por la creciente incertidumbre sobre la rentabilidad futura del cultivo.
Dentro de este proceso, Misiones ocupa un lugar central y determinante. La provincia concentra históricamente la mayor parte de la superficie yerbatera del país y no solo mantuvo ese liderazgo, sino que lo profundizó. En 2016 Misiones registraba 144.118 hectáreas implantadas, cifra que ascendió a 203.691 en 2025. El incremento absoluto de casi 60.000 hectáreas representa un crecimiento del 41,3 por ciento respecto del año base, y eleva el índice provincial a 141,3 en la comparación interanual. Estos números confirman que la expansión de la yerba mate en la Argentina fue impulsada, en gran medida, por la dinámica misionera.

La aceleración del crecimiento en Misiones se hizo particularmente visible a partir de 2021, cuando la provincia absorbió la mayor parte de las nuevas plantaciones registradas a nivel nacional. Este fenómeno consolidó su peso estratégico dentro del complejo yerbatero, pero al mismo tiempo incrementó su exposición a los riesgos derivados de una eventual sobreoferta. Cuanto mayor es la concentración territorial de la producción, mayor es también el impacto de los desequilibrios de mercado sobre los productores locales, especialmente sobre los de menor escala.
Corrientes muestra una trayectoria diferente y, en cierto punto, más contenida. La superficie yerbatera correntina pasó de 21.208 hectáreas en 2016 a 27.660 en 2025, con un crecimiento acumulado del 30,4 por ciento. En términos de índice, la provincia alcanzó un valor de 130,4 tomando como base el año 2016. Si bien el aumento fue significativo, los datos reflejan una desaceleración más temprana que en Misiones y una clara estabilización a partir de 2023. De hecho, en 2025 se observa una leve retracción respecto del año anterior, lo que sugiere decisiones productivas más prudentes frente al contexto general del sector.
La comparación entre ambas provincias resulta clave para comprender la dinámica global. A partir de 2022, Misiones creció a un ritmo mayor que Corrientes, ampliando de manera sostenida la brecha relativa. Esto implica que el núcleo del crecimiento yerbatero se localiza en territorio misionero y que cualquier política de ordenamiento, regulación o planificación que se implemente tendrá impacto decisivo si se enfoca en esa provincia. En términos prácticos, el equilibrio del sistema se define allí.
El análisis de la evolución por departamentos dentro de Misiones refuerza esta lectura. Distritos como Oberá, Cainguás, General Manuel Belgrano, Guaraní y San Pedro muestran incrementos muy significativos en el período, con expansiones que en algunos casos superan ampliamente el promedio provincial. Este crecimiento territorial, aunque heterogéneo, contribuyó a elevar de manera sustancial el volumen potencial de producción, sin que necesariamente se haya acompañado de un aumento proporcional en el consumo interno o en la capacidad de absorción del mercado.
La lectura estructural del bienio 2024–2025 es, en este sentido, particularmente sensible. La fuerte desaceleración del crecimiento interanual, combinada con una superficie total históricamente elevada, configura un escenario de saturación del área implantada. Desde el punto de vista productivo, esto se traduce en una mayor presión sobre los precios de la hoja verde, en un contexto donde los costos continúan en alza y la rentabilidad del productor primario se ve cada vez más comprometida.
El análisis técnico elaborado por el contador público Cristian Castro pone el foco precisamente en esta cuestión. Según advierte, el problema central del sector yerbatero ya no es la falta de producción, sino la velocidad y la magnitud con la que se expandió la superficie, especialmente en Misiones. Sin instrumentos efectivos de regulación y sin una estrategia clara de agregado de valor, esta dinámica tiende a consolidar excedentes estructurales, debilitar al eslabón primario y concentrar rentas en los tramos industriales y comerciales de la cadena.






