El Gobierno de Estados Unidos anunció el miércoles último un cambio de rumbo en su política alimentaria oficial, al presentar nuevas pautas nutricionales que instan a evitar los alimentos ultraprocesados y los carbohidratos refinados, y a priorizar proteínas de alta calidad, grasas saludables, frutas, verduras y cereales integrales.
Según la hoja informativa difundida por la Casa Blanca, el elevado gasto en salud del país y una esperanza de vida hasta cinco años menor que la de otros países desarrollados están vinculados principalmente a enfermedades crónicas asociadas a la alimentación, como obesidad, diabetes tipo 2, afecciones cardiovasculares y Alzheimer.
El documento oficial sostiene que una reducción sostenida de estas enfermedades permitiría ahorrar alrededor de 600.000 millones de dólares anuales en costos de atención médica. “Lo más costoso que podemos hacer como país es seguir incentivando alimentos que enferman a los estadounidenses y disparan el gasto sanitario”, advierte el texto.
Durante la presentación en la Casa Blanca, el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., fue contundente: “Coman alimentos de verdad”. Además, calificó la medida como “el reajuste más significativo de la política nutricional federal en la historia”.
Desde el Gobierno remarcaron que las nuevas directrices están “basadas en la ciencia y el sentido común”, y que buscan devolver a los alimentos reales un rol central en la prevención de enfermedades.
Por primera vez, las recomendaciones oficiales desalientan explícitamente el consumo de alimentos altamente procesados, incluidos productos envasados, listos para comer, salados o dulces, así como bebidas azucaradas, entre ellas gaseosas, jugos industriales y bebidas energéticas.
Un informe reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reveló que el 55 % de la población estadounidense obtiene más de la mitad de sus calorías diarias de alimentos ultraprocesados, un punto que no había sido contemplado en las guías alimentarias vigentes entre 2020 y 2025.
Las nuevas pautas también establecen que no se recomienda ninguna cantidad de azúcares añadidos, especialmente en niños. En términos prácticos, una comida no debería superar los 10 gramos de azúcares añadidos, mientras que los azúcares naturales -como los presentes en frutas- sí pueden formar parte de una dieta saludable.
Asimismo, se aconseja limitar el consumo de productos con saborizantes, colorantes, edulcorantes artificiales y conservantes, y se destaca la importancia de la salud intestinal y del microbioma, promoviendo alimentos ricos en fibra, frutas, verduras y productos fermentados.
Otro de los puntos centrales del nuevo enfoque es el llamado a “poner fin a la guerra contra las grasas saludables”. Las directrices recomiendan obtener la mayor parte de las grasas alimentarias de fuentes integrales, como carnes, aves, huevos, pescados, frutos secos, lácteos enteros y aguacates.
En este sentido, se produce un cambio relevante respecto de las guías anteriores, que priorizaban productos descremados o bajos en grasa. Ahora, se sugiere dar preferencia a lácteos con mayor contenido graso, manteniendo la recomendación de consumir tres porciones diarias.
Las directrices dietéticas sirven de base para programas federales de alimentación, como el SNAP y los programas de comidas escolares, por lo que el Gobierno sostiene que su implementación podría reducir drásticamente las enfermedades crónicas y el gasto sanitario en los próximos años.
Fuente: Agencia de Noticias NA





