“De la reserva a la sala” es una muestra que conjuga la restauración y conservación del arte provincial con la innovación de la inteligencia artificial. La exposición reúne alrededor de 60 obras, entre pinturas y esculturas; y permanecerá abierta durante los meses de enero y febrero en el Museo Provincial de Bellas Artes Juan Yaparí (Sarmiento 1885), en la capital misionera. La entrada es libre y gratuita.
La propuesta pone en valor parte del acervo pictórico y escultórico provincial que se encontraba en guarda, y que hoy vuelve a exhibirse gracias al trabajo realizado en el primer Laboratorio de Conservación y Restauración de la provincia, que funciona en el propio museo. Muchas de las piezas expuestas superan los cien años de antigüedad y nunca habían sido mostradas al público.
La muestra se despliega en dos espacios del edificio. En el entrepiso se presenta una serie de retratos de gobernadores, integrada por 18 obras realizadas por los artistas Lucas Braulio Areco y Nicolás Reviakin, que abarcan más de dos siglos de historia misionera. Cada pieza cuenta con un código QR que permite al visitante acceder a una breve reseña del mandato del protagonista, narrada en primera persona mediante el uso de inteligencia artificial.
En la planta baja se concentra la mayor cantidad de obras, junto a material gráfico que explica el proceso de restauración de una pieza, desde su estado original hasta su recuperación final. Además, el museo propone la modalidad de laboratorio abierto, que permite al público conocer de cerca las tareas de conservación y puesta en valor del patrimonio. Desde la organización destacaron que la iniciativa busca acercar el patrimonio cultural a la comunidad, promover su conocimiento y fomentar su cuidado. La muestra puede visitarse de lunes a viernes de 8 a 12 y de 17 a 21 horas, y los sábados y domingos de 17 a 21.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Laura Lagable, subsecretaria de Coordinación de Fomento y Regiones Culturales, destacó que la muestra “es una demostración del enorme trabajo realizado durante el último año”, y subrayó la importancia de contar con un laboratorio propio. “Es importante contar que no solo es la limpieza, sino es el mantenimiento del día a día de todas las obras”, señaló.
La funcionaria comentó que se exponen alrededor de 60 obras, entre cuadros y esculturas, pertenecientes a la colección del museo Juan Yaparí que cuentan con permanentes cuidados “porque a veces es solamente un pincel y sacar el polvo, pero en otras hay que hacer una intervención más minuciosa”.
Por su parte, Estela Garma, restauradora, museóloga y magíster en Cultura Guaraní-Jesuítica, explicó que desde hace varios años colabora de manera permanente con la gestión del Museo Yaparí, realizando un trabajo sistemático de cuidado y conservación de la colección de obras que cuenta el espacio y brinda asesoramiento e interviene en piezas patrimoniales cuando así lo requieren distintas instituciones gubernamentales. A su vez, contó que el museo impulsa la modalidad de laboratorio abierto, que permite mostrar al público, en determinadas instancias, el trabajo previo a una intervención, siempre con extremo cuidado.
Garma señaló que la principal causa del deterioro de las obras está vinculada al clima de Misiones, especialmente a la temperatura y la humedad, que afectan materiales como la madera, la tela y la pintura. “No tenemos obras que hayan sufrido vandalismo, sino daños provocados por factores ambientales”, explicó.
En ese sentido, indicó que el laboratorio incorpora una infografía dentro de la exhibición donde se detalla cómo se encuentra una obra al momento de su ingreso, a partir de un relevamiento exhaustivo de los deterioros, acompañado de registros fotográficos del antes, durante y después de la intervención. “De esa manera determinamos cuál es la ‘enfermedad’ de la pieza y cómo vamos a subsanarla”, explicó.
En este sentido, comentó, según el caso, se pueden aplicar limpiezas superficiales en seco o limpiezas químicas más profundas, destinadas a eliminar distintos agentes de deterioro, como restos orgánicos de insectos, manchas grasas o barnices oxidados. Una vez finalizada la limpieza, se avanza en el refuerzo de la estructura de la obra. “Puede faltar soporte, madera o tela, y todo eso se repone”, detalló. Luego se restituyen los distintos estratos que componen la obra, especialmente en aquellas pinturas que presentan múltiples capas, y finalmente se aplica una protección final que garantiza su estabilidad y conservación. “A grandes rasgos, ese es el proceso, pero cada obra es única. Siempre hacemos un paralelismo con la medicina: tratamos a las obras como pacientes, y cada una requiere un abordaje específico de acuerdo a su deterioro”, indicó.
Asimismo, para intervenir una obra, se realiza una investigación exhaustiva del artista, que permite comprender cómo construyó su producción, así como el contexto histórico en el que fue realizada. “No es lo mismo abordar una obra contemporánea que una colonial o una pieza mucho más antigua”, explicó Garma. Todo el proceso está acompañado por análisis científicos, que permiten detectar si una obra fue intervenida previamente, si presenta repintes y cuáles son los deterioros existentes y sus causas. “La idea es siempre subsanar el problema de raíz”, señaló.
“Si pudiésemos, realizar la preservación en todas nuestras instituciones que tienen bienes importantes, no haría falta llegar a una conservación o a una restauración que es algo más excepcional. Si trabajamos en todo lo que es educación, concientización, en el cuidado del entorno en el cual se encuentra un bien, evitamos cualquier deterioro. Entonces no existirían los restauradores, si trabajásemos en todo lo que es la preservación” reflexionó.









