Anahí Fleck
Magister en Neuropsicología. 0376-154-385152
El amor sano en libertad se sostiene sobre bases neurobiológicas de apego y regulación afectiva; el mismo requiere autonomía responsable y se apoya en intuiciones adaptativas que la razón supervisa casi permanentemente.
Los sistemas afectivos básicos (búsqueda, apego, cuidado) son pilares biológicos que explican por qué los vínculos sostienen la supervivencia y la salud mental.
Así mismo, los sistemas cerebrales básicos explican por qué los vínculos son primordiales para la supervivencia y la salud mental; la libertad relacional opera sobre esa base biológica permitiendo elecciones conscientes en el vínculo. La investigación sobre la neurobiología del apego muestra la interacción de oxitocina, dopamina y circuitos de recompensa que organizan la motivación social y la sincronía bioconductual, esa que ocurre cuando dos o más personas interaccionan.
Para ello la regulación afectiva y desarrollo del yo juegan un papel fundamental en el desarrollo emocional temprano (especialmente del hemisferio derecho), donde se modela la capacidad de vincularse con libertad y responsabilidad. En el consultorio de la vida, trabajar la co regulación es central para restaurar vínculos sanos. La distinción entre procesos rápidos e implícitos (intuición) y razonamiento deliberado está bien descrita por la teoría de procesos duales (Sistema 1 y Sistema 2), lo que ayuda a entender cuándo seguir una corazonada y cuándo detenerse a reflexionar para evitar riesgos.
De hecho, la intuición en sí funciona muy bien como mecanismo adaptativo frente a la novedad, pero ésta requiere entrenamiento, confianza y traducción de las señales que envía la intuición a nuestro cerebro. Estudios antropológicos y neurobiológicos demuestran que circuitos de recompensa y apego se diferencian del deseo y la atracción; esto ayuda a conceptualizar fases en los vínculos y medir riesgos de confundir impulsos con compromiso. En modelos clínicos basados en apego, las terapias como la Terapia Focalizada en las Emociones (EFT) traducen la evidencia de apego en protocolos para reparar vínculos, enfatizando seguridad, expresión emocional y responsabilidad relacional.
Desde el punto de vista neurobiológico, la intuición emerge de redes cerebrales que integran información sensorial, memoria y emoción de forma paralela y automática (por ejemplo, circuitos límbicos y regiones asociativas corticales). Estos procesos implícitos codifican patrones y probabilidades sin acceso consciente (en principio), permitiendo respuestas rápidas pero difíciles de verbalizar; recientes marcos neurodinámicos conceptualizan la intuición como un mecanismo de “diseño de soluciones o pathfinding” cerebral que optimiza la relación con el entorno. El hemisferio derecho y las redes límbicas facilitan la detección rápida de señales emocionales y contextuales.
El amor sano, la libertad y la naturaleza -esa fuerza instintiva que nos sostuvo durante generaciones-, al ser atravesada por la intuición, puede ablandar la mirada, aumentar la percepción y la autorregulación y, por tanto, favorecer la coregulación grupal, transformando lo cotidiano en momentos cuidados y responsables que emergen de estados de conciencia plena.
¿Cómo lograrlo? Cada persona es un mundo en particular; la fórmula no es universal. La práctica clínica y comunitaria en espacios de aprendizaje permiten identificar el método que cada individuo necesita: trabajo sobre apego, ejercicios de regulación afectiva, prácticas somáticas y entrenamiento de la atención que cultivan la confianza y la intuición sin renunciar a la reflexión.
¿Te animas a descubrir tus formas para combinar en justa medida intuición y pensamiento deliberado en amor, libertad y de acuerdo con tu propia naturaleza?








