La caída de Nicolás Maduro no fue solo el resultado de una decisión militar de Estados Unidos, sino también el desenlace de una negociación política previa que tuvo como figura central a Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen y ahora aceptada por Washington como interlocutora válida para la transición en Venezuela.
El presidente Donald Trump apostó a un acuerdo pragmático: desplazar a Maduro, asegurar intereses estratégicos -especialmente energéticos- y sostener un gobierno con el que pudiera negociar. Según detalló The New York Times este domingo, Maduro rechazó a fines de diciembre un ultimátum del presidente de Estados Unidos para abandonar el poder y aceptar un exilio en Turquía.
Ese gesto terminó de convencer a la Casa Blanca de avanzar con la opción militar, pero el reemplazo ya estaba definido: Rodríguez aparecía como una dirigente “más profesional”, capaz de garantizar estabilidad económica y resguardar futuras inversiones estadounidenses en el sector petrolero.
En el artículo “Cómo Trump eligió a un leal a Maduro como nuevo líder de Venezuela”, publicado por The New York Times con autoría de los periodistas Anatoli Kurmanaev, Tyler Pager, Simón Romeroy y Julie Turkewitz, se conoció que funcionarios del entorno de Trump destacaron su rol en la recuperación parcial de la producción de crudo y su capacidad para administrar la economía en medio de sanciones.
“No es una solución definitiva, pero es alguien con quien podemos trabajar”, admitió un alto funcionario de Trump. El entendimiento incluyó, según conversaciones preliminares, la continuidad de restricciones petroleras como herramienta de presión, pero también la posibilidad de flexibilizar permisos para empresas estadounidenses si el nuevo liderazgo coopera.
Rodríguez, de 56 años, llega al centro del poder con un perfil técnico y una red de vínculos con empresarios, diplomáticos e inversores extranjeros. Aunque nunca rompió públicamente con el aparato del madurismo/chavismo, su figura es vista por sectores económicos como un puente posible entre el viejo régimen y una normalización gradual.
Su capacidad para sostener ese equilibrio, y para cumplir con las condiciones impuestas por Washington, definirá el futuro inmediato de Venezuela.
La decisión de Trump implicó además un fuerte desplazamiento político: Washington dejó de lado a María Corina Machado, ganadora de las elecciones presidenciales de 2024 y recientemente distinguida con el Premio Nobel de la Paz. Pese a sus reiterados gestos de alineamiento con el expresidente estadounidense, Trump consideró que carecía del respaldo interno necesario y optó por una figura surgida del propio chavismo.
Mensaje a Delcy
“Estados Unidos trabajará con los líderes actuales de Venezuela si toman “las decisiones adecuadas”, dijo este domingo el secretario de Estado, Marco Rubio.
“Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro”, reforzó Trump en una entrevista telefónica con The Atlantic.
“Vamos a juzgar todo por lo que hagan, y vamos a ver qué hacen”, dijo Rubio en el programa “Face the Nation” de CBS News. “Sí sé esto: que si no toman las decisiones adecuadas, Estados Unidos mantendrá múltiples palancas de presión”, añadió.
A última hora del sábado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela ordenó que Delcy Rodríguez asuma la jefatura del Estado. En un comunicado oficial, la presidenta de la Sala Constitucional, Tania D’Amelio, sostuvo que la Constitución establece que el vicepresidente debe reemplazar al presidente en casos de ausencia, como el que atraviesa el país tras el ataque de EEUU.
Donald Trump afirmó que Delcy Rodríguez podría liderar una etapa de transición en Venezuela, aunque la vicepresidenta rechazó cualquier subordinación a Washington.
En ese texto, el tribunal calificó la detención de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, como un “secuestro” y una “agresión extranjera”, y otorgó a Rodríguez la responsabilidad de liderar la “defensa de la soberanía” y de “preservar el orden constitucional”. Horas antes del fallo del TSJ, Rodríguez ya había hablado. En un mensaje televisado desde Caracas, condenó la acción de Estados Unidos y calificó la captura del presidente como un “secuestro ilegal e ilegítimo”. “Lo que se le está haciendo a Venezuela es una barbarie”, aseguró en una alocución transmitida en cadena nacional de radio y televisión. “Sitiarla, bloquearla, es una barbarie que violenta todo mecanismo del sistema de derechos humanos internacional y configura delitos de lesa humanidad. Que ningún bloqueo pretenda torcer la voluntad de este pueblo”, afirmó.
¿Hubo un traidor?
La sorpresiva captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, por parte de fuerzas militares estadounidenses ha desatado fuertes interrogantes sobre una posible traición dentro del círculo íntimo del mandatario.
Según un análisis de la cadena Fox News, la facilidad con la que se llevó a cabo la operación sugiere que Maduro pudo haber sido entregado por alguien de su propia élite gobernante. El foco de las sospechas recae sobre la falta de respuesta de las Fuerzas Armadas, las cuales “no parecen haber opuesto resistencia alguna” a la incursión extranjera, a pesar de contar con un vasto poderío militar.
El reporte destaca el comportamiento de dos figuras centrales del chavismo: uno de ellos es Diosdado Cabello, el ministro del Interior, considerado tan poderoso como Maduro, se perfila ahora como el “heredero indiscutible” del movimiento; el otro es Vladimir López, jefe de las Fuerzas Armadas, quien condenó la “agresión militar criminal” y el uso de misiles en Fuerte Tiuna, pero analistas calificaron su respuesta como “hueca” ante la pasividad de las tropas.
“El objetivo de Trump es la mayor reserva global de petróleo”
La expresidenta Cristina Kirchner rompió el silencio tras la captura de Nicolás Maduro, calificando el accionar de Estados Unidos como un “secuestro literal” que viola el Derecho Internacional.
A través de sus redes sociales, advirtió que la administración de Donald Trump “volvió a cruzar un límite que muchos pensábamos que no volvería a ocurrir”.
Kirchner vinculó el operativo militar con la histórica política del “Gran Garrote” (Big Stick), señalando que este tipo de intervenciones directas generaron en el pasado “atraso económico y social” en la región.
Petróleo y geopolítica: la hipótesis de CFK
En su descargo, la dirigente peronista desestimó las justificaciones oficiales de Washington sobre la lucha contra el narcotráfico o la restauración democrática:
• El objetivo real: afirmó que el fin de la “Operación Resolución Absoluta” es “apoderarse de la mayor reserva a nivel global de petróleo convencional… A cara descubierta”.
• Peligroso precedente: alertó que el hecho, que “produjo la muerte de numerosas personas”, sienta un antecedente que habilitaría a cualquier potencia a violar la soberanía territorial de países más débiles para apropiarse de sus recursos.
¿Qué es la política del “Gran Garrote” que citó CFK?
La política del “Gran Garrote” (Big Stick) hace referencia a la diplomacia estadounidense de principios del siglo XX, impulsada por el presidente Theodore Roosevelt.
Se basaba en el uso de la fuerza militar y la intervención directa en países de América Latina para proteger los intereses estratégicos y económicos de Estados Unidos, legitimando acciones unilaterales bajo el pretexto de mantener el orden en el hemisferio.









