El comisario general y exdirector de Bomberos de la Policía de Misiones, Jorge Sommariva, pasó más de la mitad de su vida respondiendo al sonido de la sirena. Fueron 32 años en total: tres de formación en la escuela y 29 ininterrumpidos en la Policía de Misiones; los últimos tres los cumplió al frente de la Dirección de Bomberos.
Luego de una carrera donde la capacitación fue una constante, Sommariva, alcanzó el grado de Comisario General y fue puesto al frente de la fuerza. Finalmente, el 7 de diciembre último “colgó el uniforme”, razón por la cual fue convocado por PRIMERA EDICIÓN para repasar su trayectoria.
La fecha del inicio de su gestión casi coincidió con el de su retiro: fue el 8 de diciembre de 2023, Día de la Virgen. Su llegada al frente de la institución, había coincidido con el final de una de las sequías más duras que golpeó a la tierra colorada, que luego dio paso a un presente marcado por el fenómeno de El Niño, con más lluvias, pero también tormentas más letales.
“Tenemos un clima prácticamente tropical, dejó de ser subtropical y los eventos severos, lo son cada vez más”, analizó con ojo técnico.
Actualmente, desde la tranquilidad del retiro observó los nuevos desafíos que enfrentan sus camaradas: “tornados, vientos fuertes y tormentas severas; son eventos donde el bombero tiene que estar”.
Cuando Sommariva ingresó a la fuerza, el mundo era otro, contó que “no existían ni computadoras en la Policía. Todo se hacía con máquina de escribir mecánica”. Su perfil técnico, egresado de una escuela industrial como Técnico Mecánico, marcó un cambio tecnológico que ya no pararía nunca más.
“Yo innové con una máquina de escribir eléctrica, y al principio nos rechazaban. Los antiguos querían que se notara el golpe de la tecla mecánica”, recordó con una amplia sonrisa sobre esa resistencia al cambio propia de cualquier institución con historia.
Pero la tecnología se impuso. De aquellas teclas duras pasaron a la informática y, hoy, a la Inteligencia Artificial y a los drones con cámaras térmicas.
“El uso de la tecnología es una herramienta fundamental que implementa el Gobierno en la lucha contra el crimen y los incendios”, explicó.
“Estos ‘ojos’ en el aire permiten determinar el origen del fuego, ver cómo se propaga y detectar fuentes de calor invisibles al ojo humano, salvando vidas y optimizando recursos en una provincia que cuenta con 18 dependencias policiales de bomberos y un cuartel de rescate complejo”, dijo enfático.

Cambio cultural: el fin de la quema de basura
No obstante, uno de los logros que más destacó Sommariva no tiene que ver con equipamiento, sino con la conciencia social.
“Hace no tantos años, en Misiones, tradicionalmente el vecino estaba acostumbrado a la quema de basura en los fondos de las casas, eso ha cambiado. Yo recuerdo que antes un 100% de los vecinos quemaba la basura en sus patios. Hoy, gracias a las campañas de prevención y a que la recolección de residuos en ciudades como Posadas es eficiente, eso bajó a un 10% o máximo a un 15%”, detalló.
Sin embargo, el hombre advirtió que la práctica persiste como “herramienta de limpieza” de terrenos baldíos o pastizales, generando riesgos innecesarios.
“La gente quema supuestamente para ‘limpiar’ eso trae consecuencias graves, la propagación a predios vecinos”, señaló, remarcando que el trabajo del bombero no es solo apagar las llamas, sino la prevención técnica y edilicia que realizan hace 40 años junto a ingenieros y arquitectos.
Sin embargo, el comisario general retirado no es solo un hombre de acción; es un académico de la emergencia. Se recibió de Ingeniero y Licenciado en Sistemas de Protección contra Siniestros, además de especializarse en pericias de explosivos.
“Yo apuntaba a aplicar los conocimientos técnicos de la escuela industrial dentro de la Policía”, explicó.
La vida le tenía preparado otro camino, ya que esta formación fue clave para modernizar el área técnica de Bomberos, que hoy avala los proyectos de seguridad de cada edificio que se construye en la provincia.

Memorias del primer día de operaciones y del último
La memoria de un bombero es, sin duda, un archivo de momentos límite. Jorge Sommariva no olvida su primer día de trabajo: “En mi primer día me tocó responder a un caso de homicidio. Habían matado a una persona, la enterraron en el fondo de una casa y le metieron cemento arriba. Tuvimos que ir con la morguera a picar el concreto para sacar el cuerpo”, rememoró.
Durante la charla también trajo a su memoria el estruendo de 2003, cuando una explosión de gas en una vivienda de la calle Lavalle y Martín Fierro sacudió el barrio.
“Una garrafa de 45 kilos hizo volar toda la casa, rompió vidrios a 500 metros a la redonda y dañó a otras 13 casas. Fue una detonación por volumen”, describió con precisión de perito. A su vez, su carrera cerró con otro hecho histórico: el doloroso siniestro del arroyo Yazá en cercanías de Oberá, una tragedia que dejó 9 fallecidos y 29 heridos, fue la que marcó el final de su etapa operativa. Hoy, aunque el teléfono ya no suena 500 veces al día, Jorge sigue ligado a la formación. Da clases en el Instituto Universitario de las Fuerzas de Seguridad, con el afán de transmitir su experiencia a los cadetes.
“El que comienza tiene que hacerlo con pasión. Somos policías hasta la muerte. No nos jubilamos, nos retiramos, y estamos listos para volver si nos llaman”, cerró orgulloso.









