Enszo, su hermana Ruth y sus padres Anabela y Sergio ya están en México y este lunes comenzarán a hacerle los estudios al niño en el Centro NeuroCytonix, antes de comenzar los 28 días de tratamiento de medicina neuroregenerativa.
Sus padres saben que Enszo no se curará de la parálisis cerebral, epilepsia refractaria y cavernoma de la vena porta pero tienen muchas expectativas porque este tratamiento experimental permitió en muchos pacientes activar nuevas conexiones neurológicas, mejorando su calidad de vida.
Para abaratar costos, la familia viajó en Año Nuevo “salimos desde Oberá el 31 hasta Asunción. Llegamos a México el 1 de enero muy tarde y nos encontramos con todo cerrado, ya sin carga en los celulares y acá los enchufes son diferentes, para 110 voltios… no teníamos ni para llamar al Uber. Pero bueno, ahora ya nos estamos acomodando con todo, tenemos cargador, encontramos supermercado para poder comprar lo básico para cocinarnos porque acá la comida es muy picante”, contó Anabela.
“Estamos felices”
La familia alquiló un departamento a unos pocos kilómetros de la clínica, “nos vendrán a buscar todos los días para el tratamiento que es una hora por día, durante 28 días. Este lunes y martes le harán los estudios previos que incluye mapeo cerebral, resonancia magnética y análisis de sangre y estos mismos estudios le repetirán luego de los 28 días de tratamiento. Terminaremos el 6 de febrero”, contó su mamá a PRIMERA EDICIÓN.
Los padres de Enszo contaron con el apoyo incondicional de los obereños y de los misioneros en general para poder juntar los 40.000 dólares necesarios para pagar el tratamiento y los gastos para viajar y permanecer poco más de un mes en México. “Estamos tan felices de haberlo logrado, la gente 100% pendiente… tenemos más de 60 mensajes para responder en las redes en este momento y estamos más que agradecidos con todos”, aseguró Anabela.

Casa propia
Como si fuera poco, después de estar más de diez años anotados en el IPRODHA para recibir una vivienda adaptada, la familia por fin recibió la casa dos días antes de salir para México. “Fue una bendición y nuestro corazón explotaba de felicidad… y también de nervios porque al otro día teníamos que descargar los servicios y hacer muchos trámites. La verdad es que se nos juntó toda la locura con los preparativos para el viaje pero nos ayudaron mucho los abuelos y tíos… fue un huracán de emociones”.
Anabela confió que siente mucha esperanza respecto a los resultados del tratamiento. “Nos encontramos con un país con mucha tecnología, una ciudad mucho más inclusiva donde todos los autos están adaptados para sillas de ruedas… la verdad es que nunca habíamos salido de Argentina y de golpe nos tomamos tres aviones y estamos en este lugar impensable donde nuestro hijo recibirá el tratamiento que puede ayudarlo a mejorar”.
Resiliencia y perseverancia es lo que define a estos papás. “Hace muchos años que venimos luchando contra todas las burocracias, tenemos muchas familias que nos escriben y nos agradecen porque ahora tienen más información en determinadas cuestiones, nos cuentan que antes no se animaban a salir a ningún lado y que ahora se animan… es muy esperanzador, estamos muy conformes con todo lo que pasó, sea cual sea el resultado del tratamiento de Enszo, este proceso fue un antes y un después en nuestras vidas”.
Aunque la familia de Enszo recibió el apoyo de muchas personas, también fue cuestionada. “No es fácil salir a pedir ayuda ni la exposición, porque así como nos encontramos con gente buena también nos cuestionaron porque tenemos trabajo… pero lo cierto es que para hacer un tratamiento médico en otro país el sueldo de un trabajador promedio en Argentina no alcanza”, argumentó Anabela.

Un primer día del desafiante
Viajar en Año Nuevo permitió a la familia reducir el costo de los pasajes a la mitad. Pero no previeron que durante las escalas no encontrarían ningún negocio de comida abierta, “por suerte, teníamos un pan dulce y unas empanadas”, confío Anabela.
Lo peor fue que, cuando llegaron a México, a última hora de ese primer día del 2026, tampoco encontraron muchas opciones para comer y lo poco a lo que accedieron era muy picante. “Todo tienen salsa picante y Enszo está acostumbrado a comer alimentos muy livianos”, contó su mamá.
Ya instalados, el problema se resolvió porque compran en el supermercado y preparan sus propias comidas. “Salvo carne roja, que es muy cara, compramos de todo un poco, verduras, pollo y algo de pescado”, confió Anabela.







