María Rosa Titus y Juan Carlos Marchak, enviados especiales
Para Elvio Esteban Oztryzniuk (49) es inevitable tararear una melodía o pensar la letra para un nuevo tema mientras encara las tareas de la chacra, en la profundidad de la colonia Bello Horizonte, donde el verde de teales y yerbales contrasta con la intensidad del Valle del Cuñá Pirú. Son dos tareas que sabe conjugar y que disfruta hacerlas, más allá que las heredó de sus padres y abuelos.
A los 14 años sus padres, Petrona Grabovieski y Pedro Oztryzniuk y sus hermanas -Ana, Cristina y Liliana- le compraron el acordeón, que fue su primer instrumento. “Estaba cursando el secundario en Aristóbulo del Valle y el profesor Julio Payeska, de San Vicente, venía una tarde por semana para enseñar a un grupo de veinte chicos, sobre distintos instrumentos. Era en una sala donde estábamos todos juntos. Él fue mi guía. Fue quien me inició y me ordenó un poco la parte del instrumento”, recordó, al hablar de sus primeros pasos en la música, que considera “algo muy especial”. Tuvo la posibilidad de volver a la chacra y siguió ensayando solo. Después se juntaba con los amigos en algún campamento y tocaba el acordeón mientras comían y tomaban algo.
“Ellos fueron quienes incentivaron a que el gusto por la música avance. Después con mi compadre, Jorge Daneluk, formamos Musical Los Colonos, yo hacía teclado y él, acordeón”, comentó. La primera vez que tocaron fue en un casamiento, el 22 de agosto de 1998. La fecha quedó registrada. “Fue muy lindo y muy difícil a la vez porque en lo que respecta a lo bailable, a la parte de escenario y de actuar para la gente, no tuvimos una guía, no tuvimos a nadie con experiencia que nos dijera: esto va para acá, esto va para allá. Nos mandamos así como nos salía del alma. Improvisábamos, lo que se nos ocurría. Y la música es algo así como que, si no brota bien de adentro, no podés transmitirla. Me pasó y me sigue pasando que en las fiestas en las que actuamos, solo importa el público que está ahí adentro, interactuando con los músicos, y no existe nada afuera. Te olvidás de todo porque se genera un ambiente muy lindo, increíble”. Eso fue lo que hasta ahora lo sigue motivando, “la pasión por ir a compartir con la gente, transmitirle alegría, que se pueda divertir, que pueda disfrutar, que tengan un momento lindo en un tiempo de su vida. Y esa pasión que sentís no te pesa después para levantarte tempranito para afrontar una jornada dura de trabajo”.

algunos temas propios que se van dando a conocer en la zona en la que actúan.
Oztryzniuk siempre vivió en la chacra y siempre tuvo el apoyo de la familia. “Papá se bancaba que, una o dos veces a la semana fuera a ensayar, que los fines de semana le ocupara la camioneta y lo dejara sin movilidad porque había solo un auto. El apoyo es fundamental. Ahora que tengo mi familia –esposa Romina e hijos: Thania, Katiana, Mara y Pedrito– ese apoyo continúa, inculcando que siga, que vaya con ganas, sin caras largas, porque si no salís bien de la casa, no podés transmitir nada. Estar bien es fundamental”, aseveró.
Su padre le compró el instrumento “porque yo siempre quería uno…. Es que vengo de familias de músicos. Por parte de papá, el abuelo Esteban tocaba el violín en los casamientos ucranianos que se extendían por varios días. En ese entonces se trasladaban en carro tirado por bueyes o caballos. Si era lejos, salían uno o dos días antes. Tenían que tocar el viernes, sábado y domingo y regresar. Papá me contaba que a veces le tocaba conducir el móvil para los dos músicos, mi abuelo y el acordeonista, que era un vecino. Dice que iban cantando y luego de tres días de música, volvían cantando. Eso es interesante. Había que tener aguante, capacidad, tener pasión, realmente”. Y el apellido de su mamá era Grabovieski. “Por esa parte ya sabemos que tenemos músicos de renombre. Así que por ambos lados tengo ascendencia musical”, dijo quien es parte de la comisión de la parroquia católica de rito bizantino “Espíritu Santo” de Jardín América, y de la colectividad ucraniana en la Fiesta Provincial Las Raíces.
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Producción de yerba mate y té
Don Pedro Oztryzniuk compró la chacra en la que reside Elvio y familia, en 1956. “Esto era todo monte. No tenía acceso, no había caminos, no se podía entrar ni a caballo. En ese entonces, se quedaba en la casa de su hermana, María, casada con Pablo Pauluk, que vivía en una chacra pasando Jardín América hacia Hipólito Yrigoyen. Desde allí venía caminando los domingos para trabajar acá durante la semana. Los días viernes volvía a casa de sus parientes, de lo contrario, ellos venían a verlo. Se entendía que si no lo hacía, algo había pasado. Ese era el trato que tenían, porque en ese entonces no había comunicación. Todo el trecho se recorría caminando”, manifestó.
Desde esta chacra hasta Jardín América, transitando por la ruta 7 son 17 kilómetros. Antes, sus familiares salían hacia la ruta 12, cruzaban por Puerto León, y se dirigían a Jardín América, por lo que eran más kilómetros los que hacían por semana. “Papá comenzó con la producción de yerba mate y té y yo sigo con eso, que es nuestra actividad principal. Después viene todo lo que significa tener una chacra, que es la producción para alimentar a los animales vacunos, cerdos, gallinas, lo que necesita tener un productor para vivir en la colonia”, añadió.
La jornada comienza muy temprano. “Nos levantamos entre las 4.30 y 5 y el día se estira hasta el oscurecer. Y las noches de baile se hacen largas porque el sábado se arranca muy temprano y nos acostamos el domingo. Volvemos a casa ya de día, sobre todo, por las distancias. Así que es sacrificado, pero es satisfactorio. Eso es lo que nos sigue llevando”, señaló.

Agradece a Dios porque “todavía nos mantenemos y seguimos animando fiestas y algunos bailes en la zona. Estamos activos. Viajamos a Campo Viera, Aristóbulo del Valle, Jardín América, Puerto Rico, Eldorado, un abanico así de lugares donde podemos mostrar lo que hacemos”. Ejecutan música ucraniana con acordeón -falta un violín-, y la música germánica para la que se utiliza mucho instrumento de viento. “La música de Brasil influye mucho, también la de Paraguay y el chamamé que siempre está presente. Estamos trabajando bien, con un lindo grupo y pudimos ampliar un poco, ofreciendo también música tropical”, sintetizó. Y la idea es que alguno de sus hijos pueda continuar con este legado el día de mañana. Cree que “se les hará más fácil, si yo estoy en el camino. Que puedan ver, mamar algo de lo que estoy haciendo, porque a esa posibilidad yo no la tuve y fue difícil”, expresó.
Pero con el tiempo “te das cuenta de algunas cosas. Cuando añadimos a otros integrantes, me di cuenta que venían mejor preparados, con más cancha sobre el escenario. De eso fuimos aprendiendo. Nos empezaron a enseñar cómo llevar esta vida musical”.
Pero “estoy feliz. Estoy contento. Disfruto mucho de lo que hago, de donde vivo, de la familia, del trabajo en la chacra, cuando me toca cosechar té es, por lo general de noche, porque la temperatura es más agradable. No me cuesta levantarme para ir a hacerlo y cuando estoy trabajando me agrada lo que hago. Creo que el colono, el que vive en la chacra, si no tiene amor por lo que hace y no disfruta de lo que hace, se va. Hoy pasa mucho eso, las colonias están quedando vacías. Cuando era chico, en cada chacra por medio había una familia. Hoy queda el 10%. Y así pasa en toda la provincia y es preocupante. Convencer a alguien que se quede, cuando ves los números, cuando ves el tiempo, la organización que tenés que tener para todo, no es fácil. No tenemos un sueldo. Si cobramos todo de una vez, tenemos que estar agradecidos y tenemos que saber manejarlo hasta la próxima cosecha”, señaló quien también es vicepresidente del Consejo de Administración de la Cooperativa Agrícola Ruiz Montoya. Con la familia “estamos a full con todo y Dios nos bendice”, sentenció Oztryzniuk.

Listos para actuar
Pasaron los años y a Daneluk le surgió la posibilidad de formar algo con su hijo y Oztryzniuk siguió con Musical Los Colonos. Con los integrantes actuales: Rubén Hartman en teclados, trompeta, trombón y voz. Martín Hann en trompeta, trombón y saxofón. Joselo Thaner en bajo. Héctor Stofel en guitarra y voz. Y Elvio en acordeón y tecleado, además de ser el director del grupo, “estamos formados ya más al estilo banda”.
El grupo logró componer algunas canciones y registrar algunos temas propios “que van naciendo así… no sé cómo explicarlo, es algo que brota y le vas añadiendo, ejecutando y en algún momento formás algo. Mientras estoy cosechando, limpiando, trabajando, en mi cabeza va sonando la música, una canción u otra”.




