En el CEP 8 de Oberá se vivió un acto de colación único el último jueves. Este año, Alan y Richard Boichuk, dos hermanos sordos de 18 y 21 años, lograron finalizar sus estudios de nivel secundario tras varios años de estudio y acompañamiento de sus padres y de toda la comunidad escolar.
El camino no fue fácil para estos dos jóvenes, pero hoy reconocen que valió el esfuerzo: cerraron el quinto año como escoltas acompañantes de la Bandera nacional y proyectan para el año próximo seguir sus estudios en un instituto superior de la localidad.
“Quiero decirle a las personas sordas que lo pueden lograr, que se animen, que continúen su escuela secundaria, su educación media, que acá en el CEP 8 pueden lograrlo”, expresó Alan, en un mensaje dedicado a quienes enfrentan desafíos similares y que resume una experiencia educativa marcada por el esfuerzo compartido y la superación.

El inicio de un recorrido
Ricardo Ascona, director del CEP 8, contó en diálogo con PRIMERA EDICIÓN que la experiencia “fue un desafío” para toda la escuela. Todo comenzó en 2020 por un pedido que llegó desde la Escuela Especial 13 de la misma localidad, con la que hoy coordinan el ingreso de varios estudiantes.
La consulta en aquel momento fue para que Richard inicie sus estudios en el CEP. “Acá no contamos con un gabinete psicopedagógico o multidisciplinario, entonces, con la ayuda de la Escuela Especial, que tiene un psicólogo y una psicopedagoga, pudimos empezar”, recordó Ascona.
En esa etapa, reconoció que hubo “un miedo a lo desconocido”, ya que en la escuela no tenían antecedentes de trabajo en una experiencia similar.
Richard también recuerda ese momento de incertidumbre. “La primera vez que vine, al verme con compañeros oyentes, me sentía un poco nervioso porque claro, no entendían las señas”, relató. Su ingreso ocurrió en 2020 y el de Alan dos años más tarde, en tercer año.
De a poco, ese nerviosismo inicial se transformó en compañerismo y en interés por aprender. “Nos pudimos comunicar muy bien. Aprendieron primero lo que es el deletreo, otros también se interesaban en aprender un poco más de lengua de señas, querían y quieren seguir aprendiendo”, completó Richard.

Desde entonces, “siempre demostraron que son muy buenos, que no hay barreras. Se integran en todos los proyectos, son excelentes alumnos, entendieron todo y fueron electos primero y segundo escolta de la Bandera nacional”, sintetizó el director Ascona.
Y el compromiso de inclusión educativa en el CEP 8 continúa. Este año se incorporaron otras tres estudiantes con hipoacusia a cursar primer año, siguiendo el camino que sembró la experiencia de los hermanos Boichuk.
En este caso, sigue el trabajo conjunto con la Escuela Especial 13, diseñando las planificaciones y definiendo contenidos prioritarios. “Las chicas son brillantes, son buenas alumnas”, valoró Ascona. Una de ellas recibió ese mismo día el premio al mejor promedio de su curso.
Día a día en la escuela
Además de planificaciones adaptadas y del compromiso escolar, el trabajo de Adelaida Fernández, intérprete de Lengua de Señas Argentina (LSA) fue fundamental para que Richard y Alan lograran el gran objetivo.
Fernández los acompañó durante los últimos tres años de cursado y forma equipo con Francisco, también intérprete de lengua de señas en el CEP 8. Para la profesional, la apertura del equipo de la escuela fue clave para alcanzar el éxito.
“Es la primera vez que puedo hacer una interpretación de tres años en un colegio secundario y pude aprender de cada docente, de las metodologías, cómo ellos adaptaron también sus contenidos en cada materia para todos por igual”, valoró la intérprete.
En el aula, comentó que los acompañó enseñando en clases y que el interés de los mismos compañeros de Richard y Alan hizo que muchas veces se facilitara la tarea. “Les dio muchísima autonomía, por ejemplo en los trabajos prácticos grupales, donde no necesariamente tenían que estar todo el tiempo con intérprete”, explicó.
El compromiso tampoco faltó por parte de los hermanos. “Todos estos años se levantaron tempranito, a las 5.30 de la mañana, para estar todos los días puntual, presentes acá en el colegio. Nunca faltan, así que son un ejemplo”, agregó Adelaida.
Para ella, la experiencia es un logro y una invitación para que otras personas con hipoacusia se animen a culminar sus estudios. “No hay límite, no hay barreras, las barreras son en la mente nomás. Se puede lograr, así que los invitamos a que vengan, que acá hay una apertura maravillosa”, aseguró.
Familia y amigos, infaltables
Teresa y Roberto Boichuk son los padres de Richard y Alan, que tienen otros dos hermanos mayores. La familia reside en la localidad de Colonia Alberdi, a casi 30 kilómetros de Oberá, por lo que además del desafío de la inclusión educativa, en el camino se enfrentaron con el esfuerzo económico para que los hermanos pudieran estudiar.
En un principio, Alan estudiaba en otra escuela donde la familia debía costear el trabajo de su intérprete, un gasto que más adelante no pudieron sostener junto al del traslado de Richard. Entonces, tomaron la decisión de que el mayor perdiera ese año de estudio y cursaran juntos en el CEP 8.
“En la familia todo es un esfuerzo para alcanzar un objetivo, para que ellos puedan lograr lo que están logrando hoy. Sus hermanos nos ayudaron muchísimo, ellos también eran los que les trasladaban”, contó Roberto.
La crianza también implicó aprendizajes. Teresa es docente y realizó un curso de LSA para poder comunicarse con los chicos y reconoció: “Aprendí mucho con ellos, cuando iban a la primaria me enseñaban algunas señas y, a medida que yo estudiaba con ellos le tomaba lo que tenían que hacer en las evaluaciones, entonces de esa manera también yo fui aprendiendo”.
Ese esfuerzo tomó forma en el egreso de los dos hijos más chicos y, a los padres que se encuentren atravesando situaciones similares, Roberto los invitó a que “no aflojen, que luchen por la educación de sus hijos, que si pueden hacer el esfuerzo lo hagan” y valoró que “hoy por hoy hay muchas alternativas y formas de ayudar a los chicos”.
Maitena, compañera de curso, contó que aprendió lengua de señas durante los fines de semana “para compartir con ellos y a la vez poder comunicar al curso cosas sobre las que tenían dudas o viceversa”.
Para la estudiante, la experiencia fue importante no solo porque le dejó aprendizajes que “me sirven para el futuro”, sino también porque “es el principio de algo que va a ayudar y va a ser muy lindo en la inclusión” de la escuela.
El futuro
Alan y Richard contaron que ya están inscriptos en el IPET de Oberá, donde el año que viene estudiarán carreras vinculadas a la administración. “Sé que va a ser bastante más difícil, pero con la ayuda de Dios voy a poder hacerlo”, aseguró Richard.
Como mensaje final, Alan consideró que “el hecho de integrarse o incluirse en un colegio” no es suficiente: hay que fortalecer la inclusión en el proceso educativo, porque “a veces cuando no están los soportes, (las personas sordas) dejan y no siguen sus estudios”.




