Todo en la vida se mueve en ciclos, el sol y la luna, las estaciones, la respiración, el latido del corazón, el florecer de las plantas, la expansión y el recogimiento del alma. Resistir estos ciclos es resistir la sabiduría de la vida misma; es desconectarse del pulso natural del Universo. Esto quiere decir que la influencia de ciertas condiciones en la Tierra y el cosmos, guía la conducta humana, la creatividad y la capacidad de evolución ya que estamos profundamente conectados a la naturaleza y al universo entero.
Al igual que la tierra, tu cuerpo está lleno de ciclos, algunos los puedes sentir como la respiración, este ciclo no para nunca y precisamente por ser un ciclo, puedes anclarte a él para volver a tu cuerpo y por tanto al presente, también puedes conectar con el latido de tu corazón y dejarte acunar por este ritmo imparable y tranquilizador. Con el ciclo circadiano todos tus órganos y células se organizan alrededor de un ciclo de 24 horas que se ha adaptado a la luz solar y a las horas de oscuridad. Las diferentes hormonas que recorren tu cuerpo, también tienen su propio ciclo hormonal y en las mujeres, el ciclo hormonal fluctúa cada 28 días.
Tu mente también funciona a través de ciclos, las emociones son energía en movimiento. En ocasiones, podemos sentir que hay ciertas etapas del año donde estamos más sensibles o donde es protagonista una determinada emoción. En ocasiones, hay ciclos en la vida, cada 5 o 10 años se producen ciertas situaciones en tu vida que te llevan a bucles de los que resulta difícil salir y llamamos a esas etapas crisis.
Todo en la vida son ciclos porque todo es energía y la energía vibra en una determinada frecuencia, creando esos ciclos mientras la mente quiere que todo sea lineal, constante, predecible pero el alma sabe que la vida es una danza en espiral. Hay momentos para sembrar y otros para cosechar. Momentos de movimiento y otros de quietud. Momentos para crear y momentos para simplemente ser.
Cuando ignoramos los ciclos, forzamos. Cuando los honramos, fluimos. A veces necesitamos menguar, para soltar. Otras veces necesitamos crecer, para expandirnos. Y en ambas fases, hay belleza pues vivir en armonía con los ciclos es escuchar al cuerpo cuando pide descanso, a la emoción cuando pide espacio, a la intuición cuando marca un cambio. Es no pelear con los cierres, porque sabemos que siempre preceden a un nuevo comienzo. Es permitirnos no saber y confiar en que todo se revela a su debido tiempo.
La sabiduría de la Tierra también habita en ti. Eres parte de una inteligencia mayor que pulsa a través de las mareas, del viento, del fuego interior. Escúchala. Respétala. Deja que tu vida se alinee con ese ritmo sagrado y descubrirás una paz profunda que no viene de controlar, sino de rendirte al fluir.
Nos vamos acompañando.
Karina Holoveski
Mujer Medicina-Chamana.
Whatsapp: 3765-110223








