El agua que cae del cielo es considerada por especialistas como un fertilizante natural, con propiedades que favorecen el desarrollo de las plantas y las vuelven más resistentes.
Aunque muchas personas prefieren resguardar las macetas en días lluviosos para evitar que se dañen, expertos aseguran que dejarlas bajo la lluvia es beneficioso. El agua pluvial contiene pequeñas cantidades de nitrógeno y minerales presentes en la atmósfera, fundamentales para el crecimiento saludable.

Nitrógeno
El nitrógeno es uno de los nutrientes esenciales para que las plantas se fortalezcan. Además, la lluvia suele tener una temperatura adecuada y un pH equilibrado, lo que facilita que las raíces absorban los nutrientes del suelo de manera más eficiente.
Otro de los aspectos destacados es que este tipo de agua penetra mejor en la tierra, alcanzando raíces profundas y logrando una hidratación más completa. De esa forma, los nutrientes se arrastran hacia abajo y pueden ser aprovechados al máximo por la planta.
Los efectos se notan rápidamente: tras tormentas intensas, el césped crece con mayor velocidad, las flores muestran mayor vigor y los árboles se observan más frondosos. Por todo esto, la lluvia no solo hidrata, sino que también nutre y estimula el desarrollo natural de cada especie.







