La roya asiática de la soja –RAS– es una enfermedad grave del cultivo de soja que acelera la defoliación y reduce su rendimiento. Es causada por el hongo biotrófico Phakopsora pachyrizhi, un patógeno que se reproduce por urediniosporas que se diseminan por el viento a grandes distancias reinfectando lotes cercanos. La RAS produce lesiones cloróticas y necróticas en las áreas infectadas, disminuye la capacidad fotosintética de la planta y reduce drásticamente su rendimiento, causando pérdidas de hasta el 80 % de la productividad.
En la Argentina, el NEA, el NOA y el Litoral son las regiones más afectadas por la RAS; mientras que, en Brasil, se reportaron pérdidas económicas estimadas en US$ 738 millones por año, a causa de esta enfermedad.
Entre las estrategias de control de la roya de la soja se destacan el control químico y el manejo de cultivo (vacío sanitario). El control químico mediante fungicidas continúa siendo un método efectivo y el más utilizado, sin embargo, resulta costoso y conlleva riesgos ambientales. Diversos principios activos son aplicados de 4 a 8 veces durante el ciclo de cultivo y su eficacia varía entre el 60 y 75%. Esta estrategia de control conduce a la aparición y propagación de mutantes del hongo que le otorgan resistencia. Estudios demuestran que la eficacia de los fungicidas está disminuyendo a una tasa anual cercana al 10 %.
El vacío sanitario es un período obligatorio en el que no se permite la siembra y cultivo de soja, utilizado como método de control de la enfermedad. Este vacío es aplicado en Paraguay (desde junio a finales de agosto) y en Brasil (regiones limítrofes con Argentina desde junio a finales de setiembre), estrategia que retrasa la llegada de la roya a Argentina registrándose los primeros casos en Misiones a principios de febrero y en Entre Ríos, Santiago del Estero, Salta a finales de ciclo a partir de mediados de marzo, según las condiciones ambientales predisponentes.
La alta tasa de reproducción del hongo conlleva a un aumento de mutantes con habilidad para evolucionar rápidamente, demostrada por el desarrollo de resistencia a los fungicidas. Esto conduce a suponer la potencialidad del patógeno para adaptarse a las condiciones ambientales de Argentina donde la disponibilidad de cultivares resistentes jugará un rol fundamental para prevenir importantes pérdidas económicas.
En este sentido, Adrián De Lucia -especialista en mejoramiento genético del INTA Cerro Azul, Misiones- destacó que “el material genético desarrollado, denominado Doncella INTA-JIRCAS será de gran utilidad para el suministro estable de soja y el incremento de la producción en Argentina y América del Sur, gracias a la disminución de pérdidas de producción debido a las enfermedades”.
Con un rendimiento promedio de 3.000 kilogramos por hectárea y un potencial de 3.900 kilos por hectáreas, Doncella INTA-JIRCAS posee alta calidad proteica, alrededor del 42%. Cabe destacar que Doncella INTA-JIRCAS es un material no transgénico, del Grupo de madurez V indeterminado, hilo amarillo y grano grande, de buen potencial de rendimiento y elevado porcentaje de proteína.
Asimismo, De Lucia explicó que “es altamente resistente a la roya asiática de la soja -Phakopsora pachyrizhi- con tres genes Rpps introgresados. Resistente a las razas 1, 3 y 17 de Phythophthora sojae y es moderadamente resistente al cancro del tallo -Diaporthe Phaseolorum Sp. Merid-, enfermedades que afectan al cultivo”.
Y agregó: “Esta innovación contribuirá a fortalecer la industria nacional de semillas para consolidar la seguridad alimentaria, el sostenimiento de la diversidad biológica en los cultivos y la diversificación de la oferta de germoplasma. Además, posibilitará nuevos aportes al conocimiento mediante el acceso a germoplasma mejorado como base para el desarrollo del sistema científico-tecnológico”.
Por su parte, Naoki Yamanaka, investigador senior de JIRCAS, expresó “llevamos mucho tiempo trabajando junto a INTA y como resultado hemos conseguido esta nueva variedad Doncella INTA-JIRCAS que está disponible para su adopción”, cerró.





