La familia de Eduardo Bernal, asesinado en un presunto caso de justicia por mano propia, asegura que los autores “no quieren que hablemos ni pidamos justicia”.
La casa está vacía. Apenas quedan rastros de la violencia que se hizo carne y muerte el martes 26 de diciembre de 2017. Esa noche, cerca de las 20, el excartero del Correo Argentino, Eduardo Lalo Bernal (55), fue atacado a golpes y patadas hasta la muerte en la vereda de su vivienda, sobre avenida Las Heras casi Eldorado.
Los vecinos, testigos de la tragedia, señalaron como responsables a cuatro hermanos: dos hombres de 23 y 27 años, quienes permanecen detenidos. Dos mujeres, de 25 y 38 años, también fueron apresadas pero liberadas ese mismo día, supeditadas a la causa.
Después del crimen la familia Bernal fue amenazada. Entonces, la inseguridad los obligó a tomar una decisión: Desalojamos la casa, sacamos a nuestra madre de allí porque nos dijeron que iban a incendiar la vivienda con ella adentro, manifestó Alcides Omar Bernal (62), hermano de la víctima. Lo que quieren es que no hablemos, que no pidamos justicia por nuestro hermano, precisó Alcides.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Ever (63), Graciela (59) y Alcides (62), hermanos de Eduardo Bernal, pidieron a la Justicia que los cuatro involucrados sean detenidos y condenados. No solo dos, pedimos que los cuatro paguen por la muerte de Lalo.
Los hechos
La trágica historia se inició alrededor de las 15 del 26 de diciembre, cuando un jubilado de 71 años domiciliado sobre calle Eldorado al 4.500 se presentó en la comisaría para denunciar la desaparición de su hija, de 34, quien sufre un retraso madurativo.
Los vecinos se organizaron y fueron puerta por puerta en busca de la mujer. Y concluyeron en la casa del excartero, quien desde hace más de cinco años residía en la vivienda junto a su madre, Nilda, de 85 años.
Llegué hasta la casa de don Lalo Bernal. Estaba alcoholizado, le pregunté a su madre quien pese a su problema de salud, me dijo que en la sala había una mujer mirando televisión, recordó la presidente de la Comisión Vecinal de la Chacra 80, Myriam Ortega (53). Cuando entró, se encontró con la buscada, por lo que rápidamente dio aviso a sus familiares.
Mi hermano estaba ebrio, él era alcohólico, tenía problemas con la bebida. Era rengo y le costaba caminar, explicó Ever Bernal. Los cuatro hermanos de la chica ingresaron a la vivienda y retiraron a su hermana. No sé qué les dijo la chica, pero desató la ira de sus hermanos. A mi hermano le pegaron con una silla y le abrieron la cabeza, describió Ever.
Ortega, quien fue testigo de los hechos relató: Nunca pensé que iba a desatarse toda esa violencia, porque ahí agarraron un sillón y se lo partieron por la cabeza. El asiento quedó todo achatado y con manchas de sangre del golpe. Después comenzaron a patearlo en el piso, sin piedad, por todo el cuerpo.
En un primer momento, las agresiones se detuvieron porque el yerno de Lalo llegó a la casa y le pidió a los cuatro hermanos que se retiren.
De acuerdo a Ever, los cuatro hermanos fueron a la comisaría Decimoséptima y denunciaron al excartero por abuso contra la joven hallada en su vivienda.
Golpeado hasta la muerte
Realizada la acusación los cuatro hermanos regresaron a la propiedad de Eduardo Bernal. Para eso, el yerno de Lalo se retiró de la casa y ellos entraron, forzaron el portón y llamaron a mi hermano. Él abrió la puerta y comenzaron a golpearlo de nuevo.
Aquello sucedió pese al intento de varios vecinos por calmar los ánimos. La casa fue prácticamente bombardeada a pedradas, se secuestraron 48 piedras, describió Alcides, quien agregó que los vecinos vieron pero nadie quiere hablar. No quieren contar qué pasó.
Sin embargo, para los Bernal todo está más que claro: Fueron cuatro y comenzaron las mujeres. Una fue la que le partió un sillón en la cabeza, se ve que el filo le lastimó. Lo golpearon sin piedad, la casa estaba repleta de sangre.
Los gritos de la madre de Eduardo, Nilda (85), se escucharon desde la vereda. Ella vio todo y no podía defenderlo, su propia vida estaba en peligro. Una viejita chiquita e indefensa, detalló Graciela. En medio del caos una vecina se interpuso. Myriam se enfrentó a los hermanos porque iban contra nuestra mamá y les dijo: Si la van a matar a Nilda me matan a mi primero’, explicó Alcides.
Graciela, fue la primera de los Bernal en encontrarse con la trágica escena. De inmediato llamó a sus hermanos. Llegué a los 15 minutos, recordó Alcides. Ya estaba el desastre. Mamá estaba sentada afuera, al lado de la iglesia, en un sillón. Ellos (por los sospechosos) estaban en la esquina, mirando.
Según Alcides, su hermano estaba acostado en la cama muriendo desangrado y toda la casa estaba cubierta de sangre porque se arrastró, se tiró al suelo, era impresionante. Solo dijo ‘agua, quiero agua’.
La seguidilla duró varias horas, desde las 21.15 del martes hasta entrada la madrugada. Efectivos del Comando Radioeléctrico debieron resguardar la zona y aguardar por la llegada de la ambulancia. No obstante, como el móvil sanitario tardó en llegar, Bernal finalmente fue trasladado por una empresa privada de asistencia médica.
En el Hospital Madariaga, profesionales de la salud constataron las graves lesiones que había sufrido el pensionado, quien acabó con traumatismo grave de cráneo. Pese al esfuerzo de los médicos, Bernal dejó de existir alrededor de las 2.50 del miércoles 27.
Eduardo era una persona indefensa, no tenía fuerzas. Y lo dejaron irreconocible, le destruyeron los testículos porque le pateaban con zapatos de punta de metal. Lo desfiguraron, fue un salvajismo terrible, manifestó Ever. Hoy, los tres hermanos solamente tienen preguntas hacia los responsables: necesitamos que nos respondan ¿por qué mataron a Lalo? ¿por qué se ensañaron tanto con él?.




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