La fiesta en todo México comenzó, pues según la creencia del pueblo, el primero de noviembre se dedica a los “muertos chiquitos”, los que murieron siendo niños; el día dos a los fallecidos adultos, pero también en algunos lugares del país creen que el 28 de octubre corresponde a las personas que murieron en un accidente y el 30 esperan la llegada de las almas de los “limbos” o de niños que murieron sin haber recibido el bautizo. Sea como sea, desde el 26 se unen todos los mejicanos, sin distinción de razas ni credos, pues hasta los de las tribus aborígenes se suman a esta pintoresca, colorida y hasta -para muchos-, un tanto tétrica celebración.En México vive desde hace muchos años Norma Ubaldi, quien fue mi compañera del colegio en el santa María, ella me cuenta que en estos días come “pan de muerto”, una especie de bollo que lleva formas de huesos. El pan es especialmente preparado para estas fechas y un condimento especial que lleva es el agua de azahar que ayuda a la comunicación con los muertos. Dicen que cuando llegaron los españoles se espantaron al ver cómo celebraban el Día de los Muertos, o de los Difuntos, y de los Santos; entonces intentaron cambiarlo, pero no fue mucho lo que se logró, pues en las tradiciones -más allá de lo pintoresco de las calaveras- todos creen que ese día los muertos tienen permitido regresar a la tierra, a sus hogares y entonces las familias hacen de todo para compartir la alegría de sus “visitas”. Con muchos colores, aromas, sabores, ofrendas de todo tipo, pues en los altares de las casas colocan generalmente lo que más le gustaba a sus muertos. Como las celebraciones comienzan ya el 26, todo es música, tambores, risas, en un ambiente muy amigable y de camaradería. Esta unión con la muerte hace que al menos en estos días se replanteen todos la unión del ser humano, pues al fin y al cabo todos seremos esqueletos en algún momento. Por eso visten ropas atractivas, se llenan de flores pero también muestran sus huesos, tanto mujeres como hombres. Norma, mi amiga confiesa que a donde no fue nunca es la gran celebración en los cementerios donde todas las familias pasan la noche. Pero sí “visito ofrendas en lugares públicos, que son como altares para las/los muertitas/os con toda la comida y bebida que les gustaba, fotos, adornos, etc. Eso hago. La gran fiesta es en los cementerios donde se pasa la noche, pero yo nunca he ido”.Actualmente, muchos turistas viajan a México para estas fechas y así vivir el Día de todos los Muertos de una manera muy diferente. PorRosanna [email protected]




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