El DC- 9-32 de Austral Líneas Aéreas tenía como destino el aeroparque Jorge Newbery de Buenos Aires, pero una tormenta en medio del viaje obligó a los pilotos a desviar la ruta. Los indicadores de la nave mostraron que perdía velocidad, por lo que aumentaron la potencia de los motores. Como no hallaron solución, se contactaron con la torre de Ezeiza y pidieron autorización para descender. No pudieron comunicarse y, por decisión propia, desplegaron los slats ubicados en las alas para iniciar el descenso. Éstos se desprendieron, el avión hizo un trompo y cayó a 1.200 kilómetros por hora en cercanías de la localidad uruguaya de Fray Bentos.




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