Casi todos hemos pasado en algún momento de nuestra vida por esas situaciones que nos gustaría enfrentar pero no sabemos bien cómo hacerlo porque tememos dañar la relación o a la otra persona.Este temor no nos deja hablar, quizás rumiamos y damos vuelta al asunto y decidimos dejar pasar, tragando lo que teníamos para decir.Quizás nos quejamos o realizamos comentarios con terceros, ya sea familiar o compañero de trabajo, pero ni se nos ocurre decirlo directamente, o bien, intentemos manipular a la persona de la que nos quejamos con el fin de lograr que haga aquello que queremos pero sin decirlo directamente.Estas situaciones son más habituales de lo que pensamos. Tememos a la confrontación y al conflicto porque no queremos dañar o sentir la tensión que implican las discusiones.En definitiva, lo que hace que el conflicto no nos guste es el modo en el que estamos habituados a resolverlo, porque, al no poseer herramientas para gestionarlos, las emociones suelen desbordarnos y , enojados, terminamos dando el mejor discurso del que nos arrepentiremos luego.¿Qué hacer entonces?Para toda negociación debemos prepararnos. Anne Dickson desarrolla un enfoque interesante que podría resumirse en tres preguntas para generar la propia reflexión, previa y preparatoria de estas conversaciones difíciles:1) ¿Qué está sucediendo?, es decir trataremos de responder a esta pregunta intentando identificar que ha estado o está haciendo la otra persona? o cual fue el comportamiento que nos molestó. Esto nos permitirá separar la persona del problema y evitaremos caer en la tendencia natural de la mayoría de las interacciones en las que se culpa al otro de lo que nos sucede y se lo etiqueta: es que es tonto, egoista, retorcido, quejoso, etc…. La respuesta a esta pregunta tiene que arrojarnos algo concreto con lo cual trabajar.2) ¿Qué siento al respecto? Al contestar esta pregunta intentemos centrarnos en nuestros sentimientos por encima de los pensamientos. Es elemental descubrir lo que sentimos para evitar caer en la polarizante situación de "quien tiene la razón". La idea es identificar el sentimiento y escribirlo o hacerlo consciente a fin de no de no identificarNOS con él para evitar actuarlo. Mientras lo nombramos se va neutralizando el efecto que provoca y podremos seguir centrados en nuestro objetivo y en calma.3) ¿Qué quiero que sea diferente? La respuesta a esta pregunta nos permitirá transformar la queja en un comentario constructivo o una solicitud. Esta tercer respuesta nos desafía a ser sinceros respecto a si solo queremos criticar a alguien para justificar nuestras quejas o si estamos sinceramente interesados en gestionarlo de una manera productiva.La elección es nuestra. El camino hacia la paz comienza por cada uno de nosotros. Colabora: Valeria [email protected] 3764510132





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