Señora Directora: Durante años se pregonó que “los privilegiados son los niños” y hoy vemos una triste realidad, producto de la fantasía de las promesas incumplidas que generaron un resultado negativo y muy preocupante. La falta de educación y disciplina, tanto en el seno del hogar como en los establecimientos escolares, han sido la causa principal del desvío de la conducta, del comportamiento, del “mundo de la niñez” de la gran mayoría de los niños, los cuales actúan de acuerdo a lo que ven y escuchan en su entorno, pues entonces nada tienen de culpa por cierto.Un niño en su desarrollo y crecimiento debe estar acompañado por sus progenitores, por sus educadores. Debe disfrutar esos primeros años de inocencia e ingenuidad para evitar traumas y problemas sicológicos, los cuales aparecen muchas veces a causa de los conflictos generados en su hogar y por la falta de control de quienes son responsables de su crianza, que no siempre son mamá y papá como modelo de familia.Por cierto, los divorcios han traído muchísimos inconvenientes en la sociedad, porque son los niños los que sufren los efectos del distanciamiento de sus padres y luego deben aceptar que se han formado dos nuevas parejas, sin saber a ciencia cierta ¡qué pasó con la que lo trajo al mundo!No seamos hipócritas y aceptemos la realidad que al formalizar una relación de pareja, para así comprometernos de traer hijos al mundo, es lo más importante que nos sucede en esta vida. Ahora bien, si no estamos convencidos o no queremos aceptar ese compromiso, deberíamos evitar el futuro problema del cual seremos responsables inexorablemente.No alcanza con festejar un día, una semana, un mes dedicado al niño, porque el niño es niño sólo unos pocos años y se merece la atención todos los días.En los últimos años se impuso la tecnología, lo que distrajo al niño alejándolo de su capacidad de soñar, inventar, armar, jugar a las bolitas, remontar un barrilete, ensuciarse en el barro jugando en días de lluvia, entretenerse con distintos juguetes y compartiendo con otros niños de su edad.A propósito, “los exagerados precios de los juguetes” no permiten –en muchos casos- que los padres puedan darles el gusto y la alegría a sus hijos, lo que también juega en contra de la felicidad del niño.Por último, muchos padres dan prioridad a su actividad deportiva o de ocio, dejando de lado a sus hijos.




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