Desde el comienzo todo fue para ella barreras.Su niñez fue un dominio de tablas y ventanas, de pozos rasguñados de ojos cerrados a otra vida de ropas raídas, de codo al aire. Caminó desnuda a tintas oscuras caminos de soledad. Sólo la impulsaba el deseo de pan fresco, de olor a limpio, de una larga e imaginada libertad.Le tocó también la muerte, se abrieron más ante ella los profundos de la ausencia. Se miró las manos sólo le quedaba un ramillete de flores silvestres, una muñeca de trapo y la tierra removida de la tumba de su madre.Abandonó el pueblo en silencio.Dejó atrás los viejos dolores enterrado y partió. Emigró buscando a tientas, sin saberlo, un cielo abierto, un prado verde, un rostro amigo, una mano tendida. Barrotes otra vez. Cuando quiso caminar la detuvieron, acallaron sus palabras, amordazaron sus gritos, ahondan aún más sus heridas. Solo le permitieron llorar su llanto de pena y barro.Un día escuchó el canto de las sirenas, le susurraron promesas y esperanzas. Resurgió del abismo y de las lágrimas. Todo fue pasajero, pobre candorosa.Cayó con lo que era un triste pájaro herido por el tiro certero de un cruel cazador y como un relámpago la amarga realidad la fulminó. Ahora nuevamente el encierro, las barreras y los barrotes.Las manos desgarradas que se alargan implorando inútilmente, una vez más piedad sus alas, tempranamente rotas, han quedado prendidas para siempre entre las rejas, tras las cuales, no hay ya esperanzas para ella, sólo un jardín abandonado, un hueco infinito, abismo de lágrimas, de pan y barro, de barro y pan.HaikuMirada fija:agazapado el cuerpoante el peligro.Colabora: Aurora Bitó[email protected]




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