Una taza de mate cocido con un poco de leche y una porción de pan o galletitas es lo que desayunan la mayoría de los chicos misioneros en los comedores escolares. No es muy distinto el desayuno que los chicos toman en sus casas. Esta situación se repite en todo el país y es motivo de alarma del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea). Desde ambas instituciones impulsan la universalización del desayuno en los comedores escolares de todo el país para garantizar su calidad “que contenga leche, que no abunde en grasas ni azúcares y que introduzca frutas”.Según Cepea, el 80% de los niños argentinos desayuna mal. El déficit afecta a quienes desayunan en sus casas y a los 4,6 millones de chicos que lo hacen en la escuela (el 52% del total).“La alimentación escolar profundiza la malnutrición infantil, el problema nutricional más grave que tenemos hoy”, aseguró el director del Cepea, Sergio Britos. Según la Encuesta Mundial de Salud Escolar, un 34,5% de los chicos argentinos presenta sobrepeso. Y el 22,4% de los niños pobres tiene dietas deficitarias en nutrientes esenciales, lo que impacta en su desempeño cognitivo. “En la pobreza, comer mal es el principal problema alimentario, mucho más que no comer”, señala Britos.Poca leche, mucho azúcar y ninguna frutasSegún Cepea, el desayuno escolar da infusiones con poca leche y mucho azúcar. En promedio, se brinda a cada chico 100 cm3 de leche, cuando debería ofrecerse como mínimo 200. Además, los niños consumen sólo en la escuela (principalmente en el desayuno) el equivalente a la cantidad de azúcar que deberían ingerir en todo el día. Así, la escuela no refuerza los nutrientes deficitarios y, por el contrario, acentúa los que deben limitarse (azúcar, sodio y grasas).Deuda pendiente Según aseveraron la directora y el asistente del Programa de Protección Social de Cippec, Gala Días Langou y José Florito, “en la Argentina tenemos una discusión sin saldar acerca de los servicios de alimentación escolar. La alimentación saludable es, además de un derecho humano reconocido en instrumentos internacionales, un requisito indispensable para el crecimiento y el aprendizaje. A pesar de esto, en Argentina la incidencia de la malnutrición se extiende entre los niños y niñas en edad escolar: aunque la desnutrición aguda está por debajo del 5%, el sobrepeso y la obesidad están mucho más extendidos (34,5% de los niños de 13 a 15 años presenta sobrepeso)”.En este contexto, los servicios alimentarios escolares se perfilan como un espacio de enorme potencial para mejorar la nutrición infantil y promover hábitos alimentarios más saludables. Según últimos datos disponibles, el 52% de los alumnos de escuelas estatales (4,6 millones de niños en 2013) desayunan o meriendan en la escuela, mientras que 22% almuerza (1,5 millones de niños). Los comedores escolares, que dependen de las provincias, manifiestan una gran heterogeneidad en la calidad de sus prestaciones. La inversión es insuficiente, la asignación no se basa en criterios objetivos y la administración suele caer en los directores, sobrecargándolos y dejándoles poco tiempo para tareas pedagógicas. Además, según advirtieron desde Cippec y Cepea “se desaprovecha el momento de la comida como espacio pedagógico para reforzar prácticas y hábitos saludables”.La propuesta presentada por Cippec y Cepea plantea la necesidad de que el Ministerio de Educación de la Nación universalice el servicio de desayuno en las escuelas (para todos los alumnos del Nivel Inicial, primaria y secundaria de escuelas públicas), dada la vital importancia del desayuno para facilitar el aprendizaje, y la falta de hábito de esta práctica entre los escolares argentinos. Almuerzo El almuerzo que se sirve en las escuelas no es de mejor calidad nutricional. Predominan los guisos con fideos o arroz, papa y carne. Y faltan los mismos elementos que son infrecuentes en la dieta hogareña: frutas, verduras, legumbres y lácteos. Al respecto, Cipecc y Cepea recomendaron que la asignación para el almuerzo debería basarse en criterios nutricionales, socioeconómicos y educativos, focalizando la prestación por alumno y no por escuela. Además, remarcaron que es fundamental “que los perfiles encargados de hacer las compras, manipular los alimentos y servir a los estudiantes estén formalizados y capacitados para estas actividades”. Indicaron que es necesario que la alimentación escolar debe resaltar el componente pedagógico de las buenas prácticas alimentarias, instrucción a cargo de docentes a los que se les debe pagar un plus salarial por esta tarea. Al mismo tiempo, la regulación de los kioscos escolares, la libre disponibilidad de agua y la promoción de la actividad física son tres pilares fundamentales para la construcción de un entorno alimentario saludable.





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