Señora Directora: Quizás, como nunca, la periódica emergencia de múltiples casos de dengue en la región y que vienen observándose en aumento año a año, deja en clara evidencia el impacto al medio ambiente que en materia sanitaria tienen las grandes represas hídricas tropicales o subtropicales como Yacyretá, Itaipú y otras múltiples en la región, particularmente en Brasil. Muestran además la hipocresía e irresponsabilidad con que se han desempeñado los gobiernos que las encararon y, en especial, quienes tuvieron responsabilidad directa en esas mega obras, negando sistemáticamente toda sospecha sobre algún impacto ecológico negativo por ellas.Desde fines de los 90 el dengue se volvió una realidad de salud que hoy podría caracterizarse como endémica en el nordeste argentino, así como en Paraguay y Brasil, por su recurrencia anual y porque la situación sanitaria es cada vez peor, aunque las autoridades eviten reflejar con claridad esas alarmantes estadísticas. Ahora, por ejemplo, Salud provincial reconoce la existencia de más de 1.800 casos en Misiones –podrían ser muchos más-, pero no hace diferencias entre los de diagnóstico positivo de los sospechosos, englobándolos en una misma bolsa con el propósito, tal vez, de que en la confusión quede amortiguado el verdadero alcance de la epidemia (afortunadamente ya se dejó de lado el eufemismo de “brote” epidémico).Por otra parte, desde el gobierno las medidas preventivas que se adoptan aparecen como forzadas por una realidad desbordante, aunque previsible en razón del comportamiento de la zoonosis en los últimos años. Y sin desvalorizar las acciones encaradas como descacharrizaciones, desmalezamientos o algunos tímidos saneamientos en arroyos internos y periféricos a la ciudad, a veces da la impresión de que, en pleno enero, siguiera esperanzándose en los primeros fríos que pudieran poner en jaque al Aedes eagypti, esperando que la naturaleza juegue su papel en ese equilibrio que el hombre insiste en quebrar con sus obras.Es cierto también que en esta temporada ha tenido un enorme impacto el fenómeno de “El niño”, generando lluvias excepcionales que complicaron aún más un panorama ya de por sí ferozmente alterado por la presencia de las grandes represas hidroeléctricas y donde el escurrimiento de las aguas tienen un papel trascendental. Ese aumento extraordinario del volumen hídrico en un terreno ya predispuesto por el impacto del enorme lago de Yacyretá en el río Paraná y sus afluentes, multiplica exponencialmente los espejos de agua capaces de convertirse en criaderos para los mosquitos que serán vectores de los virus del dengue, la chikungunya y el zika, que en esta región son mayoría en la población de estos flebótomos.Quizás, aquí quepa recordar que los mosquitos, en sus múltiples variedades, son los principales depredadores de humanos de la Tierra y responsables de miles de cientos de muertes cada año por las diversas enfermedades de las que son vectores. Aunque su cotidianidad no les da la imagen de temor y de precaución que generan otros animales que conforman el imaginario de miedo y terror de las peores pesadillas (víboras, arañas, tiburones, grandes felinos, entre otros).El dengue ya es una lamentable realidad en Misiones y la región, por la irresponsabilidad de autoridades que minimizaron el impacto ambiental de las represas y por otros factores que también han modificado nuestro hábitat y nuestro clima (deforestaciones, urbanizaciones, cultivos intensivos, etc.). Debemos redoblar nuestros esfuerzos para prevenirlo y combatirlo –así como de las otras zoonosis que ya nos amenazan-, y evitar volver a caer en nuevos errores que se justifican en nombre del progreso o del bienestar económico.




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